El palacio perdido de Alfonso II: el misterio de La Vega

ASTURIAS

La localización por georradar de los restos de unas edificaciones ha disparado el interés de historiadores y arqueólogos

04 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La recuperación para Oviedo de los terrenos de la antigua fábrica de armas de La Vega ha despertado muchas polémicas, sobre sus plazos y sus condiciones, y muchos anhelos sobre sus usos. También la curiosidad de arqueólogos y de historiadores sobre lo que pudiera estar enterrado en su subsuelo. Un estudio elaborado con georradar ha despertado aún más la intriga a descubrir unos restos de unas edificaciones que pudieran ser del palacio perdido de Alfonso II pero ¿de qué se trata, por qué se habla de un monumento perdido? El misterio es especialmente relevante toda vez que Alfonso II es uno de los reyes más importantes de la monarquía asturiana.

Llegado al trono tras años de intrigas familiares para hacerse con el poder en Asturias, el mandato de Alfonso II 'El casto', se prolongó durante medio siglo y fue muy fecundo, asentó Oviedo como sede regia, el reino consolidó sus fronteras y llegó a enviar a una embajada a Carlomagno en la que regaló como presente al emperador una preciada y valiosa tienda de campaña procedente del botín de la conquista de Lisboa. En todo caso, en aquella época no había capital como tal del reino, la corte estaba donde estaba el rey y era itinerante, pero se sabe por crónicas posteriores que tuvo un palacio en Oviedo y además describe su ubicación que coincide con la de los restos hallados en el presente con el georradar.

«La expresión 'palacio perdido' se utiliza a partir de la información disponible sobre este edificio, ya que en historia trabajamos con distintos tipos de fuentes; además de las fuentes arqueológicas, en este caso tenemos la principal referencia que procede de una fuente escrita: la Crónica de Alfonso III, redactada durante el reinado de este monarca, el último rey del Reino de Asturias, hacia el año 885», explica Alejandro García Álvarez-Busto, profesor titular de Arqueología de la Universidad de Oviedo. 

El texto de la crónica lo describe así: «Edificó también al norte, distante del palacio casi un estadio, una iglesia en memoria de san Julián Mártir (…). Mas también los palacios reales, los baños, comedores y estancias y cuarteles, los construyó hermosos, y todos los servicios del reino los hizo de lo más bello». Un estadio son unos 180 metros y la iglesia que se refiere es la de Santuyano, la joya del prerrománico. Las pistas son claras aunque García Álvarez-Busto recalca la importancia de hacer excavaciones para confirmarlo porque «podrían corresponder a edificaciones romanas, medievales, al propio monasterio de Santa María de La Vega [que era la sede de Las Pelayas antes de la desamortización] o incluso a estructuras subterráneas de la Fábrica de Armas de los siglos XIX y XX».

El texto describe que el palacio se encontraba al sur del templo, a esa distancia aproximada de un estadio, y si se aplica ese cálculo, al sur de Santuyano, a esa distancia, se localiza el solar de la actual Fábrica de Armas de La Vega. A partir de esta referencia, los arqueólogos César García de Castro y Sergio Ríos propusieron hace años la hipótesis de que el palacio de Alfonso II se situaría en ese enclave. Esta interpretación ha sido respaldada posteriormente por otros especialistas, como Lorenzo Arias Páramo, según explicó el profesor.

¿Cómo sería ese palacio? García Álvarez-Busto detalla que trabajan tomando como referencia, además de la crónica, los restos de paralelos arqueológicos conocidos; uno de ellos el palacio de Alfonso III excavado en Oviedo, en la calle Schultz, investigado en los años noventa por César García de Castro; y también a partir de las excavaciones realizadas en el castillo de Gauzón, en Castrillón, donde se documentaron dependencias palaciales con una gran sala principal calefactada, un baño anejo con pavimentos de mortero y sistemas de desagüe, y otras estancias auxiliares.

«A partir de estas referencias y de las fuentes escritas, se plantea de forma hipotética que el palacio de Alfonso II estaría compuesto por varias dependencias rectangulares de distintos tamaños, articuladas mediante pórticos, corredores y pasillos. En el centro se situaría el aula regia, la sala de representación donde el rey recibía a la nobleza y celebraba reuniones solemnes, equivalente al posterior salón del trono. El conjunto podría ocupar varios centenares de metros cuadrados, aunque su superficie exacta solo podrá determinarse mediante excavación arqueológica», explica el profesor de Arqueología de la Universidad de Oviedo. 

A todo ello añadió que «desde el punto de vista constructivo, se trataría de un edificio de cierta calidad para su época, con pavimentos de mortero de cal, muros revocados con estuco y posiblemente decoraciones pictóricas. También podrían aparecer elementos arquitectónicos como umbrales o piezas escultóricas. No obstante, el mayor interés arqueológico residiría en los materiales asociados a la vida cotidiana: cerámicas, metales, vidrios o restos de fauna y pescado, que permitirían reconstruir los hábitos de consumo y la actividad diaria en el palacio».

El palacio cumplía una función esencial como espacio de representación del poder regio. En él se celebraban actos ceremoniales, reuniones con la aristocracia, recepciones diplomáticas y grandes banquetes, que servían para reforzar los vínculos entre el rey y la nobleza. Además, contaba con comedores, baños «inspirados en las termas romanas, aunque con técnicas más sencillas, pero que les podían dar ese disfrute del ocio asociado a la higiene corporal», también almacenes para productos agrícolas, cuarteles para la guarnición militar, cocinas, dormitorios y caballerizas.

El misterio es descubrir si el emplazamiento de La Vega, el que se especula por parte de los historiadores, es realmente lo que queda, los restos y cimientos, del palacio del Rey de las Asturias, no sólo por lo que podría revelar sobre el edificio, destaca el profesor de arqueología, sino por todo lo que podría aportar a nuestro conocimiento sobre la vida cotidiana de los asturianos en aquella época. «El último estudio exhaustivo del solar de La Vega fue realizado en 2020 por el grupo Arqueos, dirigido por Avelino Gutiérrez González. Este trabajo identificó hasta seis fases constructivas, desde época medieval hasta la contemporánea, y documentó la existencia de un cementerio asociado al antiguo monasterio, con enterramientos de monjas y de población vinculada al cenobio, lo que añade un notable valor histórico y antropológico al yacimiento».