Xabier Pérez: «Somos una sociedad muy descreída con respecto al amor para toda la vida»
ASTURIAS
El cineasta catalán afincado en Asturias publica su primera novela, «La quimera berlinesa», un relato con tintes autobiográficos sobre una ruptura amorosa
01 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El cineasta Xabier Pérez (Tarragona, 1999) vive en Oviedo desde 2023, donde es profesor de cine. Formado en la Escuela de Cine de Barcelona, ha escrito y dirigido películas como como «Bruna» (2018) y «La vida con Williams» (2020), y participa como divulgador en espacios culturales y salas de cine. Ahora debuta en la narrativa con la novela «La quimera berlinesa». La presentará junto al prologuista Diego Asenjo el día 7 a la una de la tarde en la librería Kafka de Oviedo.
—¿Por qué este salto a la novela?
—Pensé que tenía una cuenta pendiente con la literatura, porque soy de los que piensan que el cine y la literatura se retroalimentan muy mucho, igual que otras vertientes artísticas como la pintura. Y yo tenía muy reciente en mi memoria sentimental una experiencia un poco catártica que tuvo un final muy abrupto, muy repentino.
—Y decidió convertirlo en un libro
—Sí. Al principio era reticente de centrarme en varias cosas que igual requirieran de muchos esfuerzos: las clases por un lado, esto por otro, pero al final la curiosidad me pudo y me terminé zambullendo, me terminé dando un chapuzón de pleno con esa idea de poder materializar en una novela esa experiencia sentimental más o menos cercana en el tiempo.
—¿Cuánto hay de experiencia real y de imaginación en el libro?
—«La quimera berlinesa» no es una novela que hable de los hechos reales que me ocurrieron con total fidelidad a la realidad. Evidentemente, es literatura, es género novelesco y ahí hay una ficción inevitable, pero sí es verdad que en la novela quise volcar algo que sucedió en mi vida. Y me hizo preguntarme si en esta sociedad mecanizada se puede seguir diciendo esto que siempre se había dicho toda la vida, de que hay muchos peces en el mar, y que ningún dolor es eterno. Si se puede pasar rápido de página cuando hemos estado al lado de otra persona físicamente, emocionalmente. Me llevó a plantear una novela sobre un personaje que simplemente se negaba a pensar que todas estas palabras de sus colegas, de su familia, o incluso de su pareja del presente le hicieran olvidar por completo a quien le había precedido. Y es que todos estamos hechos de los traumas pasados. Y no significa enquistarnos en ellos sino sencillamente aceptarlos y aún así entender que cuando una persona se va de nuestra vida de una manera inesperada, hay una parte de nosotros que, sin remedio, también se irá con ella.
—La forma de la novela no es clásica, no tiene una historia lineal. ¿Por qué lo ha decidido así?
—De alguna manera, la historia arranca in media res, a la mitad, con la acción iniciada y podríamos decir que el desenlace también es un poco abierto. Esto se debe también al hecho de que, al final, yo me planteé la escritura como si fuera un cuaderno de notas. Uno se da cuenta rápidamente, leyendo el libro, de que esto de lo que va es básicamente de una especie de carta o correspondencia bastante extensa con la que el protagonista se está dirigiendo al espectador como si necesitara realmente volcar lo que piensa, lo que siente, y tener un confidente. Y eso está también ligado a la idea de hibridación, una mezcla de géneros importante. Puedes encontrar cosas cercanas al ensayo, incluso a ciertos aspectos filosóficos. Luego también hay muchos apuntes históricos sobre la Segunda Guerra Mundial o sobre el contexto alemán, concretamente. En fin, hay una mezcla de géneros y hay una estructura que no es precisa, nítida, sino que es un ejercicio bastante más espontáneo y sin normas.
—Berlín tiene mucho peso como una especie de ciudad maldita
—Pues sí, Berlín en mi historia es un refugio para los anhelos, un lugar que nos puede enseñar lo mejor de las personas, lo mejor de la convivencia entre personas pero también lo peor. La historia arranca con un viaje a Berlín y nada más empezar la novela el espectador ya entiende que ese viaje es el segundo viaje, que hubo otro anterior que el protagonista hizo con otra pareja. Berlín conserva algún que otro recuerdo bonito del pasado, pero fundamentalmente lo que representa es la maldición de las expectativas rotas y sobre todo la incomodidad y la extrañeza de viajar a un sitio donde sabes que tú estabas cogiendo de la mano a otra persona distinta a la de ahora. Al personaje principal le gustaría olvidar pero no puede, y cuanto menos puede más se empeña en no hacerlo.
—Esa forma de ver la separación choca mucho con la idea tan extendida hoy de pasar página
—Sí, yo hago un poco de polémica, por ejemplo, con la cultura del divorcio. Cuando hay un derecho fundamental, que tiene que estar ahí y debe prevalecer, luego vienen otros retos. Tengo la sensación de que hay muchas cosas que sobreentendemos hoy en día sobre el amor y cómo funciona, quizás como efecto rebote de conquistas democráticas como esta. Ahora hay un montón de problemas conyugales, deslealtades e infidelidades, y esto trae una reflexión. Creo que somos una sociedad muy descreída con respecto al amor para toda la vida, para el amor que se cuida diariamente, sin fin a la vista.
—¿Le gusta esa polémica?
—Sí. Al final, yo creo que si un libro o una película o cualquier creación no es mínimamente polémica, entonces probablemente no merezca la pena ser escrita o ser realizada. Es una ley no escrita que yo siempre he tenido muy presente durante la escritura del libro. Te estás poniendo en la piel de este personaje que tiene esta manera de pensar, en algunas cosas llevará razón, en otras no llevará razón, pero al final está expresando lo que siente y lo que piensa con honestidad, con sinceridad, y si lo que piensa igual no gusta a una determinada persona, en fin. Esto es arte, es escritura y si no es mínimamente provocador en ningún momento, no serviría para nada, claro.
—¿Tiene en mente seguir escribiendo o le basta con esta experiencia?
—Yo creo que vendrán más. Es verdad que ahora mismo estoy centrado en mi ejercicio docente, y hemos empezado algo muy bonito en los cines Embajadores, cada semana hacemos una sección en la que yo veo una película con el público y al salir la comentamos. Y más pronto que tarde empezaremos con una película. Entonces, no sé cuando será ese próximo libro, pero sí creo que «La Quimera berlinesa» no va a ser el último.