Francisco Javier Gutiérrez, psicólogo: «Durante el proceso de duelo es importante que el entorno nos permita estar tristes y expresar lo que sentimos»
ASTURIAS
El 5 de junio, el psicólogo asturiano presenta su primer libro, «Punto Abreviativo», un poemario que recoge algunas de sus vivencias más personales durante el proceso de duelo por la pérdida de su padre
07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El psicólogo asturiano Francisco Javier Gutiérrez presenta este viernes, 5 de junio, en La Buena Letra de Gijón su primer libro: Punto Abreviativo. Se trata de un poemario en el que el autor refleja cómo afrontó el duelo por la pérdida de su padre tras conocer que padecía una enfermedad terminal. Licenciado en Psicología por la Universidad de Oviedo, Gutiérrez plasma en sus versos algunas de sus vivencias más personales, sin dejar de lado su mirada profesional. A través de una poesía íntima y cercana, el autor recorre las distintas etapas de un proceso de duelo marcado por la enfermedad, la despedida y la aceptación de la ausencia.
En esta entrevista para La Voz de Asturias, el autor explica cómo surgió la idea de convertir esos escritos personales en un libro y reflexiona sobre el papel que desempeña la escritura en la gestión emocional. Además, analiza las distintas formas en las que las personas afrontan la pérdida de un ser querido, desmonta algunos mitos sobre las fases del duelo y aborda la importancia del acompañamiento psicológico cuando el sufrimiento dificulta el desarrollo normal de la vida cotidiana. Desde una doble perspectiva, la personal y la profesional, Gutiérrez ofrece una visión cercana y realista del duelo, reivindicando la tristeza y el sufrimiento como respuestas naturales ante la pérdida y subrayando la necesidad de concederse tiempo para adaptarse a una nueva realidad marcada por la ausencia.
—¿Cómo surge la idea de escribir el poemario?
—Toda la vida me ha gustado escribir porque de alguna manera me ayuda a gestionar mi parte emocional. Lo he hecho siempre sin ningún tipo de interés más allá; nunca me he planteado publicar, aunque sí es verdad que alguna vez participé en algún concurso de relatos, pero de una manera muy puntual. Coincide además que yo, en mi labor de psicólogo, aconsejo a los pacientes expresar las emociones e incluso escribirlas como una manera de gestionarlas. Cuando recibo la noticia de que mi padre está en un proceso terminal y de que va a ser un proceso rápido, utilizo lo que de alguna manera sé hacer y suelo recomendar: escribir lo que siento, cómo me encuentro. Además, siempre fui aficionado a la poesía porque mi padre también escribía y siempre había libros de poesía en casa; muchas veces esa fue la vía que tuve para expresar esas emociones. Lo fui haciendo así durante el proceso de enfermedad terminal de mi padre y, después de su fallecimiento, seguí escribiendo. Muchas personas de mi entorno, algunas por preocupación y otras por curiosidad, me preguntaban cómo llevaba un psicólogo el fallecimiento de alguien cercano y me animé a compartir con algunos de ellos mis escritos. Muchos se sorprendieron, primero, de que escribiera y, segundo, de que leer ese tipo de poesías e ideas que yo plasmaba les ayudara en sus propios procesos emocionales. Empezaron a animarme para que lo publicara y, a partir de ahí, fue cuando me planteé esa idea. Ese fue el principio.
—¿Cómo se llegó a cristalizar la idea de publicar Punto Abreviativo?
—Era fan de Baja Mar, una editorial que está haciendo una grandísima labor en Asturias manteniendo viva la poesía y sacando a muchísima gente adelante. Hablando con César, mi editor, surgió la posibilidad de editarlo y aquí estamos.
—¿Qué transmiten tus poemas? ¿Cómo definirías tu poesía?
—Es una poesía bastante sencilla que intenta describir las emociones concretas que uno vive en un proceso determinado. En este caso, lo que refleja es el proceso de un duelo: primero, la aceptación de que una persona querida va a fallecer y, después, va describiendo escenas concretas de ese proceso de duelo y la posterior aceptación de la ausencia. Es una poesía que no busca grandes metáforas ni está cargada de recursos; es una poesía generalmente de verso libre, que no se limita a una métrica o una rima, aunque sí tiene cierta musicalidad.
—¿Existen distintos tipos de duelo?
—Hay muchos tipos de duelos y cada uno es diferente. Los duelos van a depender, primero, de la forma en la que se producen: si es de una manera esperada, como en el caso de una enfermedad, lo que sería un duelo más anticipado, o si ocurre de forma brusca o quizá de una forma antinatural, como cuando fallece alguien que no debería, por ejemplo, un descendiente. La característica del duelo va a determinar mucho la manera en la que podemos afrontarlo y la dificultad para hacerlo. Una cuestión fundamental es aceptar que el duelo implica aspectos tan normales y pertinentes como estar mal, estar triste, tener menos ganas de hacer cosas, pasar por momentos de cierta amargura intensa e incluso por momentos de ansiedad. El duelo implica pasarlo mal porque se trata de aceptar una realidad: aceptar que la persona no está, que hay una ausencia. Por ello, durante el proceso de duelo debemos entender el sufrimiento como algo natural.
