Una psicóloga explica el fenómeno «therian»: «Es fundamental entender por qué alguien se identifica con un animal»
ASTURIAS
La especialista en trastornos de la personalidad, Esther Blanco, detalla en qué consiste esta tendencia social y brinda consejos prácticos para que los padres puedan acompañar a sus hijos
21 feb 2026 . Actualizado a las 14:18 h.Una tendencia es un fenómeno que gana fuerza cuando cada vez más personas adoptan determinados gustos, comportamientos o ideas durante un periodo concreto. Suele surgir como reflejo de cambios culturales, tecnológicos, económicos o sociales. En este contexto, una de las corrientes que más popularidad está adquiriendo en la actualidad es la de los llamados «therian», humanos que se sienten animales y adoptan comportamientos o estéticas asociadas a ellos. Este movimiento que se desarrolló en la década de los 90 no para de ganar adeptos en nuestro país. Asturias tampoco queda al margen. De hecho, se ha convocado una quedada para este sábado en Gijón. Pero, ¿por qué esta corriente atrae tantos seguidores?
La psicoterapeuta Esther Blanco asegura que el therianismo es una forma de «resolver necesidades identitarias». Cuando el sentido interno de «yo soy yo» todavía «se está construyendo o se vuelve frágil», apoyarse en uno de estos formatos puede tener un efecto muy concreto: «dar nombre a lo que se siente y organizarlo». «Además, suele cumplir cuatro funciones principales. La primera es dar coherencia. Poner nombre a sensaciones difíciles de ordenar, como “me siento raro”, “no encajo” o “me cuesta ser yo”. También aporta pertenencia, porque la identidad no se construye en solitario, sino en relación con los demás. Un grupo que refleja —“te entiendo”, “esto también me pasa”— actúa como espejo emocional y puede ayudar a estabilizar», precisa la experta en conductas.
El therianismo funciona además como un lenguaje simbólico. «La palabra “animal” muchas veces no se usa de forma literal, sino como una manera de expresar algo interno sin tener que explicarlo con palabras complejas», asegura poniendo como ejemplo sentimientos como la necesidad de protección, el deseo de libertad, la rabia, la vergüenza o la sensación de no encajar en el mundo humano. Sirve también para regular la intensidad. «En etapas de mayor intensidad emocional o estrés interpersonal, algunas identidades funcionan como refugio o armadura», precisa la coordinadora del grupo de trabajo de los Trastornos de la Personalidad del Colegio Oficial de Psicólogos de Asturias.
¿Por qué esta corriente atrae tanta atención entre los jóvenes?
La mayoría de las personas que se identifican psicológica o espiritualmente con los animales suelen ser jóvenes porque, según la psicoterapeuta, la adolescencia es «el gran laboratorio de la identidad. Explica que a estas edades es cuando «se prueban estilos, grupos, valores, roles y maneras de nombrar el mundo emocional y relacional».Señala además que crecer implica separarse de la familia y perder ese amparo total «puede dar miedo». «En esta etapa de la vida, las exigencias externas aumentan. Hay más comparaciones, más evaluaciones y una mayor exposición al fracaso, lo que hace que el entorno se sienta menos seguro», añade. Por eso, muchos buscan una «seguridad extra» y hay quienes la encuentran en en este tipo de tendencias.
«En este contexto, una identidad therian puede aparecer como: exploración (probar un “yo”), pertenencia (encontrar tribu), protección (reducir vulnerabilidad), o reparación (cuando ser “yo” se siente doloroso)», asegura, antes de señalar que aunque se vea mucho en adolescencia, «la lógica identitaria (coherencia, pertenencia, refugio) puede aparecer en otras edades en momentos de crisis o transición». «Lo que cambia es la probabilidad, no el mecanismo», destaca.
Una persona puede sentirse identificada con un animal en lugar de con un humano por distintas razones, y lo importante, según la experta en conductas, es comprender qué función cumple esta identificación en su vida más que quedarse en la etiqueta. «En muchos casos, se trata de una exploración identitaria, una forma flexible de conocerse a sí mismo que no interfiere con la vida cotidiana y puede ser estética, simbólica, grupal o creativa; si la persona puede matizarlo (“a veces lo siento, a veces no”) es probable que sea exploración. Además puede funcionar como regulación emocional y búsqueda de seguridad, ofreciendo refugio frente al estrés, la vergüenza, la devaluación o la sensación de amenaza, apareciendo sobre todo cuando se siente observado, rechazado o en conflicto», detalla.
El therianismo puede también cubrir una necesidad de pertenencia cuando «el espejo falla», es decir, cuando uno no se siente comprendido en su entorno y busca un espejo emocional alternativo donde sentirse visto. «En situaciones de herida de “no soy querible”, la identificación con un animal puede expresar un deseo de ser “otro”, una manera simbólica de escapar del dolor de la autoaceptación. No es un capricho, sino un mecanismo de supervivencia psicológica», apunta, antes de señalar que cuando la identidad pierde integración, polarizándose o quedando superficial y contradictoria, esta identificación puede reflejar «dificultades estables para describirse a uno mismo y a los demás de manera coherente», y suele asociarse a relaciones «más extremas».
