El asturiano detrás del prometedor tratamiento experimental contra el cáncer: «La idea es iniciar los ensayos clínicos en 2027»
ASTURIAS
El catedrático de medicina ya jubilado Jesús Prieto ha desarrollado, junto a un equipo del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, una terapia eficaz y segura para el tratamiento de diversos tipos de tumores en modelos animales
31 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En cualquier parte del organismo puede producirse un crecimiento descontrolado de células que no cumplen sus funciones biológicas habituales y que, además, pueden dañar los tejidos sanos. Cuando esto ocurre, las probabilidades de supervivencia son muy reducidas. Por esta razón, buena parte de la comunidad científica centra sus esfuerzos en encontrar una cura contra el cáncer. Entre los investigadores se encuentra Jesús Prieto (Oviedo, 1955), catedrático de medicina ya jubilado, que ha logrado avances muy significativos. Junto con un equipo multidisciplinar del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra (CCUN), ha desarrollado un tratamiento experimental que ha mostrado resultados muy prometedores para el tratamiento de diversos tipos de tumores sólidos en modelos animales.
—¿Cuánto hace que se dedica a la investigación contra el cáncer y qué le llevó a centrar su labor en este ámbito?
—Me he dedicado durante muchos años al tratamiento de pacientes, sobre todo en el ámbito de la medicina interna y las enfermedades hepáticas. He dirigido durante largo tiempo el área de hepatología y terapia génica en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra. Tras mi jubilación, continué trabajando en un laboratorio concreto con un pequeño grupo de personas. Al principio éramos cuatro, pero el equipo fue creciendo hasta llegar a diez integrantes. Hace unos siete u ocho años iniciamos un nuevo proyecto que consiste en combinar la radioterapia con la terapia génica para el tratamiento del cáncer.
—¿En qué consiste realmente el tratamiento que están desarrollando?
—Hemos desarrollado un vector, que es un virus sintético muy modificado genéticamente para que, en lugar de producir efectos patógenos, produzca efectos terapéuticos. A esto lo denominamos vector de terapia génica. Con estos virus infectamos el tejido tumoral. Hemos observado que, cuando el tumor se irradia, es mucho más fácilmente transducible —es decir, infectable— por estos virus sintéticos, por estos vectores de terapia génica. A partir de ahí, construimos un virus que se activa, por así decirlo, en el seno del tumor irradiado y, al activarse, produce unas sustancias que atraen a las células del sistema inmunitario desde la sangre, las cuales entran en el tumor como si fueran un ejército, una infantería que invade el tumor irradiado. Cuando se irradia un tumor es como si se bombardease. Nosotros lo que hacemos es que, después de ese bombardeo, hacemos entrar la infantería gracias a la acción de este vector y, como consecuencia, el efecto curativo antitumoral de la radioterapia se ve muy potenciado. Es decir, es como si, en lugar de bombardear una ciudad que se quiere conquistar, además de bombardearla, se hiciera entrar la infantería dentro del tumor, el ejército, que elimina al resto de los enemigos, en este caso, a las células malignas que se encuentran en ese tejido tumoral.
«La idea es iniciar los ensayos clínicos de este tratamiento en algún momento de 2027»
—La unión de estas terapias permite potenciar los buenos resultados.
—Sí, de esta manera, conseguimos aumentar los efectos curativos de la radioterapia, que es una modalidad de tratamiento que se utiliza contra muchos tipos de tumores sólidos, como el cáncer de esófago, páncreas, hígado, colon o riñón, entre otros. Muchas veces, la radioterapia no elimina todas las células y, por lo tanto, el tumor puede recidivar tras la irradiación. En otras ocasiones, el tumor es radioresistente y no desaparece completamente. Por ello, al combinar ambas estrategias, logramos efectos curativos mucho más potentes. Además, observamos que, si tratábamos un tumor con radioterapia y terapia génica, los nódulos tumorales que pudieran existir en el mismo paciente a distancia también remitían, porque conseguimos activar la respuesta inmunitaria y esta, al activarse, actúa en todo el organismo. El tratamiento consiste en irradiar el tumor y, a continuación, en un plazo de unas tres a seis horas, inyectar directamente en el tumor este virus modificado, es decir, el vector de terapia génica. El vector se activa dentro del tumor y produce sustancias, como la interleucina 12, que atraen a las células del sistema inmunitario para que luchen y destruyan el tumor. A esto lo denominamos radioterapia inmunoactivante.
—Han comprobado los buenos resultados de este tratamiento en animales. ¿Cuáles son los siguientes pasos para que pueda administrarse a humanos?
—Ahora, en el mes de mayo, comienzan los estudios toxicológicos formales, debidamente reglados en animales, que durarán seis meses y que son exigidos por la Agencia Europea del Medicamento. Si esos estudios toxicológicos, que se prolongarán durante seis meses, arrojan resultados positivos, la idea es iniciar los ensayos clínicos en algún momento de 2027, con pacientes que presentan tumores que no han respondido al tratamiento estándar convencional. En esos ensayos se probará esta nueva modalidad terapéutica, la radioterapia inmunoactivante, que esperamos que también sea útil en pacientes con enfermedad metastásica.
—¿Qué siente al saber que está a unos pasos de empezar con esos ensayos clínicos después de tanto tiempo investigando?
