Cuando te quedas sin basura

Imagina que tu bolsa de basura, la negra, pesa y abulta tan poco por la cantidad de residuos que contiene que con que la bajes una o dos veces por semana no tienes más necesidad. No es una utopía. Puede ser una realidad

Bolsas de basura
Bolsas de basura

¿Te has fijado cada vez que haces una compra la cantidad de envoltorios y botes de plástico que desechas? Llenas una bolsa para el contenedor amarillo en un momento. Si separas en origen todo eso, lo dejas de mandar a la bolsa negra, a la que va al vertedero, que se colmata a pasos agigantados por ese empeño que tenemos en seguir usándolo para muchos materiales y envases que se podrían reciclar si los hubiéramos separado en origen. «El espacio de un vertedero es limitado y la Unión Europea nos dice que no podemos seguir usándolo como elemento central de nuestro modelo de gestión de residuos», señalan desde Cogersa.

Y hay además una razón económica doméstica, de esas que afectan a nuestro bolsillo: es por esa bolsa negra por lo que realmente pagas al ayuntamiento en la tarifa de basura, tanto por lo que cuesta recogerla en la calle (los camiones, el personal, los contenedores o cubos…), como por lo que cuesta depositarla en Cogersa, en el vertedero del valle de La Zoreda. Luego, cuanto menor sea la bolsa negra, menor será el impuesto municipal de basura. La colaboración de los fabricantes de productos envasados a través de Ecoembes y Ecovidrio y del sistema del Punto Verde permite que tanto los envases ligeros (latas, briks, botes y botellas de vidrio…), como el papel, el cartón o el vidrio se gestionen sin necesidad de cobrar a los vecinos de cada municipio.

Pero todo esto requiere el compromiso de todas las personas, de seleccionar en origen para no romper esa cadena. Es un esfuerzo fundamental, pero con unas recompensas muy claras, no sólo ambientales. Favorecemos, entre otras cosas, la economía circular. Con nuestros actos, siendo redundantes, cerraríamos el círculo.

Las cifras dicen que para 2020 los países que conforman la UE deberán reciclar al 50% sus residuos. Es decir, que al menos el 50% de lo que generamos deberá ser reciclado, reutilizado o cualquier otra fórmula que permita alcanzar esta cifra y librar, por extensión, de sanciones impuestas desde Europa, como le ocurrió a la región italiana del Lazio, que deberá pagar 40 millones de euros por incumplimiento de compromisos relacionados con esta directrices y especialmente por no haber acabado con los vertederos ilegales. 

Europa quiere que en los estados miembros el vertido sea la última opción, que se viertan los mínimos residuos y a ser posible, nunca de forma directa (siempre con pretratamiento). Para hacernos una idea, en Gijón se está reciclando un 25%, según los datos de la empresa municipal Emulsa; en Sobrescobio, que es el pequeño concejo que está a la cabeza de Asturias en esta materia, también estarían en ese entorno.

Estos objetivos, de obligado cumplimiento, están recogidos en el Plan Estratégico de Residuos del Principado (PERPA) 2017-2024, que obligan a llevar a cabo importantes mejoras en los servicios de recogida separada de residuos, entre ellos la implantación de una nueva línea específicamente dedicada a la captación de los restos orgánicos (fundamentalmente desechos alimentarios) de viviendas particulares, hostelería, mercados de alimentación y comedores colectivos.

De ahí la necesidad de introducir el quinto contenedor, por ahora sólo presente en diez concejos asturianos de los 78 que componen la región, lo que equivale al 14% de la población asturiana. Cada uno con diferentes niveles de introducción y realizándolo de manera diferente. Por ejemplo, Castropol comenzó en 2015 con la recogida en grandes productores (hostelería, comedores escolares) y así permanece desde entonces. En Avilés se realiza en la ciudad y en el Hospital San Agustín. Oviedo de momento está llevando a cabo la educación ambiental, pero su idea es implantarlo en todo el concejo. En Llanera esta recogida atiende al 75% de la población, siendo de momento voluntario: las personas interesadas se apuntan en el programa y se les entrega el cubo marrón. Completan la lista Castrillón, Mieres, Noreña y Sobrescobio, concejo líder en reciclaje.

