La prohibición de las redes sociales a menores podría trasladarse a España «si hubiera intención real»
ASTURIAS
Expertas de la Universidad de Oviedo celebran la ley aprobada recientemente en Australia que limita el acceso hasta los 16 años, que es «coherente con todas las restricciones que se les hacen a los menores»
14 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Australia acaba de lanzar una ley que prohíbe que menores de 16 años tengan cuentas en redes sociales. La norma, pionera en el mundo, obliga a las plataformas a verificar la edad y las sanciona con multas muy elevadas si no cumplen con sus exigencias. No se penaliza ni a familias ni a menores. Esta noticia ha sido muy bien recibida en Asturias. Expertas de la Universidad de Oviedo están de acuerdo con que las restricciones son necesarias, si bien señalan que está por ver cómo se aplicará la ley.
En cuanto a si se puede hacer en nuestra región algo parecido, la profesora de Ciencias de la Educación de la Universidad de Oviedo Soraya Calvo lo ve «complicado», porque a nivel autonómico falta operatividad. En España, sin embargo, podría hacerse «si hubiera intención real». En cualquier caso, lo más relevante de la ley australiana, en opinión de Calvo, es hacia quién apunta. «La ley, tal y como está planteada, es muy pionera; es un avance que no se centre tanto en la penalización de las conductas de los adolescentes como en que las empresas pongan los mecanismos para que los menores no hagan cuentas». Dicho esto, cree que «llega tarde», porque «los efectos del impacto de las redes sociales ya superan las propias redes sociales, y están muy inmersos en la cultura, en las dinámicas de consumo y los patrones culturales».
La adicción a las redes sociales no existe desde el punto de vista diagnóstico, aunque sí se dan situaciones muy parecidas a los juegos de azar, lo que en inglés se conoce como «gambling». La profesora de Psicología de la Universidad de Oviedo Ana González, considera que la prohibición «tiene todo el sentido» porque es «una protección coherente con todas las demás restricciones que se hacen a los menores; las sociedades siempre han impuesto límites a los menores porque todavía no tienen capacidad ni juicio ni autonomía: no pueden conducir ni manejar armas, no pueden trabajar y los juegos de azar están prohibidos por ley». Respecto a las redes, sostiene que «no podemos negar el impacto psicológico tremendo de las redes sociales en usuarios con uso más empedernido y activo: son los más vulnerables».
La psicóloga advierte dos tipos de efectos. «Uno es el empeoramiento de problemas que venían de antes, como la ansiedad y la depresión, teniendo claro que las redes sociales no son la causa en absoluto si no problemas que hay que enmarcar en un contexto mayor, el contexto social y cultural actual, donde lo que predomina es el individualismo y el narcisismo». En este sentido, las redes sociales «no hacen sino exacerbar esos problemas». Hay cierta «apoteosis del yo, ya no sabemos hasta dónde podemos llegar para sorprender a otros».
Otro problema que se está viendo es la identificación con un buen número de trastornos. «Ahora los jóvenes tienen una tendencia a identificarse y glorificar trastornos que son raros en el sentido estadístico». Un ejemplo es el Trastorno de Identidad Disociativo (TID), lo que antes se conocía como personalidad múltiple. Es un trastorno, que según Ana González, «antes apenas se veía y ahora adquirió de repente notoriedad, y un montón de jóvenes se autodiagnostican con TID, como neurodivergentes o con TDAH» (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad). Es una manera novedosa que tienen «de expresar emociones negativas extremas; ahora, en vez de estigmatizarse les hace sentir parte de comunidades virtuales». Esto, sostiene la psicóloga, está especialmente vinculado a las redes sociales.
Con esta dinámica de las redes tan arraigada, cabe esperar que haya picaresca de los adolescentes para sortear las restricciones. «Siempre que hay una ley de este tipo se busca cómo saltarla, es una dinámica social bastante habitual», sostiene Soraya Calvo. Por eso, a su juicio, es tan importante poner el foco en las empresas. Algo que, a su vez, no deja de ser problemático. Por ejemplo, en torno a la protección de datos. Para controlar el acceso de los mayores de 16, éstos deberán identificarse, con lo cual pondrán en manos de las empresas información sensible que podría utilizarse con objetivos mercantiles que pueden no ser éticos. Es necesario, según la profesora, saber qué se va a hacer con toda esa información.
Y hay otra cuestión importante que pone sobre la mesa. Que la ley «no puede solo estar basada en la prohibición; también tiene que haber propuesta de intervención con los menores y, por supuesto, con las familias, porque aunque muchos se quejan de las redes sociales, dejan que los menores accedan a los móviles y las tablets desde que tienen tres años». Entonces, la normativa debe estar acompañada de divulgación y formación de familias y profesores. Y en cuanto a las empresas que gestionan las redes, Soraya Calvo considera que la normativa solo funcionará si es «dura y cruda» con ellas. «Si decimos que vamos a poner multas cuantiosas y no se hace, estamos igual».
«A lo mejor, sin ir tan lejos con quitar los likes ya ganaríamos muchísimo. Porque están pensadas como las tragaperras, ofreciendo recompensas inmediatas que hacen que las conductas sean compulsivas»
La razón de poner el foco en las grandes empresas está en que «son las que controlan los datos, los accesos y los algoritmos, y está demostrado que esta actividad impacta en la salud mental y emocional de los menores; esas empresas saben lo que provocan en los menores y, aun así, lo siguen manteniendo», señala Calvo. Otra cuestión importante es aplicar la ley de manera equitativa. Podría ser que impactase más a personas con pocos recursos y que determinadas clases sociales con mayor poder adquisitivo lo tuvieran más fácil para sortearla. En caso de que se diera esta situación, la ley fracasaría, porque «generaríamos guetos; tiene que ser a toda la población, y si es así estaremos generando un impacto positivo», concluye Soraya Calvo.
Lo que nadie pone en duda es que las redes sociales están pensadas para que los consumidores las usen de forma masiva, y eso es algo que, en opinión de Ana González, habría que restringir. «A lo mejor, sin ir tan lejos con quitar los likes ya ganaríamos muchísimo. Porque están pensadas como las tragaperras, ofreciendo recompensas inmediatas que hacen que las conductas sean compulsivas, y además favorecen la comparación social. De ahí esa manía por hacerse selfies. Buscas tu imagen preferida y quieres asimilarla a la real; y te ves atrapado en esa búsqueda. Las redes están hechas teniendo en cuenta las leyes de la conducta, diseñadas para atrapar».
Uno de los términos que más aparecen asociados a las redes es la palabra inglesa Fomo (Fear Of Missing Out), el miedo a perderse algo, a no estar donde está todo el mundo, siquiera de forma virtual. Eso provoca también mucha compulsión. Y una de las consecuencias más nocivas es una paradoja: «a pesar que se llama red social, lo que induce cuando abusas de ella es justo lo contrario: soledad, desconexión o falta de conversación; ves a muchos jóvenes que están solos juntos, mirando cada uno su smartphone». La red social siempre ha sido una red de apoyo, que además presenta mejor pronóstico para la salud mental, pero en internet ocurre todo lo contrario. «Podemos hablar del siglo XXI como el siglo de la soledad; y buena parte de la culpa la tienen las redes sociales», concluye la psicóloga.