«Éramos pocos... y Espichó la Güela»: el proyecto de unos jóvenes asturianos que vuelve a poner de moda las espichas

María Sánchez Condado
María S. Condado REDACCION

ASTURIAS

«Éramos pocos... y Espichó la Güela»
«Éramos pocos... y Espichó la Güela»

Un grupo de jóvenes de la cuenca del Caudal reinventa la espicha tradicional, transformándola en un espacio de encuentro y socialización que gira en torno al concepto de «amigos de amigos»

19 mar 2026 . Actualizado a las 08:04 h.

«Éramos pocos... y Espichó la Güela». Lejos de ser un triste velatorio, esta iniciativa de un grupo de jóvenes asturianos busca revivir la tradición de las espichas. Se trata de un proyecto de carácter social y cultural impulsado por jóvenes de entre 23 y 30 años de la cuenca del Caudal, orientado a la reactivación del ocio juvenil grupal y a la recuperación de espacios de encuentro más allá de las fórmulas habituales.

Las espichas, una de las tradiciones más arraigadas de Asturias, viven ahora una segunda juventud. Lo que durante décadas fue un formato ligado a celebraciones familiares o a grupos de adultos comienza a abrirse paso entre los jóvenes como una alternativa diferente al ocio actual. En un contexto marcado por el consumo rápido, las dinámicas individualizadas y, muchas veces, mediadas por pantallas, este grupo de jóvenes asturianos ha querido recuperar la esencia de la espicha como punto de encuentro social. El objetivo, aseguran, es «mezclar grupos y generar nuevas relaciones».

«Éramos pocos... y Espichó la Güela» surgió «de manera muy natural», explica Juanfran García, uno de los organizadores. «Éramos el típico grupo de amigos, pero cada uno tenía su propio círculo. Un día pensamos que estaría bien organizar algo para juntarnos todos: los amigos de unos, los del equipo de fútbol de otro. Así empezó todo». La idea inicial era sencilla: organizar una espicha al estilo tradicional. Sin embargo, la respuesta superó todas las expectativas. «Pensábamos que nos costaría llegar al número mínimo de gente que piden los locales para organizar este tipo de eventos», explica Juanfran. Su sorpresa llegó cuando se vieron obligados a cerrar las inscripciones porque no cabía más gente.

«Éramos pocos... y Espichó la Güela»
«Éramos pocos... y Espichó la Güela»

La primera cita de Espichó la Güela tuvo lugar el pasado mes de noviembre y reunió a unas 40 personas; la segunda, celebrada el pasado 13 de abril, superó el medio centenar. La tercera edición ya está en marcha y se prevé que tenga lugar el fin de semana de San Juan —23 de junio— en Mieres, y espera superar el número de asistentes de sus predecesoras. «Ya tenemos cerca de 60 personas apuntadas. Aunque es una propuesta diferente a lo habitual, a la gente le está encantando y está teniendo muy buena acogida».

El éxito de esta nueva alternativa de ocio no reside únicamente en la gastronomía, sino en su planteamiento social. El proyecto gira en torno a una idea clara: ampliar los círculos de relación. «La base es el concepto de ‘amigos de amigos’», explica García. «La idea es que el proyecto continúe creciendo de forma horizontal».

El evento se expande ahora también a través de las redes sociales, donde los asistentes pueden mantenerse informados de todas las futuras actividades. «Al principio era todo más cercano, pero ahora ya nos está escribiendo gente que no conocemos de nada, que lo ha visto por redes y quiere venir».

«Éramos pocos... y Espichó la Güela»
«Éramos pocos... y Espichó la Güela»

Además, el proyecto ha construido una identidad propia en torno a la figura ficticia de «la Güela», que actúa como nexo simbólico entre tradición y modernidad, todo ello sin perder la esencia original. «No somos una empresa ni una asociación», subraya García. «Somos un grupo de amigos que organiza esto porque le gusta y porque cree que hacía falta algo así».

Los impulsores del evento tienen claro que esta alternativa de ocio no debe quedarse en algo pasajero. «Nuestra idea es hacer el evento cuatro veces al año: en primavera, en San Juan, una a finales de verano y una última cita en noviembre. Queremos que sea algo que se repita, que la gente lo tenga como un plan más dentro del año», explica García, que no descarta explorar nuevos formatos, incluso al aire libre.

En un momento en el que muchos jóvenes buscan recuperar formas de relación más auténticas, Espichó la Güela parece darle a las espichas un nuevo sentido. Ya no son solo una tradición heredada, sino una herramienta para reconectar. Así, lo que durante años fue patrimonio casi exclusivo de generaciones anteriores empieza a consolidarse como una tendencia emergente, en la que la clave no está solo en la sidra o la comida, sino en algo mucho más simple: volver a juntarse.