El tiempo adverso en Salas, en Asturias, afectó al grupo de cazaeclipses que llegó a Foz: «Nuestra conclusión es que siempre vale la pena el viaje»

Yolanda García Ramos
y. garcia VIVEIRO / LA VOZ

ASTURIAS

TOM WITT

«Condujimos hasta la cima de una gran colina. Hacía mucho sol, pero entonces llegó un banco de niebla», describió el norteamericano Tom Witt, señalando que «resultó impresionante cuando oscureció»

14 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En medio de nuestra rutina se nos coló un eclipse. Uno total solar. Un fenómeno que asombró incluso a quienes pensaban que no iba a ser «para tanto». Un espectáculo a medio camino entre científico y espiritual que dejó sin palabras, incluso a aquellos que tenían un mar de nubes sobre sus cabezas, en parte de A Mariña, alcanzando unicamente a experimentar la oscuridad total. También indescriptible, erizando la piel y cosquilleando el alma. Otros sí dejaron grabada en su retina (y esperemos que sin daños), y cámaras, los mordiscos de la luna al sol, las perlas de Baily y el anillo de diamante, momento trascendental que permitió percibir la corona solar y hasta una fulguración en el borde del disco. Quizás se despertó en los niños una vocación y al volver al cole en septiembre cuando les pregunten «¿qué quieres ser de mayor?» varios respondan «astrónomo». Alguno lo será.

La cima de Nuestra Señora del Viso, con una espesa niebla en el momento del eclipse
La cima de Nuestra Señora del Viso, con una espesa niebla en el momento del eclipse TOM WITT

Este regalo de la naturaleza se vivió de forma diferente y los mariñanos tuvieron el eclipse en casa. Otros viajaron miles y miles de kilómetros, como el grupo de cazaeclipses de Maryland que llegaba esta semana a Foz y Oviedo. Eligieron el monte del Viso, donde está el santuario de Nuestra Señora del Viso en Asturias, como punto de observación. La fe no ayudó con la meteorología. Un banco de niebla aparecía en el peor momento. «Fue un poco decepcionante pero disfrutamos de un buen almuerzo en Salas y luego condujimos hasta la cima de una gran colina. Hacía mucho sol. ¡Pero entonces llegó un banco de niebla!», lamentaba ayer Thomas Witt. «Aun así _añadió_ el entorno seguía siendo hermoso entre la niebla y resultó impresionante cuando oscureció. ¡La gente aplaudía y vitoreaba!». La mente de un cazaeclipse lanza la pregunta de «y el próximo... ¿para cuándo?». Después de este último ya hay quien se fija en el de 2027, pues España tiene la fortuna de vivir un trío de eclipses, consecutivos. En poco más de un año otro cruzará el sur peninsular. El grupo de Tom se plantea la opción de Tanger en Marruecos, por donde cruzará y llegará a la zona de Luxor en Egipto, siendo el más largo de la historia: casi siete minutos. En A Mariña fueron casi dos. «Nuestra conclusión es que siempre vale la pena el viaje, porque te lleva a un lugar nuevo en este planeta hermoso y alocado», dice Tom.