Rabia Gaya, tres décadas impulsando la integración musulmana en Asturias: «Ayudar a los demás es una obligación»
ASTURIAS
El argelino, afincado en Gijón desde 1994, es el presidente y fundador del Centro Cultural Musulmán de Gijón y el vicepresidente del club de futbol gijonés el Llano 2000
07 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hace 32 años que Rabia Gaya llegó a Asturias desde Argelia, desde donde partió tratando de huir del terrorismo. Lo que comenzó como un viaje en busca de una vida mejor pronto se convirtió en un gran proyecto de solidaridad. Desde su llegada a Asturias, Gaya ha trabajado por la integración de la comunidad musulmana y ha sido responsable de multitud de campañas solidarias. Además, en el Principado ha tenido la oportunidad de continuar desarrollando una de sus grandes pasiones: el fútbol.
El 8 de julio de 1994, Rabia Gaya llegaba a Gijón acompañado de su mujer y sus hijos, tras pasar un año en Barcelona. Por aquel entonces, poco sabía el argelino sobre Asturias. «La única información que tenía es que Argelia había jugado aquí un partido del Mundial en el año 82». Rabia contaba con una gran ventaja: «Había estudiado castellano como segunda lengua en el colegio y sabía leer y escribir, solo me faltaba practicar el idioma». Esto, sumado a «la gran amabilidad de la gente del norte», hizo que sus primeros años en el país no fueran del todo complicados. «La gente aquí tiene el corazón muy grande y muy abierto, son muy cariñosos».
Con su llegada a Gijón, Rabia tuvo que comenzar de cero su carrera profesional. En Argelia trabajaba como jefe de personal, con ciento veinte personas a su cargo, pero en Asturias sus títulos formativos perdían valor. «Mi primer trabajo fue en un invernadero, plantando lechugas», aunque finalmente terminó dedicándose profesionalmente al mundo de la pintura y la decoración.
Durante estos más de treinta años en Asturias, Rabia ha querido «devolver toda la ayuda que yo en su día recibí». Por ello, desde su llegada ha colaborado con diferentes ONG y fundaciones benéficas. Ha realizado además voluntariado como mediador sociocultural ha tenido grandes repercusiones. «Una de las que más recuerdo ocurrió en 2001. Un niño argelino perdió la vida en un accidente de tráfico en la rotonda de Foro. En aquel momento hice de mediador con sus padres; gracias a ello decidieron donar los órganos de su hijo y pudieron salvar la vida de otros cuatro niños». Además, Rabia ha prestado sus servicios de manera voluntaria como traductor en muchas otras ocasiones: «Hablo francés, árabe y español, lo que me ha permitido hacer de traductor en hospitales, en juzgados, en comisaría; siempre que ha hecho falta».
En el año 2003, Rabia Gaya decidió fundar el Centro Cultural Musulmán de Asturias con el objetivo de «crear un espacio que permitiera darnos a conocer y romper con los estereotipos que había sobre nosotros, sobre la comunidad musulmana». El centro cultural ha llegado a acoger a un total de trece nacionalidades. «Hay gente de muchos lugares: argelinos, marroquíes, senegaleses, pakistaníes… Allí cada uno aporta lo que puede».
Para este argelino afincado en Asturias, el Centro Cultural Musulmán de Asturias es «un escaparate que permite mostrar al mundo la cultura musulmana y la realidad del islam». «Es un medio para hacernos un hueco en esta sociedad y poder vivir, convivir y dejar vivir». Rabia Gaya fue, además, el responsable de abrir la primera carnicería halal del Principado, una iniciativa que le valió un reconocimiento por parte de la Unión de Comerciantes.
Gaya se define a sí mismo como «un hombre de calle», alguien que siempre está ahí para quien lo necesite, porque para él ayudar no es una opción. «Tender la mano al prójimo siempre ha sido mi filosofía de vida. Yo encontré a gente que me ayudó y tenía que hacer lo mismo; tenía que devolver ese favor. Ayudar a los demás es una obligación más». Tanto Rabia como su mujer han colaborado, además, con el colegio San Vicente de Paúl. «Junto a sor Emilia, recogíamos ropa y alimentos para repartirlos entre quienes más lo necesitaban».
El argelino ha llevado también sus actos de solidaridad al deporte, y es que Rabia Gaya cuenta con una extensa carrera como educador deportivo. «Empecé en 1996 en el Manuel Rubio y en el año 2001 pasé a formar parte del Llano 2001», donde desde hace nueve años ejerce como vicepresidente. Gaya puede presumir, además, de que en estos años como entrenador «nunca me han puesto una tarjeta amarilla».
Sus partidos se vinculan también a causas sociales. «En ocasiones, en vez de cobrar entrada, pedimos a los asistentes que traigan comida, ropa o juguetes para hacer que el deporte también sea un entorno solidario». Además, desde el año 2019 dirige el Atlético del Llano 2000, un equipo filial del club gijonés.
A pesar de las recientes polémicas relacionadas con los insultos racista que se dan en algunos partidos de fútbol, durante estos treinta años, asegura Rabia, «el cambio social ha sido muy notorio. Hemos dado grandes pasos en la integración. Tanto mi familia como yo nos sentimos unos asturianos más. Lo importante es hacer el bien».
El argelino, que colabora con la embajada de Argelia en Madrid, ha recibido a lo largo de su trayectoria multitud de galardones y reconocimientos, como el Premio Cimadevilla, otorgado por el Patronato Deportivo a la trayectoria de una vida entregada a la organización, promoción y desarrollo del deporte. Además, también ha sido reconocido en otras ocasiones por su compromiso social y su labor solidaria.