Punto y final a la «casa de los horrores» de Oviedo: la condena de los padres de los niños encerrados entre basura

ASTURIAS

Fitoria
Fitoria

La sentencia impone 30.000 euros de indemnización para cada menor y prohíbe a los padres acercarse a ellos durante más de tres años

11 may 2026 . Actualizado a las 18:14 h.

El 28 de abril de 2025, los agentes de la Policía Local de Oviedo que cruzaron el umbral de un chalé en la zona rural de Fitoria, a las afueras de la ciudad, se toparon con una escena de pesadilla. En el interior, donde la penumbra era casi total debido a las persianas permanentemente bajadas, se acumulaban basura, restos de comida y excrementos de animales. Allí, tres menores de entre 8 y 11 años sobrevivían en condiciones de abandono extremo: provistos de triples mascarillas pese a estar encerrados, todavía utilizaban pañales y mostraban graves dificultades motrices, como caminar encorvados o una evidente fragilidad ósea por la falta de luz solar. Casi un año después de aquel hallazgo, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Asturias ha dictado sentencia, poniendo fin a un caso que se ganó el nombre popular de la «casa de los horrores».

Fue, en realidad, la sospecha de una vecina la que despertó las alarmas. Muchos vecinos pensaban que la vivienda estaba vacía debido al silencio y a la falta de actividad en el jardín. Sin embargo, la mujer detectó movimientos fugaces tras los cristales y la recepción constante de paquetes de compra online que el padre recogía con sigilo en la valla. Tras el aviso, la Policía Local inició una vigilancia discreta que culminó en una entrada autorizada por la Fiscalía de Menores. Al confirmarse el estado de los niños, los padres —Christian S., alemán de 53 años, y Melissa A.S., estadounidense de 48— fueron detenidos de inmediato. Los tres hermanos, que apenas hablaban español y se comunicaban exclusivamente en inglés, quedaron bajo la tutela urgente del Principado de Asturias. Actualmente permanecen en un centro de acogimiento, donde un equipo multidisciplinar trabaja en su rehabilitación física, psicológica y lingüística, intentando paliar el severo déficit de socialización que sufrieron desde diciembre de 2021.

Durante la vista oral, celebrada a puerta cerrada en marzo de 2026, los padres sostuvieron un relato basado en el «miedo insuperable». Según su defensa, el matrimonio padecía las secuelas del covid persistente y, en un intento radical por proteger a sus hijos, decidió autoconfinarse para evitar que los menores contrajeran la enfermedad. Alegaron ante el tribunal que siempre actuaron «desde el corazón» y en pro del interés de sus hijos, describiendo la situación como una «bola de nieve» psicológica de la que no supieron salir. Sin embargo, la sentencia ha descartado el delito más grave, el de detención ilegal, al entender que la conducta de los padres no estaba dirigida dolosamente a privar de libertad a los niños, sino que obedecía a una «dinámica de aislamiento familiar» motivada por sus fobias. Por este motivo, los abogados defensores, Elena González y Javier Muñoz, se han mostrado «moderadamente satisfechos», aunque estudian recurrir las otras condenas al considerar que el caso debió abordarse desde el ámbito asistencial y no por la vía penal.

Finalmente, el tribunal ha condenado a cada progenitor a un total de dos años y diez meses de prisión: dos años y cuatro meses por un delito de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar y seis meses por un delito de abandono de familia. Esta pena es significativamente inferior a los 25 años que solicitaba inicialmente la Fiscalía. Además de la cárcel, la Audiencia impone una indemnización de 30.000 euros para cada uno de los tres menores por daños morales y decreta la inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad o tutela durante tres años y cuatro meses. Durante este periodo, los padres tendrán prohibido aproximarse a menos de 300 metros o comunicarse con sus hijos por cualquier medio. Mientras tanto, los menores continúan bajo el amparo de los servicios sociales, adaptándose a una nueva realidad en la que, según los informes médicos, han comenzado a respirar con normalidad y a descubrir, por primera vez en años, el contacto con el mundo exterior.