Otras experiencias en marcha

Mención aparte requieren Gijón, Grao y Candás. En la villa gijonesa la empresa municipal, Emulsa, acaba de ampliar a finales de diciembre la recogida orgánica a la zona oeste de la ciudad (El Lauredal, La Calzada y parte del Natahoyo y El Cerillero), que se suman al Polígono de Pumarín, Nuevo Gijón, Montevil, Viesques y Nuevo Roces. Es decir, que el 25% de la población gijonesa, cerca de 65.000 habitantes, puede reciclar sus residuos orgánicos desde finales de 2018.

Emulsa implantó ya en marzo de 2015 este proyecto piloto de recogida separada de orgánicos que comenzó en el polígono de Pumarín. En 2017, una población de 35.000 habitantes evitó que 491 toneladas de residuos orgánicos fueran enviados al vertedero, transformándose en compost y biogás en las instalaciones de Cogersa. En 2018 la cifra se elevó a 645 toneladas, sumando en tres años un total de poco más de 1.500 toneladas. En cuanto al conjunto de Asturias, las cifras nos dicen que en 2017 se recibieron 930 toneladas, mientras que en 2018 se elevaron a 1.700 toneladas.

A lo largo de este año las villas de Grao y Candás participaron en un proyecto experimental de Cogersa. Se recoge al estilo europeo: se sustituyen dos días de recogida genérica por sólo orgánica con el sistema puerta a puerta, con lo que no se incrementa el gasto, puesto que se utilizan los mismos camiones con este servicio diferenciado. Aunque existe un refuerzo con la instalación de contenedores marrones, que en Candás se abren con una llave, mientras que en Grao es de libre acceso.

En Gijón estos contenedores se abren con la tarjeta ciudadana. Lo que se persigue es controlar que todo lo que se tire en ellos es orgánico. Eso sí, recogido en bolsas. Es decir, que aunque Cogersa reparta pequeños cubos marrones, la basura debe ir en bolsas que serán separadas en la planta de tratamiento.

En el caso de Grao, la experiencia ha resultado «muy positiva», como explica la concejala de Medio Ambiente, María José Miranda, recogiendo unas dos toneladas por día de recogida, los martes y jueves. Este tipo de recogida de momento sólo se lleva a cabo en la villa, tratando de implicar más a los grandes productores como es el caso de los restaurantes, que son los que generan un mayor volumen, mientras que «en la zona rural  las compostadoras funcionan muy bien». Para facilitar el servicio, los nuevos contenedores han sido instalados al lado de los genéricos, atendiendo a una población de cerca de 7.000 personas.

¿Y dónde va toda esta materia orgánica?

Pues junto con los lodos de depuradoras a la planta de digestión anaerobia (biometanización) abierta en 2013 con capacidad para 30.000 toneladas anuales de residuos biodegradables. Una capacidad que se prevé ampliar a 90.000 toneladas aunque en realidad, ahora mismo, las instalaciones están infrautilizadas, puesto que al año se envían menos de 2.000.

La realidad nos habla de que el 34% de los residuos que se depositan en la fracción no reciclable son orgánicos y pueden reciclarse en compost y biogás, lo que disminuiría los residuos destinados a vertedero y aumentaría la tasa de reciclaje.

Ayudas económicas del Consorcio a los ayuntamientos

Para facilitar esta implantación, Cogersa habilita cada año unas líneas de ayudas con un presupuesto de un millón de euros. Con esto persigue apoyar a los ayuntamientos en la cobertura de los costes de puesta en marcha del servicio. Con estas ayudas se pretende cubrir hasta el 50% de los costes de las actuaciones que se van a realizar a lo largo del año, «siempre vinculadas a la adquisición de contenedores y cubos específicos (los contenedores marrones), a la contratación de campañas de publicidad y educación ambiental para fomentar la participación ciudadana e, incluso, a la recogida y transporte hasta el centro de tratamiento de residuos», detalla el gerente del Consorcio, Santiago Fernández.

Además se ha establecido la gratuidad del tratamiento de la fracción orgánica: la biometanización de los biorresiduos. Un incentivo que «permite que los ayuntamientos ahorren unos 20,77 euros por tonelada por el depósito en vertedero», explican desde Cogersa.

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