¿El resurgir de la minería en Asturias? El Gobierno reactiva la exploración del subsuelo en busca de minerales estratégicos

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

ASTURIAS

Fundación Minería y Vida

La región destaca por la densidad y variedad de indicios geológicos presentes en su territorio, donde se identifican minerales como plomo, zinc, bario, mercurio, flúor, cobre o fluorita

14 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La minería vuelve a asomarse al debate económico e industrial en Asturias debido a la búsqueda de autonomía estratégica en Europa y por la creciente importancia de las materias primas minerales para sectores clave tecnológicos. El Gobierno central ha aprobado el I Plan de Acción para la Gestión Sostenible de las Materias Primas Minerales 2026-2030, dotado con 414 millones de euros, que incluye entre sus medidas principales la activación de un Programa Nacional de Exploración Minera con 182 millones destinado a actualizar el conocimiento del potencial del subsuelo español. En ese nuevo mapa de recursos, Asturias figura como uno de los territorios con mayor interés geológico y con una larga tradición extractiva que podría volver a cobrar protagonismo, aunque en un escenario muy distinto al de la histórica minería del carbón.

La iniciativa del Ejecutivo llega en un momento de creciente tensión geopolítica y de preocupación por la dependencia exterior en materias primas estratégicas. La guerra de Irán y el contexto internacional han vuelto a poner de relieve la vulnerabilidad energética y de suministro de Europa, lo que ha llevado a reforzar políticas orientadas a asegurar recursos esenciales para la transición energética, la digitalización o la industria tecnológica. Según explicó la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, la estrategia persigue reforzar la competitividad industrial y la seguridad económica mediante una agenda que combine sostenibilidad y autonomía estratégica.

El plan estatal, que contempla 34 actuaciones, ocho de ellas consideradas urgentes, pretende actualizar la información geológica disponible mediante nuevas técnicas de investigación, inteligencia artificial, drones y revisión de estudios previos. El último análisis sistemático de este tipo en España se remonta a 1975, lo que da idea del alcance de la actualización que ahora se plantea. El objetivo es determinar con mayor precisión qué recursos minerales existen, dónde se localizan y hasta qué punto su explotación podría resultar viable.

Asturias destaca por la densidad y variedad de indicios geológicos presentes en su territorio. El Principado se sitúa dentro del Macizo Varisco o Ibérico, una de las grandes áreas europeas con interés para la localización de materias primas estratégicas. Dentro de ese dominio geológico, la región se encuentra en dos zonas especialmente relevantes: la Zona Cantábrica y la Zona Asturoccidental-Leonesa, donde se identifican indicios de minerales como plomo, zinc, bario, mercurio, flúor, cobre, cobalto, níquel, estaño, hierro, manganeso o antimonio, así como oro, plata, wolframio o molibdeno.

Ese potencial mineral se suma a una tradición extractiva que durante siglos marcó la economía regional. Históricamente, Asturias fue sinónimo de carbón, con millones de toneladas extraídas de su subsuelo y con paisajes industriales que definieron la identidad de las cuencas mineras. Sin embargo, el cierre progresivo de estas explotaciones transformó profundamente el sector, que en los últimos años ha evolucionado hacia una actividad más diversificada basada en minerales metálicos, industriales y productos de cantera.

Según la Estadística Minera de 2024 elaborada por el Ministerio para la Transición Ecológica, Asturias aporta actualmente el 4,5% del valor total de la producción minera nacional, una cifra que refleja un crecimiento interanual del 2,08%. El sector mantiene 41 explotaciones activas en la comunidad y genera 1.186 empleos directos, lo que representa el 3,92% del total nacional. Aunque el carbón prácticamente ha desaparecido del mapa productivo, la minería sigue teniendo un peso significativo en la economía regional.

El subsector más relevante en términos de valor es el de los metales, que representa alrededor del 58% de la producción minera asturiana. Esta actividad se concentra en una única explotación de oro situada en Belmonte de Miranda, que además permite obtener plata y cobre como metales asociados. En 2024 se produjeron en Asturias 338 kilos de oro y 276 kilos de plata contenidos en bullion, además de 1.768 toneladas de concentrado de cobre que incluían 700 kilos de oro y más de 3.200 kilos de plata. La minería metálica emplea a 586 personas en la comunidad.

Junto al oro, uno de los grandes activos del subsuelo asturiano es la fluorita, mineral considerado materia prima fundamental por la Unión Europea. Asturias es el principal centro productor de este recurso en España: de las seis explotaciones activas del país, cuatro se encuentran en la región. Este mineral tiene aplicaciones industriales muy diversas, desde la siderurgia, donde se utiliza como fundente, hasta la industria química o la fabricación de vidrio, cementos y cerámica.

La importancia de la fluorita es tal que Asturias concentra más del 70% de los recursos económicos medidos de este mineral en España. Las explotaciones operadas por Minersa en municipios como Siero, Llanera, Corvera o Colunga mantienen una actividad consolidada y sitúan al país como uno de los principales proveedores europeos de este material estratégico.

El sector minero asturiano se completa con la extracción de minerales industriales y productos de cantera. En 2024 la región produjo, entre otros recursos, caolín y cuarzo, además de materiales destinados a la construcción como caliza, arena o grava. En total, las explotaciones de cantera suman 33 instalaciones y emplean a 348 trabajadores. Ese mismo año, la inversión minera en Asturias superó los 33 millones de euros.

Más allá de la actividad ya consolidada, el interés geológico del territorio también se refleja en los proyectos de investigación en marcha. En Asturias existen diversas investigaciones centradas en minerales considerados críticos para la industria actual, como el cobre, el cobalto o el wolframio. En el occidente asturiano, por ejemplo, se estudian varios corredores auríferos que incluyen zonas como Salas-Belmonte, La Espina, Pola de Allande-Navelgas o el cinturón Ibias-Oscos. En esa misma área se encuentra el yacimiento de oro de Salave, uno de los proyectos más conocidos por su potencial, que podría contar con décadas de actividad si llegara a desarrollarse.

Además, en algunas zonas del occidente asturiano se han detectado recientemente indicios de tierras raras, con presencia destacada de neodimio, un elemento utilizado en la fabricación de componentes electrónicos y tecnologías avanzadas. No obstante, estas investigaciones se encuentran todavía en fases muy iniciales y no existen explotaciones de este tipo en la comunidad.

Para los especialistas, la creciente importancia de estos minerales está vinculada al cambio tecnológico global. Elementos que en el pasado tenían un valor limitado han pasado a convertirse en materias primas críticas para la fabricación de baterías, dispositivos electrónicos, sistemas de energías renovables o infraestructuras digitales. La Unión Europea ha identificado ya 34 materias primas fundamentales para su economía, de las cuales 17 se consideran estratégicas.

Asturias reúne varias de las características que podrían situarla en el nuevo escenario minero europeo: diversidad geológica, experiencia histórica en el sector, infraestructuras heredadas de su pasado extractivo y presencia de recursos con interés industrial. A ello se suma la posibilidad de recuperar materiales presentes en escombreras, balsas o residuos de antiguas explotaciones, una línea que el nuevo plan estatal quiere potenciar con inversiones específicas orientadas a la economía circular.

Pese al declive del carbón, el Principado mantiene una base minera activa y un potencial geológico que vuelve a despertar interés. El futuro de esa posible nueva etapa dependerá, en todo caso, de múltiples factores. Entre ellos, la viabilidad económica de los proyectos hasta su aceptación social y ambiental.