Compran un coche nuevo y llevan casi un año esperando a que se lo arreglen: la odisea de un matrimonio de Morcín

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

ASTURIAS

José Manuel Viqueira y su mujer Elvira
José Manuel Viqueira y su mujer Elvira

«Esperamos llegar pronto a un acuerdo con el concesionario, porque sino iremos a juicio», advierten José Manuel y Elvira, que siguen sin poder disfrutar del vehículo por un defecto de fábrica que continúa sin solución

23 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

José Manuel Viqueira arrastra, desde hace años, problemas de espalda. Ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente hasta en tres ocasiones para tratar las hernias discales que padece. Un delicado estado de salud que le ha obligado a poner fin a su carrera profesional antes de tiempo. «Me tuvieron que jubilar», asegura. Además de la incapacidad permanente absoluta, tiene reconocida una minusvalía del 33%. Como presenta además dificultades de movilidad, este asturiano decidió comprarse un coche para ganar en «autonomía y comodidad». Lo hizo sin imaginar que el SUV deportivo que eligió acabaría convirtiéndose en una fuente constante de dolores de cabeza.

«Tiene un defecto de fábrica que siguen sin arreglar», denuncia este vecino de Santa Eulalia de Morcín, que lleva meses esperando una respuesta y una solución al problema. En realidad, está a punto de cumplirse un año desde que realizó un «importante» desembolso económico por un vehículo que, lejos de facilitarle los desplazamientos, se ha convertido en verdadero quebradero de cabeza. «Fue el pasado 7 de noviembre cuando compré con mi mujer, Elvira, este coche alto y automático, porque en uno bajo veo las estrellas para incorporarme. Y ya el primer día me di cuenta de que algo no funcionaba bien», cuenta.

Tras recibir un viernes las llaves de su nuevo coche, «el modelo híbrido del Peugeot 3008», aprovechó todo el fin de semana para ponerse al volante y disfrutar de su recién adquisición. Sin embargo, no pudo hacerlo plenamente porque en su interior, tal y como asegura, hacía «muchísimo» calor. «No paraba de salir aire caliente por las rejillas de ventilación del lado del copiloto. Al principio, pensamos que era cosa nuestra, ya que, al tratarse de un vehículo moderno, no terminábamos de familiarizarnos con toda su tecnología», dice. Ante esta situación, ese mismo lunes acudieron al concesionario donde lo habían comprado para que revisaran el sistema de climatización.

«Nada más que se lo comentamos al vendedor nos dijo que no había ningún problema, que él lo iba a solucionar en un momento. Sin embargo, cuando se puso a ello se dio cuenta de que no era tan sencillo como parecía. Así que lo llevó hasta el taller. El mecánico le comentó que hasta dentro de unos días no iba a poder revisarlo, por lo que tendríamos que dejarlo en el concesionario hasta entonces. Les expliqué que no podía porque al vivir en un pueblo necesito el coche para desplazarme. Como no tenían uno disponible para dejarme, quedaron en llamarme cuando pudieran ofrecerme uno de sustitución», cuenta.

No fue hasta «finales de enero, principios de febrero» cuando este matrimonio de Morcín recibió la ansiada llamada. «Nos avisaron de que ya tenían un coche de sustitución para dejarnos. Sin embargo, cuando fuimos a recogerlo y a entregar el nuestro, comprobamos que no tenía nada que ver con el que habíamos comprado. En estos casos, se supone que deben facilitarte un vehículo igual, similar o de una categoría superior, pero, bueno, lo aceptamos», cuentan. No habían pasado «ni cuatro días» cuando el concesionario volvió a ponerse en contacto con ellos para comunicarles que el problema podría deberse a «un fallo en la configuración del software».

«Nos explicaron que, para solucionarlo, tenían que desplazarse hasta allí los informáticos de la sede central, en Francia, porque ellos no disponían de los medios necesarios para actualizar el software. Lógicamente, les dijimos que sí, que no había problema en que el coche permaneciese en el concesionario. Creíamos que en poco tiempo estaría solucionado, pero pasó un más de un mes y seguíamos sin saber nada. Sí, que cada poco nos pasábamos por ahí a preguntar y siempre nos decían que estaban en contacto con los ingenieros. Al parecer, no podían tocar el coche sin su autorización», cuentan.

Ante esta situación, pidieron que, al menos, les cambiaran el coche de sustitución por otro que tuviese unas características más similares al que habían comprado. «Nos dijeron que no tenían, que nos teníamos que arreglar con ese», dicen indignados. Se resignaron pero hubo un momento que ya no pudieron aguantar más. «En mayo ya les dí un ultimátum. Les comenté que me iba a ir de vacaciones y que con el vehículo que me habían dejado no iba a viajar. Les insistí en que, al menos, nos prestasen un que fuese automático», detalla José Manuel. En el concesionario acabaron cediendo y les dieron las llaves de «un modelo anterior» al que habían adquirido. «No tenían nada que ver tampoco con el nuestro pero en comparación con el otro no estaba tan mal», reconocen.

