Cómo los árboles pueden hacer que nos olvidemos del petróleo para fabricar plásticos

Guillermo Guiter
Guillermo Guiter REDACCIÓN

ASTURIAS

La investigadora asturiana e ingeniera química Paula Rapado
La investigadora asturiana e ingeniera química Paula Rapado Creative Works

Una investigadora asturiana ha desarrollado un trabajo que utiliza residuos forestales para producir plásticos con aplicaciones prácticamente idénticas a los derivados del petróleo

01 dic 2025 . Actualizado a las 10:02 h.

Pese a la imagen tópica de un país seco, llano y un tanto desangelado que a veces manejan nuestros vecinos europeos sobre la península Ibérica, España es un país considerablemente montañoso y arbolado. De hecho, más de la mitad de su superficie es verde; y en mayor medida en Asturias. El último Inventario Forestal Nacional contabilizaba que el 73% de la superficie asturiana, es decir, unas 750.000 hectáreas, corresponde a uso forestal, bastante por encima del 55% nacional.

La biomasa —y ojo a este término, que es la clave de la cuestión— de España suma alrededor de 1.000 millones de metros cúbicos (683 en biomasa arbórea) de los que el mayor volumen lo atesora Navarra, seguida de A Coruña y, en tercer lugar, Asturias. Hasta aquí nada excesivamente novedoso; basta con salir un poco de cualquier ciudad del Principado para perderse en una exuberante masa boscosa.

Y ahora viene el potencial. Pongamos cifras. La Fundación Asturiana de la Energía (FAEN) estimaba en 2020 que la comunidad podría ser capaz de generar 450.000 toneladas de biomasa forestal al año; y en este caso se trata tanto de la industria maderera como procedentes de poda, recogida de hojas, etc. Para hacerse una idea, un edificio de seis plantas pesaría unas 25.000 toneladas, es decir, una dieciochoava parte de ese potencial.

En este contexto, es muy importante la valorización de la biomasa, que actualmente se utiliza sobre todo para producir energía en calderas de combustión y también para el compostaje, que genera abonos orgánicos de calidad. Y no solo eso, sino que el posible uso en otros campos, como la sustitución de los combustibles fósiles por residuos forestales en la producción de bioplásticos está cada vez más cercano.

Una investigadora asturiana, la ingeniera química Paula Rapado, acaba de ganar el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en Economía Circular que concede la Cátedra Cogersa de la Universidad de Oviedo con un trabajo que, precisamente, usa residuos forestales para la producción de plásticos que tienen una aplicación prácticamente igual al que todos conocemos y que proviene del petróleo. Y no necesitaría un cambio drástico en la industria que los fabrica. El trabajo se titula Obtención de monómeros de biopolímeros a partir de biomasa residual, en el programa de doctorado de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente, bajo la tutoría de Salvador Ordóñez y Laura Faba.

Paula Rapado explica que su investigación se ha centrado en la síntesis de plásticos de origen renovable mediante el aprovechamiento de residuos lignocelulósicos para la obtención de un compuesto casi impronunciable, el ácido 2,5-furandicarboxílico (FDCA), clave en la síntesis de furanoato de polietileno (PEF), el cual puede sustituir al conocido PET «e implantarse en las cadenas productivas actuales sin modificaciones ya que posee unas características físicas similares y más favorables». Este enfoque, señala Rapado, «permite cerrar el ciclo de vida de los plásticos al sustituir recursos fósiles por materias primas renovables y residuos, fomentando la valorización de subproductos de origen vegetal».

Una de las novedades más importantes en el proceso, que está en fase de laboratorio pero podría escalarse a su uso industrial, es que aprovecha no sólo la celulosa, que compone el 60% de la biomasa forestal, sino también la hemicelulosa, que representa el 30% (el 10% restante es lignina), con lo cual el rendimiento sería considerablemente mayor.

La investigadora asegura que el proceso« promueve una producción más limpia, el uso eficiente de recursos, la reducción de residuos y la sustitución de materiales vírgenes, elementos esenciales en la transición hacia un modelo circular en la industria química». Los plásticos producidos, además, se pueden recuperar y reciclar más de una vez.

Claro que, al final, se transforma biomasa en otra cosa que ya no lo es. Y ¿qué dicen los expertos de esto? Según informes internacionales y de la Agencia Europea del Medio Ambiente, se considera que los gases de efecto invernadero emitidos por la combustión o biodegradación de biomasa procedente de residuos no se debe contabilizar, puesto que anteriormente fue capturado por los organismos vivos, y por tanto pertenece a un ciclo neutro de carbono. Por lo tanto, se considera que tiene un factor de emisión de cero.

Sea como sea, los científicos están de acuerdo en la urgencia del fin del uso de combustibles fósiles, sobre todo en cuanto a la producción de plásticos. Y una de las soluciones puede estar aquí, sin salir de Asturias.