—¿Cómo podemos, como pacientes, abordar cada uno de ellos?
Lo primero sería entender que no se trata de estar bien, sino de que ese proceso natural de duelo nos permita seguir haciendo vida, continuar con el trabajo, los estudios y, en general, mantener más o menos la vida previa. También debemos entender que se trata de un proceso de adaptación en el que algo ha cambiado en nuestra vida: falta alguien, y eso modifica algunas cosas, por lo que debemos enfrentarnos a nuevos desafíos. Es importante que el entorno nos permita estar tristes y expresar lo que sentimos. A nivel psicológico, la expresión es fundamental, es decir, sacar esas emociones de alguna forma: puede ser a través de la palabra, hablando o comentando lo que sentimos, o a veces simplemente a través del llanto, que es una forma estupenda de aliviar las emociones. Por otro lado, es importante que la persona siga valorando las cosas buenas que hay en la vida y continúe haciendo actividades que le resulten gratificantes, además de sus obligaciones de trabajo, estudios, etc.
—Las fases del duelo de las que tanto se habla, ¿son iguales en todos los casos?
—Hay varias teorías sobre el duelo. La más famosa es la de Kübler-Ross, que muchas veces se toma como referencia. Creo que las fases están muy bien porque describen de manera bastante precisa los procesos que suelen darse, pero es verdad que las cosas no siempre suceden como aparecen en los libros. A veces una persona está en una fase, pasa a la siguiente y después vuelve a la anterior. Hay épocas en las que uno se encuentra mejor y, de repente, empeora. Todo es muy variable y, como todo lo humano, muy idiosincrásico. Depende del momento de la persona, de sus circunstancias y de muchos otros factores. Está muy bien conocer esas fases y entender que, al final, uno tiene que llegar a un ajuste, una adaptación y una aceptación de la pérdida. Pero, por otro lado, no debemos interpretarlas de manera literal, como algo exacto o matemático, porque en la vida real las cosas suelen suceder de una forma mucho más compleja.
—¿Cuál es el papel de los psicólogos en los procesos de duelo?
—Como comentaba antes, el duelo es un proceso en el que la tristeza es algo natural, por lo que no tiene por qué tratarse como un problema, ni siquiera como un problema psicológico. ¿En qué momento puede intervenir un psicólogo? Fundamentalmente cuando la afectación genera un malestar muy significativo que repercute de manera evidente en la vida de la persona e impide que continúe desarrollándose plenamente. Ahí es donde el psicólogo puede intervenir, evaluando la situación concreta de la persona, los pensamientos asociados a la pérdida y la manera en que está gestionando el proceso de duelo. En gran medida, el psicólogo desempeña una función de acompañamiento para permitir que la persona, mientras afronta el duelo, pueda seguir adelante con su vida.
—Si el duelo no se afronta de manera adecuada, ¿podría derivar en problemas psicológicos? De ser así, ¿cuáles?
—Sí, podría llegar a derivar en trastornos depresivos, trastornos de ansiedad o incluso en cuadros mixtos ansioso-depresivos. Si la persona, debido al duelo, mantiene durante un tiempo prolongado un estado de bajo ánimo, ansiedad o angustia, existe la posibilidad de que ese malestar se cronifique o se convierta en un problema psicológico de mayor entidad. Esto ocurre, en muchas ocasiones, por las características de la pérdida, especialmente cuando se trata de pérdidas especialmente duras o traumáticas. En esos casos, el proceso de duelo puede llegar a incapacitar a la persona hasta el punto de alterar profundamente su vida: deja de realizar actividades que antes le resultaban significativas, pierde la capacidad de disfrutar de aquello que le gratificaba y aparecen limitaciones que favorecen el aislamiento y el deterioro emocional progresivo. Por eso es importante vigilar la evolución del duelo y pedir ayuda profesional cuando el sufrimiento deja de ser un proceso de adaptación y empieza a convertirse en un obstáculo para continuar viviendo de una manera funcional y satisfactoria.
—¿Existe un tiempo estimado en el que el proceso de duelo se considere «normal»?
—Una vez más, depende. Hay clasificaciones psicopatológicas que hablan de tiempos relativamente concretos; por ejemplo, a partir de los seis meses algunos modelos ya pueden considerar que existe un duelo prolongado. Sin embargo, lo que vemos habitualmente en consulta es que, por lo general, tiene que transcurrir al menos un año natural desde el fallecimiento. Durante ese año, la persona va viviendo una serie de acontecimientos y experiencias que la ayudan a resituar la pérdida. Por ejemplo, son las primeras Navidades, el primer cumpleaños o las primeras fechas señaladas sin esa persona. Digamos que atravesar todos esos hitos facilita el proceso de adaptación y permite empezar a plantearse la posibilidad de continuar la vida sin ella. De hecho, en mi libro, los primeros poemas fueron escritos cuando conocí el diagnóstico terminal de mi padre, mientras que el último poema está escrito precisamente el día en que se cumplía un año de su fallecimiento.