¿Reciclo en el cubo correcto? Te resolvemos todas tus dudas

¿Los platos van al vidrio? ¿Será plástico o no será este envase raro? ¿Y qué hago con este envase mixto?... Vamos a ver si nos aclaramos de la mano del responsable de reciclaje de Cogersa, Santiago García


Redacción

Tenemos todos nuestros cubos dispuestos para acoger los residuos correctamente, de hecho podríamos ganar el Campeonato del Reciclaje pero… ¿seguro que lo estoy haciendo bien? O ¿por qué a veces estos materiales nos complican tanto la vida? Y es que siempre hay alguna duda que nos asalta a la hora de tirar al cubo adecuado. Con la ayuda de Santiago García, responsable de Reciclaje de Cogersa, vamos a repasar algunas de las dudas más corrientes para separar bien en origen aunque ya nos avisa que, lamentablemente, hay elementos que por el momento no son reciclables. También se da el hecho de que a veces los productores crean el residuo antes de la manera de reciclarlo. Y que no es lo mismo la cantidad generada en un domicilio que en grandes productores que, aunque no sea reciclable, ya se buscará la mejor manera de gestionarlo.

Así que lo mejor es no volverse loco con el reciclaje, intentar reducir el consumo, buscar una segunda vida y atender a una correcta separación en origen de aquellas cosas que aún no se reciclan bien y suponen un volumen importante. Por decirlo de alguna manera, el reciclaje minimalista en plan de un boli o un lápiz acabado representan una parte muy pequeña de los residuos que generamos en casa. Esto que podríamos llamarlo error no es representativo en realidad y no debe ser motivo para obsesionarse o desmotivarse. Lo esencial es que el 40% de la bolsa negra es materia orgánica que debería ir al contenedor marrón, mientras que el 10% es ropa, envases o vidrio, y para todo ello hay una correcta gestión de tratamiento.

 «Hay que fijarse en el símbolo del Punto Verde, que quiere decir que el productor que puso ese producto en el mercado ya pagó previamente para que sea correctamente reciclado. Si lo llevan, está claro que su gestión en reciclaje está asegurada», nos explica Santiago García. Sólo falta que no se rompa la cadena tirándolo donde no se debe.

Pasemos a nuestro consultorio de dudas:

¿Cerámica y vidrio son lo mismo? No, se parecen pero no son lo mismo por ejemplo por el punto de fusión con lo que la calidad del vidrio final llevaría un porcentaje demasiado alto de impropios. «Lo que más fastidia a los recicladores de vidrio, papel y plástico son las cosas parecidas a lo que quieren reciclar. Una lata se diferencia perfectamente bien de un cristal, pero la cerámica estropea el punto de fusión del vidrio», explica García. Así que hay que tener claro que la cerámica donde nunca debe ir es al vidrio: el mejor lugar es en la fracción de inertes o al punto limpio. Da igual si es un plato, un vaso o un tiesto.

Se nos acaba la pasta de dientes, ¿si lo tiro con los envases hago bien? Pues sí, acertaste. Este es su lugar. De hecho puedes separar el tapón y apartarlo para alguna iniciativa tipo tapones solidarios o, si no, depositarlo en el amarillo. Por supuesto que la caja donde viene va al papel. ¿Y con el cepillo de dientes? Porque es plástico (aunque quizás eres de las personas que apuestan por el bambú), pero no lo tengo tan claro… Pues lo primero que se puede hacer es reutilizarlo para limpiar aquellos rincones de difícil acceso, «porque antes está la reutilización que el reciclaje» nos indica el responsable de Cogersa. Pero poco podemos hacer con ellos: su destino correcto es el punto limpio, donde ya se encargan de su correcta gestión.

Y ahora que nos sorprenden días de buen tiempo y volvemos a ponernos al sol, ¿recuperamos las cremas solares del año pasado o las desechamos? ¿Y en este caso qué hacemos con ellas? Partimos de la base que los envases van a los plásticos o al cristal según sea. Pero cuando aún tienen restos aprovechables podemos reutilizarlas. Se supone que los efectos de la protección ultravioleta son para un año (suele indicarlo el propio bote), pero es posible un nuevo uso que fundamentalmente es el aprovechamiento de sus propiedades hidratantes. Y es que este es el uso más importante de estas cremas, además de la protección.

Podemos darles otro uso más, que es como exfoliante si le añadimos alguna textura árida, como puede ser azúcar o sal (y si te apetece, y puedes, machacar los pipos de los albaricoques o melocotones para mezclar también puede ser). De esta manera conseguirás dar una segunda vida a tu crema y los áridos que añadas para dejar tu piel como nueva retirando células muertas y permitir a la epidermis respirar. Pero si no te convence mucho utilizarlas para tu piel por aquello de que caducaron (o perdieron sus propiedades) puedes emplearlas para hidratar productos de cuero o de piel animal tratada, como sofás, bolsos o calzado.

Vamos a subir un poco el nivel y ponerlo más complicado. Ahora nos encontramos con estos envases mixtos: por ejemplo un sobre de papel con la ventana de plástico. Su lugar es el contenedor azul. «Se puede separar a mano en casa, al igual que ocurre con grapas y clics, o las espirales de muelle, pero lo cierto es que en el proceso del reciclaje todo esto se separa: el papel es inmerso en piscinas de agua, donde se deshace y los impropios son separados».

