Nicolás García y Carlos Martínez dejaron Madrid para instalarse en Barcia, donde elaboran velas aromáticas artesanales que exportan a Estados Unidos, Europa y Asia
16 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El gijonés Nicolás García y el caraqueño Carlos Martínez vivían en Madrid cuando empezaron a hacer velas aromáticas para ellos y sus amigos. Ambos llevaban dentro la inquietud del mundo de los aromas y, a juzgar por cómo les han ido las cosas, parece que se les daba bien. Porque pronto las velas empezaron a triunfar en su entorno y cada vez era más personas las que se las reclamaban. Entonces, llegó el día en que decidieron dar el salto y montar una empresa para comercializarlas. Así nació Eleven People, una marca que hoy exporta velas aromáticas a Europa y América y que se está abriendo camino en el mercado asiático.
Pero el cambio no fue solo empresarial. Fue un cambio de vida en toda regla. Porque Nicolás y Carlos decidieron trasladarse de Madrid a un pueblo asturiano que tiene unas pocas decenas de habitantes: Barcia, en Santa Eulalia de Oscos. La razón es que Nicolás tiene familia allí, y para él no ha sido tan drástico. Para Carlos, sin embargo, nacido en Caracas y residente en Madrid, sí lo fue. Sin embargo, su adaptación fue casi inmediata, y además apasionada. «Antes le decía a Nicolás que cómo podía vivir en Asturias, pero decidí tirarme a la aventura y ahora soy más asturiano que Nico; me siento en mi casa, uno más en la zona; la gente nos ha aportado no solo todo el cariño sino también apoyo y orgullo». Porque ahora se consideran parte de una tierra que quieren dar a conocer. «Nos gusta aportar un grano de arena en zonas no tan pobladas, que esté más allá de la arquitectura y la ganadería», explica Nicolás.
Lo mejor, para Nicolás, es cómo se fue desarrollando el proyecto. «Siempre quisimos ir paso a paso, es un proyecto nacido principalmente de nosotros y siempre quisimos ir arriesgando y dando esos pequeños pasos de manera orgánica», explica. Cuando llegaron a Barcia, en 2017, habilitaron como taller el antiguo pajar de la casa familiar de Nicolás, y desde entonces aseguran que «fueron todo facilidades».
El reto era mayúsculo, no solo porque tenían que abrirse paso en un mundo en el que eran nuevos sino también porque su intención desde el primer momento era exportar a otros países sus aromas. Ellos querían que el proyecto naciese y se radicase en los Oscos, una zona bastante alejada de los centros logísticos. Lo que hicieron, entonces, fue establecer su almacén en Gijón.
Su propuesta es ofrecer aromas muy trabajados y con el valor de lo hecho a mano. Se empezaron a dar a conocer a través de Instagram, y desde el primer minuto sabían que cuidar la estética sería esencial. «Ofreces un aroma que la gente no puede oler, entonces tienes que ofrecer una imagen y una historia cautivadora para el cliente». En su propuesta se suma, además, la marca España, que según aseguran está muy bien valorada, y, dentro de ella, todo lo que puede ofrecer el paisaje de los Oscos.
Sus principales clientes están en Estados Unidos, y en Europa exportan sobre todo a Suiza, pero también a Francia, Alemania, Países Bajos y Bélgica. Y hace un año y medio aproximadamente empezaron a abrirse en el mercado asiático, en lugares como Hong Kong, Singapur o Emiratos Árabes.
Les gusta apelar con sus aromas a las emociones. Como explica Carlos, «el sentido del olfato es el más primitivo que tenemos, y a cada uno nos gusta un aroma porque está vinculado a los recuerdos; de alguna manera, esos recuerdos nos condicionan». Lo comprueban muy a menudo en su sede en Los Oscos, cuando hacen talleres para gente que quiere introducirse en su mundo. «Son cosas muy personales, el olor a rosa te puede recordar a una madre, a una abuela; recuerdo una vez cuando estábamos testando los aromas, una chica se puso a llorar porque le recordó a su abuela; es muy bonito porque los aromas te hacen viajar a un momento específico y una persona específica; viajas y desconectas de tu rutina», señala Nicolás.
Eleven People tiene en la actualidad 11 aromas, que son su seña de identidad. Entre ellos están «Febrero», de vainilla, sándalo y musk; «28004», de grosella negra, abedul y musgo de roble; «Nature», de hojas verdes, higo morado y ámbar, o «Su», de Bergamota, Mandarina y Albahaca. Su intención es que la gama de aromas siga creciendo porque, por una parte, el cliente demanda novedad y, por otra, ellos mantienen intactas su inquietud y su vocación de búsqueda. Han llevado sus talleres a otros lugares fuera de España como Puerto Rico o Cerdeña, en lo que consideran «una experiencia maravillosa», porque el público en cada lugar «es diferente» y resulta «muy divertido». Y además les aporta mucho a ellos: «siempre es un aprendizaje porque entendemos por qué la gente elige cada aroma».
Cada uno de ellos tiene también sus preferencias. A Nicolás le gustan los aromas florales pero con fondo: «No una flor ligera sino con notas de fondo amaderadas». Carlos, en cambio, los prefiere «mucho más densos, mucho más de fondo». Son gustos distintos y complementarios que hacen que su abanico de posibilidades sea muy amplio. Se nota que tienen pasión por lo que hacen, y su actitud augura para el futuro que Los Oscos seguirán dando al mundo un montón de aromas que nunca antes había probado.