La joven asturiana que vive aislada en una casa en el monte: «Tengo tanto tiempo para esperar a que las cosas lleguen, que terminan llegando»

María Sánchez Condado
María S. Condado REDACCIÓN

ASTURIAS

María García, la joven asturiana que vive aislada en una casa en el monte
María García, la joven asturiana que vive aislada en una casa en el monte

En 2020, en plena pandemia, María García decidió dar un giro radical a su vida: dejó su trabajo y la ciudad de Oviedo para instalarse en una casa abandonada en medio del monte asturiano, donde comenzó de cero un proyecto de vida basado en la autosuficiencia y el contacto con la naturaleza

09 abr 2026 . Actualizado a las 12:43 h.

 Con 26 años, a punto de firmar su primer contrato de trabajo indefinido y en medio de una pandemia, María García decidió cambiar el rumbo de su vida y «salir de la rueda» en la que se encontraba metida. Fue su propia madre quien le insistió en que volviera al pueblo cuando se decretó el confinamiento, sin saber que aquel viaje cambiaría para siempre su forma de ver y entender la vida.

María García se crio junto a su madre y su hermana en Mocín. Cuando se hizo mayor, decidió mudarse a la capital asturiana para estudiar y, tras recorrer varias partes del mundo, eligió Oviedo como su residencia habitual. Allí trabajaba como empleada en Sephora y compartía piso con varios amigos, pero la pandemia lo cambió todo. «Con el confinamiento, mi madre me llamó y me dijo que fuera al pueblo al que ella se había mudado hacía nueve años», recuerda García.

Allí, María descubrió una nueva forma de ver el mundo. «Me di cuenta de que, mientras la gente estaba encerrada entre cuatro paredes, yo podía disfrutar del aire libre y de la naturaleza. La vida en el pueblo continuaba como siempre, aunque con más precauciones». Los días seguían pasando y una nueva forma de entender la vida se abría ante ella. Fue en aquel momento cuando la asturiana decidió abrir su cuenta de Instagram, El Campu y La María, para compartir con sus amigos y seguidores su nueva realidad. «En aquel momento todavía no sabía que me iba a quedar aquí».

En uno de sus paseos por el monte descubrió una casa cubierta por las zarzas. «Casi ni se veía», asegura la joven asturiana, ahora de 32 años. La casa no tenía camino de acceso y parecía llevar años abandonada, pero María sintió que aquella casa era para ella. Decidió preguntar a su madre qué sabía sobre aquel inmueble. «Me dijo que no tenía ni idea, pero que le preguntara al vecino». Dio la casualidad de que la casa era de su primo. «Me dijo que la acababa de heredar y que no la quería para nada. Le ofrecí 8.000 euros y me dijo que sí, aunque finalmente me la acabó vendiendo por 6.000».

María García, la joven asturiana que vive aislada en una casa en el monte
María García, la joven asturiana que vive aislada en una casa en el monte

Comenzaba así una nueva vida para María, alejada del ajetreo de la ciudad y sin necesidad de «trabajar para vivir». «Mi trabajo en Sephora me gustaba, estaba contenta con mi vida, pero cuando llegué aquí comencé a valorar cosas de las que antes no me daba cuenta». María fue descubriendo su nuevo hogar poco a poco: «Primero iba con una vara a quitar las zarzas hasta que un día conseguí llegar hasta la puerta. Después fui encontrando partes de la casa, como el lavadero de arriba o el manantial».

García se mudó a su nueva casa sin agua y sin luz, y allí empezó a aprender a vivir de una forma diferente. La asturiana confiesa que lo que más le costó fue hacer frente a la soledad y a la oscuridad. «No me daban miedo ninguna de las dos cosas, pero nunca me había enfrentado de manera tan directa a ellas. Al principio me sentía rara, pero tenía claro que eran grandes aprendizajes que, si no superaba, no podría seguir viviendo aquí».

Convivir consigo misma pronto se convirtió en un placer. La joven asturiana encontró en esa soledad la calma que tanto ansiaba; lo demás, asegura, «fue llegando solo». En su convivencia con el entorno natural, García aprendió a vivir con lo mínimo, pero también a conocer el mundo que la rodeaba. «No sabía que lo que tenía delante era un avellano hasta que dio avellanas», confiesa.

Un estilo de vida basado en la autosuficiencia

Las formas de sustentarse económicamente también cambiaron para María. Tras renunciar a su trabajo como dependienta, García comenzó a vivir de sus ahorros, aunque pronto encontró nuevas formas de mantenerse. Son cuatro las principales fuentes de ingresos que tiene en su día a día. En primer lugar, su propia mano de obra: «Vivo de lo que tengo en el campo y de mi huerto. Las obras en casa también las hago yo. Al final del día no solo no pierdo dinero, sino que acabo en positivo, porque todo lo que hago es un beneficio para mí».

Además, María ha decidido utilizar uno de los métodos más antiguos para conseguir sustento: el trueque. La asturiana dedica parte de su tiempo a la artesanía y a la creación de joyas, que intercambia con sus conocidos a cambio de otros elementos que pudiera necesitar. «El otro día cambié unos collares por cosmética natural. No es algo imprescindible, pero es una forma de descubrir y obtener nuevas cosas».

Sus redes sociales se han convertido en otro pilar fundamental en su sustento. «Recibo una compensación económica por mis vídeos de YouTube, pero también se ha dado el caso de que algunas seguidoras se han ofrecido a pagarme algunas de las cosas que me hacían falta para la reforma». Por último, la asturiana acepta los regalos de sus conocidos y familiares y asegura que «tengo tanto tiempo para esperar a que las cosas me lleguen, que terminan llegando». «Vivía muy a gusto sin televisión, pero mi madre y mi hermana decidieron comprarse una nueva y ahora tengo tele. Lo mismo pasó con la cocina de gas, que fue un regalo de la madre de un amigo, o la mesa del comedor, que me la dio una conocida».

Ahora, García disfruta de su vida en el campo, aunque continúa manteniendo algunas de sus antiguas costumbres. La asturiana asegura que sigue teniendo relación con sus amigas de la ciudad y que sigue haciendo planes con ellas, aunque ahora «los hago con más conciencia, porque me apetecen y no tanto por inercia».

Para María, volver a la ciudad no es una opción, «al menos por ahora». Aunque a la asturiana no le gusta pensar en el futuro, sí tiene claro que le gustaría formar una familia en el campo. «Aunque soy consciente de que es algo que no depende solo de mí, me gustaría poder encontrar a alguien para quien esto también sea un sueño y poder ampliar los recursos que ahora tengo, teniendo más animales».