¿Puede repetirse la subida de precios por la guerra de Ucrania con el conflicto en Oriente Medio?

Nel Oliveira
Nel Oliveira REDACCIÓN

ASTURIAS

«Si tu contrato vence en pocos meses, puedes pedir que te mantengan condiciones y firmar un año más para amortiguar el golpe», explica Alberto De las Fuentes, experto en el sector energético

03 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La escalada militar entre Irán y Estados Unidos ha devuelto al mercado energético a un estado de alerta que recuerda al «shock» vivido tras la invasión de Ucrania. El foco está ahora en el posible bloqueo del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que circula una parte sustancial del petróleo y del gas que se comercian en el mundo. Si la interrupción del tráfico energético se prolonga, el encarecimiento de los combustibles y de la electricidad sería prácticamente inevitable. A día de hoy, el conflicto evoluciona con alta tensión pero sin una reacción de precios comparable a la previa a Ucrania, lo que mantiene abierta una ventana de anticipación que podría cerrarse en cuestión de semanas.

En ese escenario, Alberto de las Fuentes, socio fundador de Energigante y experto en el sector energético, sostiene que el sistema partía de una situación relativamente favorable. «Estamos viendo precios para 2026, 2027 y 2028 francamente buenos», explica, en referencia a los mercados de futuros de gas y electricidad, que aún no descuentan una crisis severa. Pero advierte de que un bloqueo prolongado de Ormuz «sin duda tiene que tener un impacto en los precios» al afectar a una fracción relevante del suministro global.

El gas ofrece, por ahora, señales mixtas. En Europa se han registrado repuntes bruscos en el mercado de referencia, mientras que en España la subida no se ha trasladado con la misma intensidad gracias a los niveles de almacenamiento. Ese margen, sin embargo, puede ser temporal. «Si esto dura una semana, no habrá problema; si dura un mes, empezará a haber tensiones de precios», resume el experto.

Vista aérea del estrecho de Ormuz.
Vista aérea del estrecho de Ormuz. Jacques Descloitres

¿Cómo puede afectar a Asturias?

En clave asturiana, el impacto potencial es especialmente sensible. La dependencia del gas y de los combustibles fósiles, junto a un menor despliegue renovable, expone con mayor rapidez a empresas y hogares a cualquier encarecimiento sostenido. La industria vería tensionados sus costes y los hogares lo notarían en calefacción, electricidad y carburantes. De las Fuentes lo resume con un aviso directo: «Asturias depende en buena medida del gas y de la electricidad de otras regiones, así que conviene anticiparse».

El margen de maniobra, según el ingeniero, sigue abierto pero exige rapidez. «Todavía estamos a tiempo de que empresas y particulares negocien con su comercializadora y cierren precios a medio y largo plazo», afirma. Y concreta la recomendación: «Si tu contrato vence en pocos meses, puedes pedir que te mantengan condiciones y firmar un año más para amortiguar el golpe». La lógica, añade, es preventiva: «Un soldado avisado no muere en la guerra; lo que no parece una opción es quedarse como observador pasivo».

La conclusión para Asturias es de cautela activa. No hay aún una crisis energética inmediata, pero sí un riesgo latente condicionado a la duración del conflicto. Esta vez el mercado no ha anticipado el «shock» con la intensidad de 2022, pero la exposición de la economía asturiana al coste de la energía convierte la anticipación —en empresas y hogares— en una decisión estratégica más que en una simple prudencia.