Patricia García, psicóloga sanitaria: «Cualquier hábito saludable, incluido beber agua, puede volverse dañino si se convierte en una obsesión»

Carmen Liedo
Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Patricia García, psicóloga sanitaria
Patricia García, psicóloga sanitaria

La especialista en trastornos de la conducta alimentaria advierte del auge de conductas compulsivas relacionadas con el consumo de agua y alerta de los riesgos físicos y psicológicos de la potomanía, un trastorno todavía poco visible pero cada vez más presente en consulta

09 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

 Beber agua es una recomendación asociada desde hace años a la salud y al bienestar. Sin embargo, cuando esa práctica deja de responder a una necesidad fisiológica y se transforma en una conducta compulsiva, puede convertirse en un problema con graves consecuencias físicas y psicológicas. La psicóloga sanitaria Patricia García pone el foco en la potomanía, un trastorno todavía desconocido para gran parte de la población, pero que comienza a aparecer con mayor frecuencia vinculado a cuadros de ansiedad, procesos obsesivos y trastornos de la conducta alimentaria. La especialista en este tipo de trastornos explica en la entrevista concedida a La Voz de Asturias que el exceso de agua puede alterar el equilibrio de electrolitos del organismo y derivar en complicaciones severas, aunque advierte de que el principal peligro suele pasar desapercibido: la normalización de hábitos obsesivos disfrazados de rutinas saludables. En una sociedad marcada por las redes sociales, los retos virales y la cultura del bienestar extremo, García insiste en la necesidad de aprender a identificar cuándo una conducta aparentemente beneficiosa deja de serlo. Porque, como señala durante la entrevista, «cualquier hábito saludable, incluido beber agua, puede volverse dañino si se convierte en una imposición u obsesión», por lo que asevera que «más no siempre es mejor. El equilibrio, es mejor».

—A menudo escuchamos o leemos que hay que beber mucha agua. ¿Dónde está el límite entre una hidratación saludable y un comportamiento preocupante?

—Delimitar la línea donde una conducta empieza a ser patológica es uno de los retos de la psicología clínica. La clave no reside tanto en la cantidad de litros, sino en la función que cumple el acto de beber. Una hidratación saludable responde a una necesidad fisiológica (sed). En cambio, el comportamiento se vuelve preocupante cuando el consumo se transforma en una necesidad impulsiva para aliviar la ansiedad en lugar de la sed. Es una señal de alerta cuando esta conducta empieza a interferir en la vida social, laboral o en el descanso nocturno.

—La adicción al agua o potomanía sigue siendo un trastorno bastante desconocido para gran parte de la población. ¿Cómo explicaría de forma sencilla qué es exactamente y por qué puede llegar a ser peligrosa?

—La potomanía hace referencia al deseo impulsivo de beber grandes cantidades de líquidos (habitualmente agua), de forma compulsiva, y sin que exista una sensación de sed fisiológica. El peligro está en que, literalmente, hasta el agua en exceso puede resultar perjudicial: un consumo excesivo de agua puede alterar el equilibrio de los electrolitos en el cuerpo (especialmente el sodio), llegando a la denominada «intoxicación por agua». Esto puede derivar en problemas graves, como un edema cerebral, convulsiones o, en casos muy extremos, llegar al coma. Es común detectar esta conducta en el marco de los trastornos alimentarios, donde el agua deja de ser un elemento de hidratación para convertirse en una herramienta de control (control de lo que se ingiere, control de la sensación de hambre, etc.). Se utiliza tanto para silenciar la sensación de hambre mediante la plenitud gástrica como para alterar el peso en controles médicos, lo que añade un riesgo físico extremo a un organismo ya de por sí vulnerable.

—Desde su experiencia en trastornos de la conducta, ¿qué suele haber detrás de esta necesidad de beber agua sin tener sed? ¿Es un problema puramente psicológico o puede tener un detonante fisiológico?

—Desde mi experiencia en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y ansiedad, lo que observamos es que es fundamental un enfoque multidisciplinar. A nivel fisiológico, deben descartarse patologías como la diabetes mellitus o la insípida, que pueden provocar la sensación de sed excesiva. Desde la vertiente psicológica, es importante aclarar que la potomanía no es una enfermedad independiente en manuales como el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición), sino que suele ser un síntoma de otros cuadros clínicos. Como solemos encontrar la potomanía en consulta, es como una manifestación de trastornos de ansiedad, procesos obsesivos, o también, de forma muy prevalente, una conducta asociada a los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA). En otras palabras, la potomanía no es la raíz del problema, si no el síntoma, la consecuencia o el mecanismo de afrontamiento patológico, de otra problemática más amplia.

Señales de alerta

—¿Qué señales o conductas pueden alertar a la familia o al entorno de que una persona podría estar desarrollando una obsesión con el consumo de agua?

—Tenemos que poner el foco en conductas como si la persona muestra una dependencia significativa de su botella de agua, si sus conversaciones orbitan constantemente sobre la hidratación o si acude al baño con una frecuencia inusual. Una señal de alarma es la aparición de irritabilidad o enojo si se le sugiere que deje de beber; o si la persona se muestra nerviosa cuando se encuentra en un entorno donde no tiene acceso inmediato a líquidos.

