Amaia García, la madrileña que dejó la gran ciudad para mudarse a un pequeño pueblo de Asturias: «Nos dijeron que no sabíamos dónde nos estábamos metiendo»
ASTURIAS
Amaia y su marido encontraron en el Principado el lugar perfecto para comenzar una nueva vida alejados del ajetreo de la gran ciudad, gracias a las clases de pilates online que ahora imparte la madrileña
26 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Quería salir de la vida de locos que llevaba en Madrid». Este fue el objetivo principal que llevó a Amaia y a su marido a dejarlo todo en la capital española para mudarse a una pequeña aldea de Asturias. La búsqueda de una vida más tranquila y alejada del tráfico llevó a este matrimonio madrileño a encontrar la paz que tanto ansiaban en el Principado.
Amaia García, de 54 años, nació y se crio en el centro de Madrid, pero con veinte años se trasladó a Rivas-Vaciamadrid, una localidad ubicada a 15 kilómetros de la capital. Se licenció en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y, desde joven, dedicó su carrera profesional a la actividad física y a la gestión de instalaciones deportivas.
La vida de Amaia siempre estuvo marcada por las prisas y el ajetreo de la gran ciudad, pero su intención siempre fue escapar de Madrid. «Siempre quise salir de allí. Llevaba una vida de locos. Mi sueño siempre había sido vivir en el campo y en el monte. Además, mi familia materna es asturiana y mis vacaciones siempre han sido en Asturias. Cuando la gente me preguntaba, siempre decía que había nacido en Madrid, pero que me sentía asturiana».
Los compromisos profesionales ataban a la madrileña a la gran ciudad; para ella, Asturias era ese «objetivo para la jubilación». Pero en 2020 algo cambió. En ese entonces, Amaia trabajaba en un centro de fisioterapia dando clases de pilates, pero la llegada del confinamiento hizo que tuviera que reinventarse. «Como, en un principio, iban a ser solo 15 días, decidí dar algunas clases online. Nunca había hecho eso y nunca me lo había planteado. Fueron mis hermanos —que son más jóvenes y más tecnológicos— quienes me ayudaron a organizarlo todo». Cuando finalmente terminó el tiempo de estar en casa, «la gente tenía miedo, no se atrevía a volver a las clases presenciales. Solo venía un 20 % de los alumnos», por lo que Amaia decidió continuar impartiendo algunas clases a través de internet.
Así se desarrollaba el día a día de Amaia en Madrid hasta que, en noviembre, una publicación en redes sociales lo cambió todo. «Vi que vendían una casa en Asturias, a unos 35 kilómetros de Oviedo; me metí a cotillear y me encantó». Aunque García decidió dejarlo pasar, esa misma tarde una frase de su marido hizo que se atreviera a dar el gran paso: «Esto es una locura, nos tenemos que ir de aquí». «Cuando escuché eso, tomé la decisión, le enseñé la casa a mi marido y le encantó. Tengo la suerte de que él es un apasionado de la montaña y de que también le encanta Asturias».
El matrimonio no tardó en venir a Asturias para conocer la casa en persona. «Cuando llamé a Carmen —quien vendía la casa— se asustó un poco. Le comenté que éramos de Madrid y nos dijo que no sabíamos dónde nos estábamos metiendo. Pedimos permiso para salir de la comunidad autónoma, porque en aquel entonces aún había restricciones y, el 2 de enero de 2021, vinimos hasta el Principado. Nada más entrar en la casa nos miramos y lo supimos: esta era nuestra casa».
Ese mismo día, en el coche de regreso a Madrid, Amaia y su marido comenzaron los trámites para la mudanza. «Había quien pensaba que estábamos locos y otros —que me conocían más— sabían que era lo que siempre había querido». Tras vender su piso, en junio de ese mismo año el matrimonio se instaló en Asturias de manera definitiva y ahí comenzó su nueva vida en una aldea en la que, durante el invierno, «vivimos prácticamente nosotros solos».
La vida en Asturias para Amaia está llena de ventajas. «Si quiero ir a Oviedo, como mucho tengo que hacer 70 kilómetros —35 de ida y 35 de vuelta—; en Madrid había días en los que llegaba a hacer 200 kilómetros». Las clases de deporte online continúan siendo su sustento; lo que empezó como un parche a una situación atípica terminó convirtiéndose en un estilo de vida. «Tengo alumnos que llevan años conmigo; ahora, poco a poco, se han ido uniendo nuevos gracias a las redes sociales».
Aunque hay algo que Amaia echa de menos: «A mi familia. Estar lejos de ellos no siempre es fácil. Mis padres, aunque siempre han tenido una salud de hierro, desde que me mudé a Asturias parece que se han empeñado en darme guerra». Pero, precisamente, las clases de pilates online le dan a García una libertad «con la que antes no contaba. Puedo dar clases desde donde quiera y, si necesito estar una temporada en Madrid, no me supone ningún problema».
Ahora Amaia y su marido han encontrado en el Principado su lugar definitivo. Para la madrileña, «la vida aquí, en Asturias, es sencilla; me levanto por las mañanas y, cinco años después, aún me tengo que pellizcar para comprobar que de verdad estoy aquí, que no estoy soñando».