Marina Morato, nutricionista oncológica en la AECC: «La alimentación desempeña un papel esencial durante el tratamiento del cáncer»
ASTURIAS
Los tratamientos oncológicos pueden alteran el estado nutricional de los pacientes. Comer porciones pequeñas pero frecuentes, recurrir a texturas suaves, elegir alimentos a temperatura fría o templada, evitar olores y sabores intensos o beber líquidos lentamente y fuera de las comidas puede ayudar a disminuir la intensidad de los efectos secundarios
08 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La nutrición desempeña un papel fundamental en el abordaje integral del cáncer. Una alimentación adecuada puede ayudar a mejorar la tolerancia a los tratamientos, mantener la fuerza y la energía, y favorecer la recuperación. Es por ello que cada vez más pacientes buscan asesoramiento especializado para adaptar su dieta durante los procesos oncológicos.
En la Asociación Española Contra el Cáncer tienen claro lo importante que es la alimentación cuando se lucha contra el cáncer y facilitan ese asesoramiento. Marina Morato es la coordinadora nacional de nutrición en la AECC y como experta en nutrición clínica y oncológica explica en la entrevista concedida a La Voz de Asturias cómo puede ayudar la alimentación antes, durante y después del tratamiento, además de desmontar algunos mitos frecuentes sobre este tema.
—¿Qué papel juega la alimentación en el tratamiento y recuperación de las personas con cáncer?
—La alimentación desempeña un papel esencial durante el tratamiento del cáncer. Una alimentación adecuada permite mantener un buen estado nutricional y esto es crucial porque ayuda a tolerar mejor los tratamientos, reducir el riesgo de complicaciones, favorecer la cicatrización, mantener la fuerza y la energía necesarias para afrontar el proceso y contribuye a paliar muchos de los síntomas y efectos secundarios relacionados con las terapias administradas. Además, un estado nutricional óptimo se asocia con una mejor respuesta a los tratamientos, menor toxicidad, menos ingresos hospitalarios y una recuperación más rápida tras cada ciclo o sesión. En conjunto, la alimentación influye de manera directa en el pronóstico convirtiéndose en un pilar fundamental del cuidado integral durante la terapia oncológica.
—Durante los tratamientos oncológicos, como la quimioterapia o la radioterapia, muchos pacientes sufren pérdida de apetito, náuseas o alteraciones del gusto. ¿De qué manera se pueden afrontar y minimizar estos efectos secundarios?
—Los tratamientos oncológicos pueden provocar efectos secundarios que alteran el estado nutricional al afectar tanto a la ingesta como a la asimilación de nutrientes, por ejemplo, la pérdida de apetito, las náuseas o las alteraciones del gusto, son de los más frecuentes, con un impacto directo en la alimentación diaria. Para hacer frente a estas molestias, existen diversas pautas y estrategias que, adaptadas a cada síntoma, pueden ayudar a disminuir su intensidad y mejorar la tolerancia al tratamiento. Algunas de las más útiles son comer porciones pequeñas pero frecuentes, elegir alimentos a temperatura fría o templada, evitar los olores y sabores intensos, beber líquidos lentamente y fuera de las comidas, o recurrir a texturas suaves como cremas, purés o yogures, entre otras recomendaciones personalizables según la tolerancia de cada persona.
Adaptaciones dietéticas individualizadas
—¿Es necesario seguir una dieta especial durante el tratamiento o basta con mantener una alimentación equilibrada?
—En primer lugar, es importante aclarar qué entendemos por «dieta». La dieta es, simplemente, el conjunto de alimentos y bebidas que consumimos a lo largo del día, por lo que no existe una única dieta válida para todas las personas durante el tratamiento oncológico. En la mayoría de los casos, es suficiente con mantener una alimentación variada, equilibrada y ajustada a los síntomas que puedan ir apareciendo. Sin embargo, pueden darse situaciones que requieren modificaciones más específicas, como cuando existen dificultades para deglutir los alimentos, pérdida de peso acelerada o problemas digestivos derivados del tratamiento. En estos casos, es fundamental que las adaptaciones dietéticas sean individualizadas y estén supervisadas por un dietista-nutricionista clínico especializado en oncología para asegurar que se cubren las necesidades nutricionales sin generar carencias.
—¿Qué alimentos o nutrientes considera más importantes para ayudar al organismo a tolerar mejor los tratamientos?
