Alberto Valle, psicólogo: «La vuelta a la rutina es un buen momento para plantearse un cambio laboral»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

El psicólogo Alberto Valle
El psicólogo Alberto Valle

El experto en salud mental analiza las causas y los síntomas del estrés posvacacional, además de señalar las claves para que el regreso al trabajo no se convierta en una fuente de malestar

23 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El verano llega a su fin y, con él, también terminan las vacaciones para muchos trabajadores que regresan a sus puestos después de unas semanas de descanso. Atrás quedan los días de desconexión, los horarios más flexibles y el tiempo dedicado a recargar pilas antes de afrontar de nuevo la rutina. Una vuelta que no siempre resulta sencilla. Para algunas personas, incluso, se hace especialmente cuesta arriba. Es entonces cuando aparece el conocido estrés posvacacional. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria estima que afecta aproximadamente al 15% de los empleados, aunque otras estadísticas elevan la cifra hasta situarla entre el 30% y el 63%. El psicólogo asturiano Alberto Valle explica en qué consiste este fenómeno, cuáles son sus síntomas y por qué aparece. Además, ofrece algunas recomendaciones para afrontar de forma más llevadera el regreso al trabajo.

—¿Deberíamos preocuparnos por estas cifras relacionadas con el estrés posvacacional?

—No, no son datos alarmantes. Es un tipo de sintomatología normal ante cualquier cambio. El ser humano siempre reacciona con cierta aversión a los cambios, aun siendo para mejor. En este caso, se trata de volver a algo que ya conoce, a una rutina de la que quiso escapar haciendo uso legal de sus vacaciones.

—¿Qué es realmente el estrés posvacacional?

—Un conjunto de sensaciones, podríamos decir, poco agradables, relacionadas con la incorporación de la persona a su rutina habitual, que dejó una vez que se marchó de vacaciones y durante ese periodo en el que estuvo haciendo un poco lo que quería.

—¿Cuáles son los síntomas? ¿Cómo se suele manifestar el estrés posvacacional?

—En principio, puede manifestarse con cierta irritabilidad y malestar. En algunos casos, incluso pueden aparecer molestias físicas, dependiendo de lo negativo que resulte para la persona aquello con lo que se encuentra a la vuelta de las vacaciones. Puede haber dolores de cabeza o problemas estomacales, aunque esto suele darse en casos más extremos. Lo habitual es experimentar cierta tristeza e irritabilidad, que serían los síntomas más frecuentes.

—¿Cuánto suele durar?

—Suele durar unos pocos días, normalmente dos o tres, dependiendo de si la persona tiene un entorno laboral más o menos agradable y está a gusto con su trabajo. Sin embargo, puede prolongarse algo más si se encuentra en un entorno laboral en el que no se siente apoyada, valorada o a gusto.

—¿Hay trabajadores que son más propensos a desarrollar estrés posvacacional?

—Todos aquellos que tienen síndrome de burnout o están a punto de sufrirlo, así como las personas que sufren acoso laboral, podemos decir que están en el peor punto de partida a la hora de sufrir estrés posvacacional. Tú imagínate que estás en un trabajo en el que sabes que te van a «putear», que te consideran el último mono, no te sientes valorado y tienes problemas de relación con los jefes o con los compañeros. Incorporarte otra vez a eso es como volver a un campo de concentración, y eso repercute de manera mucho más negativa en la salud que en una persona a la que simplemente se le han acabado las vacaciones y tiene que volver de nuevo a la rutina.

—¿Qué medidas pueden tomar las empresas para facilitar la vuelta al trabajo?

—Lo primero es preocuparse de verdad por que exista un buen clima laboral, y no solo de boquilla, porque hay muchísimo maquillaje en todo lo relacionado con el clima laboral. Cuando una empresa se preocupa realmente por ello y sus responsables tienen la valentía de apostar por ese camino, eliminando los mandos que sean tóxicos y también a aquellos trabajadores que resulten especialmente tóxicos o perniciosos para sus compañeros, ya se da un gran paso adelante. A partir de ahí, se puede empezar a pensar en otras medidas.

—¿Es importante que los trabajadores tengan tiempo para adaptarse a esa vuelta a la rutina?

—Se espera que, al principio, el trabajador no esté al 100% desde el primer minuto. Por eso, sí puede haber un periodo de uno o dos días para ir incorporándose y aterrizando de manera suave. Se trata de revisar cuáles son las tareas más importantes que hay que abordar, comprobar si quedó algo pendiente antes de las vacaciones o si algún compañero ya ha avanzado en aquello que quedó sin hacer. En definitiva, lo ideal es que la incorporación sea gradual o paulatina.

