Una madre soltera y cuidadora de su madre con alzhéimer: «Pensé que podría tener problemas con la maternidad en solitario y el problema lo tuve con el cuidado de mi madre»
ASTURIAS
El diagnóstico cambió el rumbo profesional de Marta Álvarez, que pasó del sector del comercio a trabajar como TCAE en la misma residencia en la que vivió su madre
01 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Convivir con el diagnóstico de alzhéimer de su madre no es lo más complicado a lo que Marta Álvarez ha tenido que hacer frente a lo largo de los últimos años. Para esta asturiana, lo más difícil ha sido la incertidumbre frente a las administraciones públicas y la soledad. Marta es madre cuidadora, aunque en esta ocasión no solo lo fue de su hijo, sino que también acompañó durante casi seis años a su progenitora en el proceso de la enfermedad. Lejos de venirse abajo, aprovechó su complicada situación para reinventarse y dar un nuevo giro a su vocación y a su carrera profesional.
Marta Álvarez decidió ser madre soltera siendo consciente de las dificultades que ello suponía. Los primeros años, su maternidad transcurrió con normalidad, pero en 2018, cuando su hijo cumplió siete años, recibió una noticia que lo cambiaría todo: su madre tenía alzhéimer. «Yo se lo diagnostiqué antes que el médico. Es normal que tengas algún despiste, pero no que se te olvide cómo hacer unos macarrones». Desde ese momento, la asturiana pasó de cuidar únicamente de su hijo a acompañar también a su madre en el proceso de esta dura enfermedad. «Pensé que podría tener problemas con la maternidad en solitario, y el problema lo tuve con el cuidado de mi madre».
Convivir con el alzhéimer no es sencillo y, menos aún, «si el proceso para conseguir ayudas es una zancadilla tras otra. Me costó más lidiar con los trámites burocráticos que con la propia enfermedad. Las valoraciones tardan mucho en llegar y muchas veces no reflejan la realidad. El deterioro cognitivo es muy diferente en cada persona; no está igual a las diez de la mañana que a las siete de la tarde. Entiendo que para ellos también sea difícil evaluarlo, pero al final quienes lo pagamos somos las familias».
Además, esta enfermedad no solo la sufre el paciente, sino también quienes le rodean. «La Ley de Dependencia está enfocada únicamente al paciente, pero no a las familias», explica Marta. Tras el diagnóstico, Álvarez decidió dejar de lado su carrera profesional, siempre vinculada al sector del comercio, para dedicar todo su tiempo al cuidado y acompañamiento de su madre. En 2018, tras ser valorada con un grado I de dependencia, su madre obtuvo una plaza en un centro de día. Fue precisamente esa circunstancia la que hizo que la carrera profesional de la asturiana tomara un rumbo completamente distinto.
Con el objetivo de gestionar la situación de la mejor manera posible, comenzó a realizar cursos no reglados sobre cuidados. Aquello le abrió la puerta para descubrir su verdadera vocación: acompañar y ayudar a personas y familias que atravesaban una situación similar a la suya. Finalmente, obtuvo la titulación de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería, una formación que le permitió estar aún más cerca de su madre.
A pesar de la utilidad de los centros de día, Marta asegura que «conciliar en muchas ocasiones es imposible. Tienes que estar pendiente de llevarla al autobús, que cambia la ruta y el horario en función de los usuarios». Además, según destaca la asturiana, el acceso a un centro de día es incompatible con otro tipo de ayudas. «Tienes que decidir si estar con tu madre veinticuatro horas al día, siete días a la semana, con la garantía de que cotizarán por ti en la Seguridad Social para asegurarte un futuro. Pero yo no quiero un futuro; quiero un ahora».
Las circunstancias de Marta y de su madre afectaron inevitablemente a su situación familiar. «Te empiezas a aislar. En mi caso no tenía a nadie más; tenía que llevarlo todo yo sola. Me veía, en ocasiones, diciéndole a mi hijo que no podíamos ir a ciertos sitios porque no tenía con quién dejar a la abuela y, al final, acabas sintiéndote culpable. Dicen que nos aislamos, pero no entienden que también hay que cuidar al cuidador, que nos tienen que arropar, que la familia no siempre está ahí».
Su actual profesión le permitió estar cerca de su madre durante sus últimos meses de vida. Tras trabajar como voluntaria en Cruz Roja, logró una plaza como TCAE en la misma residencia en la que habían ingresado a su madre. «Me tocó la lotería. A partir de ahí vi un poco de luz». Hace ya tres meses que la madre de Marta falleció, pero ella continúa desarrollando su vocación. La asturiana acompaña a las familias y cuida de los residentes no solo desde un punto de vista profesional, sino también desde el más humano. «No solo soy una trabajadora; también soy familiar. Veo ciertas necesidades de las que quizá otras compañeras no son conscientes. Entiendo perfectamente a las familias y todo lo que están pasando. Entiendo ese miedo que tienen a la hora de dejar a sus seres queridos en una residencia, pero tienen que comprender que allí están bien cuidados».
Por otro lado, Marta reclama una mejor gestión por parte de las administraciones públicas, tanto para los cuidadores profesionales como para las personas dependientes y sus familias. «No pueden hablar de una atención individualizada cuando ahora mismo ya no damos abasto. Si no somos capaces de arreglar lo que tenemos, ¿cómo vamos a implantar un modelo que se supone que es todavía mejor? Es imposible porque no somos capaces de abarcar lo que tenemos».