«El problema viene con los plastificados, que no valen ni para un sitio ni para otro, o todos estos papeles o cartones que vienen con ceras o parafinas», nos comenta. Ahora bien, acabamos de comprar carne o charcutería y el papel en el que viene envuelto trae otro pegado de plástico: «si no tiene restos, aunque esté manchado, se puede separar o echar tal cual al papel. O la caja de pizza, llena de grasa: también la puedes echar al papel siempre que no tenga restos de comida».

Las servilletas pueden generarnos duda: si acudimos a algún taller para hacer nuestro propio compost lo más probable es que nos digan que las tiremos. Pero si en nuestra localidad ya hay recogida orgánica puede que nos encontremos información contraria y nos diga que podemos echar. «Una cosa es el compost vegetal, donde solo va la poda, y otro el orgánico. El vegetal que producimos en Cogersa es puro de muy alta calidad. Pero el orgánico que recogemos en las localidades es diferente, con residuos con diferente velocidad de descomposición. En este sí podemos echar las servilletas», aclara García.

¿Será necesario lavar las latas o las tarrinas de los yogures antes de tirarlos a los envases? Pues no hace falta porque el propio proceso de reciclaje ya cuenta con sus propios sistemas de lavado, «nosotros ya jugamos con un porcentaje de impropios. Lo importante es que no lleven restos de comida».

El papel aluminio va a los envases, igual que el film transparente, las chapas de latas y botellas. Otra cosa son los corchos: «los antiguos que eran puros y se podían echar al vegetal u orgánico, o si no a la fracción resto (la bolsa negra), pero ahora hay de muchos tipos y les echan tanto para los aglomerados que no se pueden reciclar. Luego están los corchos de plástico, que irían al amarillo».

Las máquinas del café industriales comienzan a introducir novedades, como la posibilidad de utilizar tu propia taza en lugar del vaso de plástico. ¿Eres de las personas que están abonadas a las cafeteras de cápsula? Cogersa quiere incorporar contenedores especiales en los puntos limpios y Emulsa ya los tiene implantados en los cuatro que gestiona en Gijón. Pero «mientras tengan restos de posos deben ir al contenedor de mezcla», explica García. Y a veces nos encontramos con que los palos del café traen el símbolo del punto verde, así que podemos reciclarlos en el amarillo, junto con los sobres de azúcar, plasticosos por dentro. No es nada raro encontrar ya cubiertos biodegradables, que pueden ser desechados en el orgánico. Y si de lo que te vas a deshacer es de menaje de hogar como cacerolas, sartenes o tapas, toca llevarlas al punto limpio.

Las toallitas higiénicas van al resto sin ningún tipo de dudas, al igual que los tisúes y algodones. Los medicamentos tienen su destino en el punto Sigre que se puede encontrar en todas las farmacias, tanto a medias como los envases vacíos, ya sean blíster o botes. La caja o el prospecto podrían ir al papel, pero lo recomendable es que se gestione también desde el Sigre.

La ropa vieja o rota se puede gestionar a través de los contenedores de textil como los de Cáritas o Humana en lugar de tirarla a la bolsa negra. Tendrá un mejor reciclaje, incluida la reutilización. Que toca renovar material escolar y tenemos bolis que no escriben, lápices canijos y las pinturas destrozadas… Todo eso debería ir también al punto limpio por los diferentes materiales que se utilizan. Una idea, ¿has probado a hacer manualidades decorando con tajadura de las pinturas de cera y fundirlas con calor? Se puede hasta personalizar ropa con ello, pero no te olvides de poner papel de horno entre la pintura y la plancha, no la vayamos a liar. También hay muchas iniciativas sociales en marcha con este tipo de material.

Todos aquellos productos considerados peligrosos como botes de aerosoles industriales, pinturas, disolventes… tienen una gestión correcta a través de los puntos limpios, como os contamos en este reportaje. También hay que tener muy claro que las pilas y los aceites domésticos también se recogen. Los denominados RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos) como neveras, fluorescentes, led, bombillas de bajo consumo… Todos ellos van derechos al punto limpio o en las tiendas donde los venden, que tienen un punto de recogida para su posterior reciclaje. En cambio las bombillas antiguas de filamento no son reciclables, así que su destino es la bolsa negra.

Separar en origen exige un pequeño esfuerzo no tan difícil de asumir, así que hay que superar la manida respuesta de «ya lo separarán en Cogersa». Y sí, somos conscientes de que os mencionamos en varias ocasiones el punto limpio que para productos más o menos voluminosos está más claro (y por favor, no los dejes al lado de los cubos de basura o en las isletas de reciclaje: llama a tu ayuntamiento o al 900 14 14 14, teléfono gratuito del Consorcio). Pero cuando relatamos estas pequeñas cosas como bolígrafos, sartenes o demás, la infraestructura no permite tener los puntos limpios cerca, aunque en el caso de Gijón hay cuatro en la ciudad. Santiago García aconseja «juntar unos bolígrafos, otros plásticos, un aparato eléctrico que no funciona, ropa usada… y hacer con todo un viaje».

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