¿Cuándo hay que poner la situación en manos de los expertos?
Aunque pueda parecer un fenómeno reciente, el therianismo es en realidad una subcultura que lleva décadas existiendo y que hoy gana visibilidad gracias a las redes sociales. En plataformas como Instagram y TikTok, cada vez más jóvenes comparten que se sienten internamente como un animal. Ante el aumento de personas que se identifican de esta manera, surge la pregunta de si es necesario prestar atención a esta tendencia social. La psicoterapetura Esther Blanco tiene clara la respuesta: «Si la persona mantiene una parte de su identidad; mantiene rutinas, amistades e intereses; puede hablar de sí con matices y no hay un deterioro ni sufrimiento no suele ser preocupante».
Ahora bien, el fenómeno therian sí merece atención cuando la persona presenta señales de riesgo. «Esto ocurre, por ejemplo, si se vuelve rígida en su identidad (“si no soy esto, no soy nadie”), muestra cambios bruscos de ánimo, pasando de euforia o idealización a odio o vergüenza, o experimenta emociones persistentes como vacío, rabia prolongada e impulsividad, llegando incluso al autodaño. Es también señal de alerta cuando las relaciones se vuelven inestables y extremas, o cuando la vida cotidiana se estrecha, con aislamiento, abandono de actividades y un deterioro notable en su funcionamiento general», explica
En el momento en que ser therian genera sufrimiento prolongado o dificultades en la vida cotidiana, estaríamos hablando de un posible problema de salud mental, especialmente si aparecen señales de identidad frágil. «Esto significa sentir vacío durante semanas o meses, recurrir al autodaño o a conductas impulsivas para calmar el dolor interno, mantener relaciones muy inestables y dolorosas con miedo intenso al abandono, sufrir crisis frecuentes porque la autoimagen se rompe con facilidad, aislarse progresivamente o descuidar el rendimiento y el autocuidado, vivir fantasías de “ser otro” con desesperación en lugar de como exploración tranquila, o sentir que “esto se nos va de las manos”», detalla la experta, antes de añadir que si se observa «una desorganización marcada, desconexión con la realidad o pensamientos extraños y persistentes», es imprescindible buscar ayuda profesional.
¿Cómo deben actuar los progenitores?
Cuando un padre o una madre tiene un hijo adolescente que se identifica como un animal, lo más importante es mantener el vínculo sin ridiculizar ni confrontar. «La adolescencia puede volverse defensiva, por lo que el objetivo no es ganar una discusión, sino mantener un puente de comunicación, con frases como: “Veo que esto es importante para ti” o “Quiero escucharte antes de opinar”», dice la experta, quien considera útil preguntar por el significado de esta identificación —qué aporta, cuándo se siente, qué parte de sí necesita cuidado— más que cuestionar su literalidad, ya que «esto funciona como un “espejo emocional” que ayuda a construir identidad».
De acuerdo con la experta en conducta, los padres deben además observar el funcionamiento y el sufrimiento, prestando atención a la flexibilidad, la angustia, el aislamiento o conductas de autodaño, «sin obsesionarse con la etiqueta». Conviene también validar la emoción y su función, mantener una presencia estable sin invadir, establecer límites tranquilos, y ampliar su identidad, preguntando qué otros valores, intereses o partes de sí mismo quiere construir o aceptar», precisa. «En general, comprender primero lo que significa ser therian es más clínico y eficaz que intentar eliminarlo de golpe, porque cortar la experiencia sin entenderla puede reforzar la rigidez, convertirla en trinchera y pierdes la oportunidad de entender qué dolor o necesidad está sosteniendo», asegura.
«La meta no es “borrar una etiqueta”, sino favorecer una identidad habitable: un yo que pueda sentir sin romperse, cambiar sin desaparecer, equivocarse sin perder valor y separarse sin dejar de pertenecer», asegura. «Eso sí, comprender primero no significa mirar hacia otro lado. Si hay señales de deterioro, autodaño, vacío persistente o crisis frecuentes, ahí no se trata de “quitar lo therian”, sino de fortalecer la integración, la regulación emocional y los vínculos, con ayuda profesional cuando sea necesario», manifiesta.
Mini-guía para padres
Evitar expresiones como:
- «Es una tontería / se te va a pasar».
- «Eso está mal / te lo prohíbo».
- «Me estás avergonzando».
Utilizar mejor:
- «Ayúdame a entender qué significa para ti».
- «¿Qué te aporta cuando lo sientes?»
- «Me importa cómo estás, no la etiqueta».
- «Podemos hablar de esto sin pelear».
Es importante pedir ayuda si hay vacío persistente, autodaño, deterioro notable, aislamiento progresivo, crisis frecuentes o angustia intensa.