—No existe un único nutriente o alimento que sea más importante que el resto, ya que todos cumplen funciones esenciales para que el organismo pueda funcionar correctamente. Sin embargo, durante el tratamiento oncológico es especialmente relevante asegurar que se consumen proteínas de calidad (pescado, huevos, lácteos, carnes magras, legumbres), necesarias para mantener la masa muscular y favorecer la reparación de tejidos; alimentos energéticos (cereales, aceite de oliva, frutos secos) que aportan las calorías suficientes para cubrir las necesidades aumentadas del organismo; frutas y verduras, según la tolerancia digestiva, que proporcionan vitaminas, minerales y antioxidantes; alimentos ricos en fibra cuando no exista diarrea ni irritación gastrointestinal, para favorecer el tránsito intestinal; una adecuada hidratación, fundamental para evitar la deshidratación, especialmente en presencia de vómitos o diarrea. En conjunto, la prioridad es cubrir las necesidades de energía, proteínas y micronutrientes para ayudar al cuerpo a tolerar mejor los tratamientos y mantener un buen estado nutricional.
—En los últimos años se está hablado mucho de dietas «anticáncer». ¿Existen realmente alimentos que prevengan o combatan el cáncer, o se trata más bien de un enfoque global de hábitos saludables?
—No, no existen las dietas «anticáncer». Ningún alimento ni ningún tipo de dieta puede, por sí solo, prevenir, curar o frenar el cáncer. Es cierto que algunos alimentos contienen sustancias con propiedades beneficiosas, como los antioxidantes presentes en frutas y verduras, pero esto no significa que consumirlos en mayor cantidad evite o cure la enfermedad. Lo que realmente marca la diferencia es el conjunto de la alimentación y del estilo de vida, es decir, un patrón saludable y sostenido en el tiempo es lo que contribuye a reducir el riesgo de desarrollar diversas enfermedades, entre ellas el cáncer. En definitiva, no son nutrientes ni alimentos aislados, sino el estilo de vida completo (alimentación equilibrada, actividad física, evitar tabaco y alcohol, controlar el peso corporal, etc.) lo que tiene un verdadero impacto en la salud.
—Algunas personas tienden a eliminar por completo determinados productos o alimentos (como pueden ser el azúcar, la carne o los lácteos) durante la enfermedad. ¿Qué opina de este tipo de restricciones?
—Seguir dietas muy restrictivas o eliminar alimentos o grupos completos puede ser perjudicial durante el tratamiento oncológico, ya que aumenta el riesgo de carencias nutricionales, pérdida de masa muscular y desnutrición, lo que dificulta la tolerancia y eficacia de los tratamientos. Por eso, eliminar alimentos sin indicación profesional no es recomendable. Además, muchas de estas restricciones surgen de desinformación, bulos o mitos, por lo que solo deben aplicarse si un dietista-nutricionista especializado en nutrición oncológica lo considera necesario. En el caso del azúcar, aunque las células tumorales utilicen glucosa, no existe evidencia de que consumirla acelere el crecimiento del cáncer ni de que eliminarla lo frene. Y, en cuanto a la carne y los lácteos, a menudo se restringen porque se cree que contienen hormonas que podrían favorecer el cáncer, pero en la Unión Europea está prohibido el uso de hormonas para estimular el crecimiento del ganado, y las pequeñas cantidades que contienen de forma natural se desactivan durante la digestión.
Apoyo en la planificación y preparación de las comidas
—¿Qué recomendaciones daría a las familias o cuidadores para planificar menús que sean nutritivos y apetecibles para los pacientes?
—Durante el tratamiento oncológico, el cuidado nutricional se convierte en una parte esencial del acompañamiento al paciente. Como hemos comentado, la alimentación no solo aporta energía y nutrientes, sino que también puede mejorar la tolerancia a los tratamientos y favorecer el bienestar diario. Por ello, el papel de las familias y cuidadores es clave ya que su apoyo en la planificación y preparación de las comidas puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de las personas que atraviesan el proceso. Como consejos prácticos se pueden señalar: priorizar los gustos de la persona con cáncer, incluso si cambian día a día; tener opciones listas para comer cuando aparece el apetito; presentar porciones pequeñas y atractivas e, incluso, utilizar platos muy grandes para que la ración parezca más pequeña; incluir alimentos más energéticos y proteicos pero con volumen pequeño (aguacate, frutos secos, queso, huevo); adaptar texturas y sabores según los síntomas e indicación profesional; mantener una buena hidratación, ofreciendo diferentes líquidos (leche, bebidas vegetales, infusiones, agua con limón, agua con menta, etc.); y no forzar la comida: la suavidad y la paciencia ayudan más.
—¿Cómo influye el estado emocional en la alimentación durante un proceso oncológico?
—El estrés, la tristeza, la ansiedad o el miedo, entre otras emociones, pueden afectar el apetito, la digestión y el interés por la comida. Además, la alimentación es un acto social, por lo que el estado anímico influye mucho. Un buen apoyo psicológico favorece una mejor relación con los alimentos y mejora la adherencia a las recomendaciones nutricionales.