Como tenían planeado, se fueron de vacaciones. En mitad del descanso estival recibieron una llamada del taller. Contentos porque pensaban que, al fin, habían encontrado un solución, la alegría pronto se esfumó. ««Se pusieron en contacto con nosotros para decirnos que habían pedido una pieza, porque creían que el problema podía estar ahí», detalla el matrimonio, que ya había determinado que no quería quedarse con el coche. «Un día pasamos por el concesionario y vimos que estaba completamente desarmado, lo habían desguazado por dentro. Estando como estaba, te arreglan una cosa pero te estropean unas cuantas más», dicen justificando así su decisión.

Volvieron de las vacaciones y lo primero que hicieron fue pasarse por el concesionario para tener más noticias del coche. Para su sorpresa, el vehículo seguía en el mismo estado: «sin arreglar». «La pieza que habían comprado no valía. No estaba ahí el problema», dice. Hartos ya de tanto esperar por una solución, presentaron una hoja de reclamaciones. «No la pusimos antes porque nos daba pena de los trabajadores. Sabíamos que les iban a acabar echando la culpa a ellos, cuando no la tenían. Pero no nos quedó más remedio», admiten. A este escrito, la compañía alegó que «el fallo de climatización del habitáculo es un defecto de fabricación».

La comercializadora justificó también que «el fallo no obliga a la inmovilización del vehículo, ya que se trata de un sistema de confort, no de seguridad crítica», según se puede leer enla respuesta a la hoja de reclamaciones.  Una explicación que el matrimonio no comparte. «Es increíble que digan que es solo un problema de confort. Un día fuimos a Gijón y, cuando volvíamos, pensábamos que nos moríamos de calor. Daba igual que pusiéramos el aire acondicionado en la zona del conductor, aquello era una sauna. Dentro habría unos 40 grados porque, aunque teníamos las rejillas bajadas, no paraba de salir aire caliente por la zona de la luna», relata Elvira, quien ha llegado a llorar de la impotencia.

«Tú compras un pantalón o incluso una lavadora y, si está estropeada, te la cambian. Pero, en este caso, que encima nos hemos gastado un montón de dinero, nos dicen que tenemos que aguantarnos», denuncia indignada. «Después de llevar un mes sin saber qué le pasa al coche ni cómo arreglarlo, lo que tenían que haber hecho era matricular otro. Para el concesionario también habría sido beneficioso, porque habría sumado una matriculación más. Este, con el tiempo, se habría arreglado y podrían haberlo vendido como kilómetro cero. No perdían nada y tampoco perdían a un cliente, que es lo que van a conseguir», apunta su marido, harto de esta «tomadura de pelo».

Como seguían sin darles una solución, continuaron haciendo uso del utilitario de sustitución hasta que, «a principios de septiembre», vuelven a recibir una llamada del taller. «Me dicen que tengo que pasar a recoger mi coche. Les pregunto si ya está reparado y me responden que no, pero que puedo circular con él», relata José Manuel, quien, nada más colgar, se puso en contacto con un letrado. «Al día siguiente me presenté en el concesionario con el abogado y les dejamos claro que no íbamos a mover el vehículo de ahí y que, si hacía falta, iríamos a juicio para reclamar la rescisión del contrato de compraventa», precisa.

Al cabo de unas semanas, según cuentan, desde el concesionario vuelven a ponerse en contacto para reclamarles las llaves del vehículo de sustitución. «Les devolvimos, por tanto, el coche que nos habían prestado. Cuando fuimos a entregarlo, nos volvieron a insistir en que sacásemos el nuevo del taller, porque iban a pasar a cobrarnos 45 euros por cada día que estuviese allí», dicen. Evidentemente, allí lo dejaron. «No lo sacamos, primero, porque, si lo hacemos, se van a olvidar de él y, segundo, porque ya no lo queremos. Hemos perdido la confianza en la marca. Si ni siquiera sus propios ingenieros saben solucionar el problema…», justifican.

«Nos da rabia porque, además de haber comprado un coche nuevo que no podemos utilizar, en un primer momento habíamos decidido adquirir un BMW X2. Habíamos ido a la Feria de Muestras de Gijón y, de todos los modelos, fue el que más nos gustó. Pero, de repente, un día pasamos por el concesionario de Peugeot, una marca en la que ni siquiera nos habíamos fijado, y, en cuanto lo vi, me quedé enamorada de él. Tenía todo lo que buscábamos», reconoce Elvira, a quien toda esta situación le genera una gran impotencia. «Tendrían incluso que indemnizarnos por los daños ocasiones, pero, claro, cómo se justifica lo mal que lo llevamos pasando en todos estos meses», apunta, sin ocultar su desesperación.

Pendientes de que les citen para el acto de conciliación, este matrimonio de Santa Eulalia de Morcín hace ahora uso del transporte público para poder desplazarse. «No vamos a alquilar uno porque como mínimo serán 700 euros al mes, más la gasolina, y tampoco vamos a comprar uno nuevo sin saber que va a pasar con este. Así ahora dependemos del bus y del taxi para movernos de un sitio a otro, porque no queremos comprometer a nuestros familiares y amigos», asegura la pareja, que ha visto cómo se esfumaba «la libertad» que tenían. «Esperamos llegar pronto a un acuerdo con el concesionario, porque sino iremos a juicio», advierten José Manuel y Elvira, que han dejado este mes de pagar las cuotas correspondientes a la adquisición del vehículo.