De orfanato donde crecieron 300 niños a centro de bienestar del siglo XXI
ASTURIAS
La Casona de Sestelo de Castropol tiene tras de sí una dilatada historia y tras fracasar el proyecto de un hotel de lujo va a escribir un nuevo capítulo
16 feb 2026 . Actualizado a las 21:12 h.La Casona de Sestelo es uno de los edificios más singulares y llenos de historia de Castropol. Su construcción se remonta a mediados del siglo XIX, como fábrica de papel aprovechando el caudal del río Suarón para accionar mazos y los cilindros desfibriladores. Su reconversión a mansión indiana es posterior, pero testimonio de su origen industrial es su planta rectangular y los gruesos muros de mampostería y piedra local.
La fábrica cerraría y en torno a 1920 era adquirida por el indiano Ángel Pérez (nacido en El Mazo, Castropol, en 1886), quien le añadió un piso más y construyó una mini central eléctrica, para producir y comercializar electricidad.
Al estallar la Guerra Civil, Ángel Pérez tuvo que huir. Entonces era alcalde de Castropol. Su esposa, a quien había conoció en Cuba, Felicidad Martínez Martínez, de Salave (Tapia), fue la primera mujer concejala de Castropol, elegida en 1936 por la lista del Partido Republicano Radical.
Durante el transcurso de la Guerra Civil, la casona fue ocupada y transformada en orfanato, al que la Diputación Provincial envió 300 niños del Orfanato de Oviedo. Para adecuar sus instalaciones se construyó un pabellón de madera de dos pisos, anexo a la casona, que disponía de dormitorios y aulas para la enseñanza. Al lado del río se hizo un lavadero industrial. La casa continuó acogiendo a niños huérfanos hasta el año 1951, cuando la Diputación decidió clausurarla. En este punto entra de nuevo en juego la figura del indiano Ángel Pérez, al ser adquirida por una hija, Raquel, que vivió en ella más de diez años, siendo después vendida, abandonada y expoliada.
En la década de los ochenta del siglo pasado la casona fue adquirida por el Principado de Asturias y reconstruida para instalar una escuela taller para formar a jóvenes de la comarca. Por aquellos años, el gobierno regional barajó convertirla en centro de formación agraria o darle un uso de turismo rural. Finalmente, fue vendida por el Banco de Tierras del Principado por una cantidad próxima a un millón de euros a un empresario madrileño que proyectaba construir un hotel de lujo de 30 habitaciones. La idea era invertir 10 millones de euros y abrir en el 2010, pero esta tentativa fracasó. En el año 2014, el inmueble estaba en venta por 1,4 millones y años después se rebajaba a 1,2.
Y en este punto ha aparecido un nuevo comprador, dispuesto a escribir otro capítulo en la historia de la Casona de Sestelo. Se trata del empresario madrileño, Pablo Rivas, CEO y fundador de Global Alumni, una Ed-Tech (tecnología educativa usando herramientas digitales) especializada en la transformación digital de universidades de todo el mundo. Su proyecto consiste en convertir la casona en un centro wellness orientado al bienestar integral de las personas, tanto a nivel físico como emocional y mental. De forma orientativa, la inversión podría rondar entre los 12 y 15 millones de euros, según apuntó el alcalde de Castropol, Francisco Javier Vinjoy.