Daniel López Acuña: «La epidemia de ébola es una crisis humanitaria que debe ser atendida pero su impacto en nuestro territorio es nulo»
ASTURIAS
El epidemiólogo radicado en Asturias pide un mayor esfuerzo para erradicar la enfermedad en la República Democrática del Congo: «La respuesta internacional sigue siendo insuficiente»
27 ago 2026 . Actualizado a las 14:22 h.La epidemia de ébola causada por el virus Bundibugyo que sufre la República Democrática del Congo desde hace más de cien días sigue propagándose y parece que no tiene freno, y a raíz de esta expansión crece la preocupación de si la enfermedad podría viajar a Asturias y convertirse, también aquí, en un problema. A pesar del daño que está haciendo y de lo mucho que se ha extendido en el Congo, no hay motivos para preocuparse por que ocurra lo mismo en España. El epidemiólogo y exdirectivo de la Organización Mundial de la Salud Daniel López Acuña señala, por una parte, que la epidemia, «lejos de estar controlada, sigue propagándose a un ritmo sin precedentes». No en vano, el actual brote de la enfermedad se ha convertido en el segundo con más víctimas mortales y el de más rápida expansión hasta la fecha.
Sin embargo, para el epidemiólogo radicado en Asturias eso «no significa que tenga que constituir una preocupación o amenaza de riesgo epidémico para nuestros entornos europeos, españoles o asturianos; es una crisis sanitaria que tiene proporciones de crisis humanitaria que debe ser atendida pero no es un riesgo pandémico». Su impacto en nuestro territorio, según López Acuña, «es nulo o inexistente» y «lo más que podría suceder seria que tuviésemos un caso importado en cuya situación la persona debería ser aislada y tratada pero el riesgo de diseminación comunitaria seria reducidísimo».
Gran parte del miedo a la trasmisión del virus está en los antecedentes del coronavirus, cuyos impacto todo el mundo conoce. Aquel virus se expandió muy rápido y causó mucho daño, y la tendencia cuando se habla de transmisión vírica letal es a pensar en el que causó la pandemia. Sin embargo, el caso del ébola es bien distinto. Como explica López Acuña, «hay que entender que el ébola no se transmite por vía aérea, que el contagio requiere contacto estrecho con una persona infectada, que si bien tiene una alta letalidad su transmisibilidad, si no hay contacto estrecho, es muy remota». Al no transmitirse por el aire, cualquier brote que surgiera en nuestro territorio se podría controlar mucho más. Las personas serían tratadas y aisladas, y sin contacto con otras personas el virus no se podría transmitir. El caso es bien distinto.
¿Por qué, entonces, está causando tanto daño en África?
Para entender lo que pasa en el norte de la República Democrática del Congo y la zona fronteriza con Uganda y Sudan del Sur, hay que tener en cuenta las circunstancias en las que vive la población. El epidemiólogo recuerda que «el brote ha ocurrido en una zona en la que hay difícil acceso, sin infraestructura y personal sanitario adecuados, con muy difícil acceso para la cooperación técnica y la ayuda humanitaria internacional, envuelta en conflictos bélicos intestinos que generan ataques incluso a instalaciones sanitarias». Entonces, se trata tanto de un problema de transmisión como de falta de prevención y de limitaciones a la hora de evitar el contagio, que hacen que la enfermedad haga mucho más daño del que causaría si hubiera servicios sanitarios adecuados y protocolos bien establecidos.
Hay un antecedente de contagio en España que sirve para dejar claro que el riesgo de transmisión sigue siendo muy bajo. En 2014, Teresa Romero, auxiliar de enfermería del Hospital Carlos III de Madrid, se contagió de ébola atendiendo a dos misioneros repatriados (ambos murieron, y ella se contagió en España). Fue el primer caso de transmisión de ébola fuera de África, y la enfermera sobrevivió tras 30 días de aislamiento. No hubo ningún caso de transmisión secundaria, y el ébola no volvió a aparecer en España. Aun así, aquel episodio reveló fallos en los protocolos que tuvieron su parte positiva: ayudaron a mejorar la lucha contra la transmisión de la enfermedad. Porque a raíz del incidente, se creó la red de Unidades de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN), hospitales de referencia con personal formado e instalaciones preparadas. Todo ello reforzó la detección precoz, el aislamiento y el seguimiento de los contactos de los enfermos.
En cuanto al caso más reciente ocurrido en Europa, fue el pasado mes de junio en Francia. Un médico regresó de la República Democrática del Congo, convertido en el primer caso europeo vinculado al brote actual de Bundibugyo. En este caso tampoco hubo transmisión secundaria; se detectó y aisló a tiempo sin que se propagara. El ébola debe tomarse como una crisis humanitaria que debemos contribuir a solucionar más que como un riesgo para nuestro territorio. Hasta el pasado 22 de agosto se han notificado 5.514 casos y 2.642 muertes, y 1.200 personas recuperadas de la enfermedad. Sin embargo, en opinión de Daniel López Acuña, «la respuesta internacional sigue siendo insuficiente». Eso es lo que debe preocuparnos: que no haya más víctimas, independientemente del territorio en el que estén.