—Haber llegado al punto de ver el trabajo publicado, y además en una revista de prestigio supone una gran satisfacción. La base científica está desarrollada; lo que se denomina la prueba de concepto ya está establecida. Hemos logrado completar un sistema terapéutico nuevo que funciona muy bien en modelos animales, lo cual representa un hito importante. Ahora llega el momento de la expectativa: comprobar si los resultados observados en ratones se reproducen en pacientes. Para ello, tendremos que esperar un par de años y ver cómo evolucionan los estudios. Aun así, estamos muy ilusionados y confiamos en que este enfoque pueda ser de ayuda para muchas personas.
«La investigación contra el cáncer está experimentando avances en muchos campos distintos. La inmunoterapia es muy prometedora»
—Para lograr estos avances han sido muchos años de trabajo. ¿Cuáles han sido los mayores desafíos que han enfrentado hasta la fecha?
—Un desafío muy importante fue conseguir que este vector que inyectábamos en el tumor produjera una sustancia llamada interleucina 12, pero únicamente dentro del tumor irradiado y no en otros lugares del organismo, para así obtener efectos terapéuticos sin efectos tóxicos. Y es que, si la interleucina 12 se produce fuera del tumor en cantidades excesivas, resulta tóxica. Conseguimos restringir su producción exclusivamente al tumor irradiado mediante el diseño genético del virus artificial, que incorpora una configuración específica que permite que la producción de la interleucina 12 tenga lugar únicamente en el tumor tratado. Este avance fue clave para lograr eficacia terapéutica con ausencia de toxicidad, limitando la producción de la sustancia al tumor irradiado al que se ha administrado el vector.
—Uno de los mayores retos de las investigaciones científicas es la financiación. En vuestro caso, ¿ha sido también así?
—Sí. En nuestro caso, para la investigación contamos con el apoyo de fundaciones y de familias benefactoras. Para el trabajo de investigación, recibimos ayuda de la Fundación Ramón Areces, la Fundación Aciturri, la Fundación Echebano, la Fundación José Soriano, así como de la familia Antonio y Javier Catalán, y de la familia Cabrera. Ahora bien, para el desarrollo clínico, que requiere inversiones económicas mucho mayores, lo que hicimos fue licenciar el producto a una compañía biofarmacéutica, Insud Pharma. Es esta empresa la que actualmente está invirtiendo en los estudios toxicológicos a los que me refería anteriormente, y también la que financiará los ensayos clínicos.
—Cuenta además con el compromiso de un equipo multidisciplinar...
—Sí. Como codirector del trabajo figura un investigador con amplia experiencia, el doctor Juan Dubrot, que comparte conmigo la codirección. Además, contamos con un equipo de profesionales formado por científicos y técnicos de laboratorio excelentes. Entre ellos se encuentra la primera firmante, Sonia Marco, y también Míriam Fernández, una investigadora ovetense que ha realizado una aportación muy relevante al estudio. Me alegra especialmente contar con una asturiana en el equipo, por su iniciativa y compromiso. En el laboratorio somos diez personas y, además, colaboramos con otros grupos para la aplicación de técnicas específicas. En este trabajo en concreto, también hemos colaborado con un equipo en Estados Unidos. No obstante, la investigación se ha desarrollado fundamentalmente en el CIMA de la Universidad de Navarra.
«Invertir en conocimiento merece la pena. Es fundamental tanto para mejorar la calidad de vida de las personas como para impulsar el desarrollo económico»
—A la espera de que se pongan en marcha los esos ensayos clínicos y luego ver los resultados, ¿cómo ve el futuro del cáncer?
—La investigación contra el cáncer está experimentando avances en muchos campos distintos. La inmunoterapia es muy prometedora; es decir, la posibilidad de atacar el cáncer mediante la activación del sistema inmunitario. En este ámbito se están desarrollando diferentes estrategias, como el uso de anticuerpos monoclonales, células modificadas genéticamente para atacar el cáncer —las llamadas células CAR-T— o vacunas personalizadas contra el tumor. También se están utilizando conjugados de anticuerpos monoclonales dirigidos contra el cáncer que llevan unidos fármacos quimioterápicos muy potentes, lo que permite una acción más selectiva sobre las células tumorales. En definitiva, el campo de la inmunoterapia está avanzando mucho y es muy prometedor. Asimismo, se están produciendo progresos en quimioterapia, pero también en radioterapia, con técnicas cada vez más precisas y eficaces, capaces de destruir mejor el tejido tumoral respetando el tejido sano. En nuestro caso, hemos observado que, al combinar radioterapia e inmunoterapia mediante terapia génica —lo que denominamos radioterapia inmunoactivante—, los resultados son muy prometedores. En conjunto, estamos ante un futuro próximo en el que, sin duda, se van a producir avances significativos.
—¿Qué mensaje le gustaría trasladar a la sociedad, especialmente a aquellos pacientes oncológicos?
—A los pacientes oncológicos les diría que mantengan la esperanza, que sepan que la ciencia avanza con rapidez y que se está trabajando en numerosos ámbitos en todo el mundo. En los próximos años, sin necesidad de esperar demasiado tiempo, llegarán avances significativos que, en muchos casos, podrán afectarles de manera directa. También me gustaría trasladar a la sociedad la importancia de apoyar de forma generosa la investigación médica. Invertir en conocimiento merece la pena. Es fundamental tanto para mejorar la calidad de vida de las personas como para impulsar el desarrollo económico. España necesita contar con buenos centros de investigación, bien dotados de recursos, porque esa inversión, a largo plazo, dará lugar a frutos muy relevantes.