Langreo, Mieres, Laviana, San Martín del Rey Aurelio, Lena y Aller sumaron casi un millar de nuevos vecinos en 2025
30 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Contra décadas de retroceso demográfico y de un goteo constante de vecinos hacia la costa y el área central, las cuencas mineras vuelven a erigirse en uno de los grandes motores del crecimiento poblacional de Asturias. Los datos del censo anual difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) con fecha de referencia de 2025 frente a los de 2024, dejan una fotografía llamativa. Los principales concejos del Nalón y del Caudal ganan habitantes y encabezan una recuperación que rompe, al menos en el último año, con la tendencia histórica de pérdida de población en las comarcas tradicionalmente ligadas al carbón y la industria pesada. Langreo, Mieres, Laviana, San Martín del Rey Aurelio, Lena y Aller sumaron vecinos en un movimiento conjunto que tiene un evidente valor simbólico y que apunta a un cambio de ciclo en territorios acostumbrados durante años a leer cifras en rojo.
El caso más destacado es el de Langreo, que pasa de 38.265 habitantes a 38.615, un aumento de 350 residentes en un solo año. También Mieres consolida esa línea ascendente y crece de 36.118 a 36.368 vecinos, con 250 más. San Martín del Rey Aurelio añade 131 habitantes y alcanza los 15.526, mientras que Lena suma 119, hasta situarse en 10.411. Laviana, por su parte, gana 74 vecinos y llega a los 12.393, y Aller, otro de los municipios emblemáticos de la montaña central asturiana, también cierra el ejercicio en positivo, aunque de forma más moderada, con 17 habitantes más y un total de 10.007. La lectura conjunta de estos datos resulta especialmente relevante porque no se trata de un repunte aislado en un solo concejo, sino de una mejoría extendida en el corazón de las antiguas cuencas mineras.
Detrás de esta recuperación pueden confluir varios factores como la mejora de las comunicaciones con el área central, unos precios de vivienda más asequibles que en los grandes núcleos urbanos, la consolidación de servicios públicos, el atractivo residencial para personas jóvenes, y también un flujo de inmigración y fijación de vecinos que hasta hace pocos años parecía improbable.
Más allá de las cuencas, el balance general del padrón refleja que el crecimiento poblacional se concentra en buena medida en el eje central. Oviedo protagoniza uno de los mayores avances absolutos al pasar de 220.027 habitantes a 223.576, con 3.549 vecinos más, mientras que Gijón también sigue creciendo y suma 1.040, hasta alcanzar los 271.259. Avilés añade 252 residentes y se sitúa en 75.915, mientras Siero vuelve a confirmar su pujanza demográfica con un incremento de 483 habitantes, hasta rozar ya los 53.000 vecinos. Corvera también mantiene una evolución positiva, con 163 habitantes más, y concejos como Noreña, Ribadedeva, Llanera, Llanes o Villaviciosa continúan presentando balances favorables.
En el lado contrario, buena parte del occidente y del interior rural siguen mostrando síntomas de desgaste demográfico, aunque en muchos casos con caídas moderadas. Cangas del Narcea pierde 149 habitantes, Castrillón retrocede en 130, Valdés baja en 119 y Navia deja atrás 75 vecinos. También descienden Tineo, Teverga, Cudillero, Salas, Ribadesella o Riosa, mientras pequeños concejos de montaña y del occidente interior como Ibias, Illano, San Tirso de Abres o Taramundi mantienen la tendencia descendente, en una prolongación de la dificultad estructural para fijar población en los territorios más envejecidos y dispersos.
Aun así, el mapa asturiano ofrece matices. Hay pequeños municipios que resisten e incluso crecen, como Coaña, Morcín, Pravia, Proaza, Ribadedeva o Vegadeo, mostrando que el fenómeno demográfico no responde únicamente a una descorrelación entre la costa y el interior.