La situación límite de Ana Belén: una pierna amputada, recibiendo diálisis y sin vivienda accesible
ASTURIAS
Esta vecina de 54 años del concejo de Ribera de Arriba afronta el final de su plaza temporal en una residencia sin alternativa habitacional. Su domicilio está en una primera planta sin ascensor y sus recursos económicos son muy limitados
06 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La historia de Ana Belén Rangel se ha convertido en una carrera contrarreloj. Esta mujer de 54 años, residente en el concejo de Ribera de Arriba, afronta una situación límite. La plaza temporal en la residencia en la que vive desde que salió del hospital llega hoy a su fin sin que exista, de momento, una alternativa clara para ella. Su domicilio está en una primera planta sin ascensor y, tras la amputación de su pierna izquierda el pasado mes de octubre, le resulta imposible acceder a él.
Irma Rodríguez, amiga de la familia y quien ha decidido trasladar el caso a los medios para intentar darle visibilidad, es la encargada de explicar la delicada situación y el complejo cuadro médico de la mujer. Ana Belén padece una enfermedad renal crónica y depende de diálisis tres veces por semana, además de otras patologías graves. Entre ellas figuran la ausencia adquirida de riñón, fístula arteriovenosa adquirida, diabetes mellitus tipo 2, apnea del sueño, edema de laringe, obesidad, psoriasis, cataratas y diversos trastornos de retina. Antes incluso de la amputación ya tenía reconocido oficialmente un 78% de discapacidad, un grado que previsiblemente aumentará cuando se actualice su valoración. «Ella ya tenía ese porcentaje antes de perder la pierna, así que ahora rondará el 100%», apunta Rodríguez.
La amputación llegó después de un largo proceso médico. Según relata su amiga, Ana Belén sufría úlceras en la pierna que no terminaban de cicatrizar. «Eran derivadas de la diabetes y le provocaban fibrina. Iba semanalmente a la enfermera para curarse, pero la fibrina se regeneraba sin parar», explica. Los dolores se hicieron cada vez más intensos hasta que acudió a urgencias y fue ingresada. «Poco a poco, los médicos le tuvieron que ir retirando tejido hasta que llegaron casi al hueso y no quedó otra opción que amputar», relata Rodríguez. Tras la operación, y ante la imposibilidad de regresar a su vivienda, se le concedió una plaza temporal en una residencia. El recurso fue prorrogado una vez, pero esa ampliación ya ha llegado a su límite.
El principal obstáculo es la vivienda. Ana Belén vive en una primera planta sin ascensor, lo que en su situación actual hace inviable el acceso. Durante los últimos meses se han solicitado viviendas sociales adaptadas, pero la respuesta, aseguran, ha sido siempre la misma: no hay disponibilidad. Sin un domicilio accesible, el escenario que se plantea es incierto. «Como ella tiene que ir a diálisis los lunes, miércoles y viernes, quizá los técnicos de la ambulancia puedan subirla y bajarla por las escaleras de su casa». Pero incluso esa posibilidad, todavía por confirmar, tendría un alto coste en su calidad de vida. «Eso significaría que el resto del tiempo tendría que estar totalmente aislada en su domicilio», añade.
A la dificultad habitacional se suma la falta de apoyos cercanos. El matrimonio es originario de Valladolid, aunque desde hace tiempo reside en Asturias. «No tienen a nadie más aquí», explica Rodríguez. Además, la situación física de su marido tampoco permite que asuma los cuidados necesarios. El hombre fue intervenido quirúrgicamente de la columna vertebral en enero de este año y continúa con problemas de espalda.
La economía familiar tampoco ofrece margen de maniobra. Él percibe una pensión aproximada de 600 euros mensuales y Ana Belén no dispone de ingresos propios, lo que hace inviable afrontar el alquiler de una vivienda adaptada. Para quienes conocen el caso, la solución pasa por dos caminos claros. «Lo ideal sería que le concedieran una vivienda social adaptada a sus necesidades, sin barreras ni escaleras», sostiene Rodríguez. Si esa opción no llega a tiempo, la alternativa sería mantener el recurso actual. «Si eso no es posible, entonces que le prolonguen la estancia en la residencia», plantea.