—Muchas personas relacionan las adicciones con sustancias como el alcohol o el tabaco. ¿La potomanía funciona a nivel psicológico de forma similar a otros trastornos compulsivos?

—Si analizamos cómo funciona este comportamiento vemos que sigue el patrón de otros trastornos de control de impulsos: el alivio de la ansiedad que siente la persona al beber refuerza la conducta, creando un ciclo de dependencia psicológica. Aunque la sustancia no sea tóxica de por sí, el mecanismo de «recompensa» y la pérdida de control sobre el hábito, son elementos comunes con otras adicciones más conocidas.

—¿Hay algún perfil más propenso a desarrollar esta adicción? Por ejemplo, ¿está relacionado con otros trastornos de la conducta alimentaria o con la vigorexia?

—Existe una relación estrecha con ciertos Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCAs), donde el agua se utiliza para «llenar el estómago», para evitar la ingesta de alimentos, o para facilitar el vómito (en casos de bulimia). En la vigorexia, por ejemplo, el consumo excesivo puede deberse a la creencia errónea de que una hiperhidratación constante mejorará el rendimiento físico o la definición muscular.

—Más allá de las consecuencias físicas, ¿qué impacto puede tener la potomanía en la salud mental y en la vida cotidiana de quien la padece?

—El impacto puede ser muy significativo. La persona vive pendiente de la disponibilidad de agua y de la ubicación de los aseos, lo que puede limitar su vida social y laboral. Esto tiende a generar un aislamiento progresivo, fatiga por la falta de descanso (debido a la necesidad de orinar durante la noche) y un aumento del malestar emocional derivado de la necesidad constante de control.

—Las redes sociales y algunas modas vinculadas al bienestar promueven constantemente retos de hidratación y hábitos healthy. ¿Cree que este tipo de mensajes puede favorecer conductas obsesivas relacionadas con el agua?

-Los mensajes que promueven retos de beber cantidades ingentes de agua para «depurar» o tener una piel perfecta pueden ser el detonante en personas vulnerables, como pueden ser las personas con rasgos perfeccionistas, falta de información o información errónea, con bajo control de la impulsividad, etc. Estas modas, con tal de obtener likes y viralización, a menudo simplifican conceptos de salud y pueden validar y promover comportamientos que, en realidad, pueden ser el comienzo de un problema psicológico (un TCA, un cuadro obsesivo-compulsivo, etc.).

Detección de la potomanía y tratamiento

—Aunque la potomanía no es un trastorno muy conocido, ¿cuál es la realidad de la potomanía en las consultas asturianas? ¿Se ha detectado un aumento de casos en los últimos años o sigue siendo una realidad poco visible en las consultas?

—Aunque no siempre es el motivo de consulta principal, la potomanía suele aparecer como un síntoma secundario asociado a cuadros de ansiedad o trastornos alimentarios. Es posible que haya un ligero aumento debido a la mayor exposición a tendencias de bienestar en redes sociales, aunque sigue siendo una realidad que a menudo pasa desapercibida hasta que aparecen síntomas físicos. También hay que tener en cuenta que, como casi todo problema psicológico, la sintomatología va aumentando gradualmente: cuando la persona llega a consulta, ya tiene «normalizado» el consumo tan elevado de agua. Por lo que el primer paso a trabajar en consulta no es reducir el consumo directamente, si no ayudar a la persona a ganar perspectiva y tomar consciencia del problema.

—Al tratarse de una adicción a un elemento esencial para la vida, como es el agua, ¿cómo se aborda el tratamiento? No se puede proponer la abstinencia total, como ocurre con las sustancias adictivas…

—Al ser el agua un elemento vital, este tipo de adicción no se trabaja con el objetivo de la abstinencia, sino de la reeducación. En mi consulta ?Centro de Psicología Patricia García? lo abordamos desde la terapia cognitivo-conductual: identificamos los pensamientos y/o emociones que evocan la conducta, y enseñamos al paciente a gestionar la ansiedad de formas más saludables (por ejemplo, respiración diafragmática, relajación muscular, etc.), sumado a establecer pautas de consumo controladas y acorde a las necesidades fisiológicas de la persona.

—Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría lanzar a quienes creen que «cuanta más agua se beba, mejor», sin ser conscientes de los riesgos que puede tener el exceso?

—El mensaje que mandaría es que el veneno está en la dosis: más no siempre es mejor. El equilibrio, es mejor. No por beber más agua estamos más sanos; el cuerpo tiene mecanismos muy precisos para regularse y mantener la homeostasis. Escuchar a nuestra sensación de sed real y no forzar el organismo es la mejor forma de cuidarnos, recordando que cualquier hábito, por saludable que parezca, puede volverse dañino si se convierte en una imposición u obsesión. En otras palabras: cualquier hábito saludable que nos encorsete, nos limite, o nos obsesione, pasa a ser un hábito aparentemente saludable pero envenenado.