—¿Tiene el trabajador que prepararse mentalmente para esa vuelta al trabajo?

—No. Lo que sí es necesario es que la persona se replantee si está en el trabajo en el que quiere estar y si, a lo mejor, tiene que hacer algún cambio al respecto. Como decía antes, si simplemente se trata de estrés temporal porque sabe que va a perder un poco de libertad, pero va a volver a su trabajo de siempre, es algo asumible y podemos entender que cualquiera puede afrontarlo. Pero si hablamos de entornos laborales tóxicos, ahí sí que la persona tiene que plantearse un cambio. A lo mejor tiene que potenciar habilidades que todavía no ha desarrollado, adquirir nuevos conocimientos o formarse fuera de su empresa para ir pensando en dar un giro a su vida laboral. Tiene que plantearse cuánto tiempo más puede seguir en esta situación laboral tan tóxica. A veces se aguanta por la falta de trabajo y acabamos viendo a personas que llegan reventadas a la consulta del psicólogo, con un burnout tremendo, completamente quemadas y ya con muchas dificultades para recuperarse y volver a su puesto de trabajo actual

—La vuelta a la rutina, entonces, es un buen momento para que uno valore si el camino que está siguiendo laboralmente es el correcto o no.

—Sí, exacto. De hecho, el periodo vacacional supone una ruptura con toda esa rutina que llevabas establecida y te permite parar y, en frío, reflexionar y plantearte estas cuestiones: si realmente estás en el sitio adecuado, si puedes hacer algo para salir de ahí, sin necesidad de esperar hasta el último momento y llegar a una situación en la que caigas en una depresión profunda que después te cueste meses y meses superar.

—¿Cuándo se debe pedir ayuda psicológica?

—Cuando notas que los domingos por la tarde aparecen realmente síntomas somáticos, es decir, que ya te encuentras físicamente mal. No se trata solamente de cierto malestar o de pensar «mañana otra vez a trabajar», sino de que aparezcan vómitos, dolor de estómago, dolor de cabeza, problemas para dormir... Todo ese tipo de cuestiones son señales de alarma que están indicando algo. Ya no es simplemente que no estés a gusto en tu trabajo, sino que probablemente haya un problema mucho más grave, como puede ser una situación de acoso laboral. No es bueno esperar hasta el último momento pensando: «Bueno, voy a aguantar, porque todo el mundo aguanta; buscar trabajo hoy en día es muy difícil, casi imposible, así que tengo que aguantar aquí lo que haga falta, porque tengo una familia que mantener». Empiezas a buscar justificaciones y a elaborar argumentos para aguantar, y parece que la opción de acudir al psicólogo, sobre todo en el caso de los hombres, solo aparece cuando todo el mundo te está diciendo que tienes que recurrir a un profesional y cuando tú mismo ya te ves arrastrado porque no puedes más. A veces no tenemos dinero para ir al psicólogo, pero sí para pedir un préstamo para unas vacaciones que nos van a costar 5.000 euros, con la falsa creencia de que esas vacaciones lo van a solucionar todo. Y no. Es un descanso, algo que te viene bien, pero es algo temporal. Si lo que hay de fondo es un problema profundo y sumamente desagradable, como puede ser un caso de acoso laboral o burnout, entonces tienes que plantearte otro tipo de cuestiones y recurrir quizá a un profesional mucho antes de llegar a ese extremo.

—¿Qué mitos en torno a la vuelta al trabajo le gustaría desmentir?

—Es normal que haya cierto estrés o incomodidad cuando nos reincorporamos al trabajo. Está claro que, si durante las vacaciones estás más cómodo, «zanganeando» y paseando, al volver te sometes de nuevo a una disciplina, a una rutina y a unas normas que no decides tú. Eso puede ser normal y no hay que darle muchas más vueltas. Pero si hay algo más de fondo y sabes de sobra que no vas a volver simplemente al trabajo, sino a un «campo de concentración», a un «campo de batalla», a un lugar en el que te sientes realmente así, entonces tienes que tomar otro tipo de medidas. Quizá puedas aprovechar las vacaciones para abrir la mente, acudir a un psicólogo competente que te ayude a entender que realmente no todo es culpa tuya, que hay algo más y que quizá tengas que empezar a plantearte cambios en el ámbito laboral y valorar opciones como la movilidad.