«Aquellas empresas que no se enfoquen en la economía circular no tendrán futuro»

Meritxell Barroso, gerente de una empresa de consultoría ambiental, explica que las políticas por parte de la UE están enfocadas en este modelo económico y el cambio que esto supone

Meritxell Barroso, gerente de Econi
Meritxell Barroso, gerente de Econi

Redacción

Uno de los grandes errores de la economía circular es tratarla únicamente desde el aspecto medioambiental, cuando se sustenta en tres patas: el medioambiente, la economía y las políticas sociales, según explicó Meritxell Barroso, gerente de Econia, bajo el título Camino hacia la circularidad, ofrecida en el marco de charlas sobre economía circular que organiza la Agrupación de Sociedades Asturianas de Trabajo Asociado y Economía Social (ASATA). Se trata, afirma, de algo «transversal y colaborativo que debe tratarse desde todos los puntos de vista».

Lo que sí tiene claro, y así manifestó, es que no es un concepto de moda pasajero, sino que «ha venido para quedarse. De hecho es una realidad» y advirtió que aquellas empresas que no se alineen con la economía circular no tendrán futuro, sobre todo una vez que las políticas (legislación y estrategia) por parte de la UE están enfocadas a este modelo económico.

Hay que tener claro que «venimos de una economía lineal muy asentada y que ese flujo circular aún no existe, aunque la UE ya comenzara a desarrollar este concepto en los años 70, en un momento de gran crisis económica, donde había una gran demanda de materiales para importar y cada vez más residuos que no se podían gestionar», rememora. Toda esta situación da lugar a un desequilibrio a partir del que se define una circularidad para una Europa que gestionase eficazmente los recursos.

Es en este momento cuando « se empieza a hablar de recursos y no de materiales o residuos, ya que «de cualquier residuo podemos acabar sacando un material para aprovechar, de ahí que se convierta en recurso». Y recuerda que «el concepto de economía circular es que no se debe fabricar nada que luego no podamos reutilizar en parte o en su conjunto, pero el caso es que se pueda volver a reintroducir en la cadena de valor», señala Barroso.

Es el punto de inflexión después de las políticas consumistas tanto de Europa como del resto del mundo del usar y tirar, generando cada vez más residuos que acaban en vertederos o incineradoras y que no se pueden reutilizar. «Era a esto a lo que había que poner freno» apunta. Al pasar de este modelo lineal al circular se introduce una nueva variable, y es que «en todos los procesos intermedios se produzca un retorno de materiales y recursos, haciendo que la cantidad de residuos que llegue al vertedero o la incineradora sea mucho menor», explica la gerente de Econia.

También apunta que gracias a las nuevas tecnologías y la investigación la mayoría de los materiales que llegan a los vertederos se pueden reaprovechar creando lo que se da en llamar «minería del vertedero, de donde se pueden extraer nuevos recursos que se pueden reintroducir en la cadena de bienes y servicios. Quizás no para el mismo uso, pero el caso es no malbaratar y tirar cosas que podemos reutilizar», y apunta a conceptos tales como el reciclaje, la reparación, la remanufacturación y el remantenimiento. «Lo que se intenta con la economía circular es crear productos o servicios que tengan valor también en su mantenimiento», y pone como ejemplo que, a día de hoy, ni siquiera se puede cambiar la batería de los teléfonos móviles, algo que hasta no hace mucho sí era posible. «Tenemos que crear productos donde el mantenimiento sea una posibilidad, junto con la reutilización», hace hincapié.

Como ejemplo pone la gran cantidad de RAEEs (los aparatos eléctricos y electrónicos cuando son desechados) que van a parar a los vertederos porque sale más caro arreglar que comprar. De ahí la importancia de poder reparar, cuando se devuelve el producto al mismo estado en el que estaba, o remanufacturar, un paso más que supone no sólo dejarlo como estaba, sino de más calidad. Se permitiría así reintroducirlos en la cadena de valor.

¿Dónde estamos?

Pues no muy bien parados, ya que España, en el conjunto de la UE ocupa el décimo cuarto lugar en el cómputo de 28 países, teniendo datos de 24, mientras que en un conjunto de 15, de los que se obtuvieron datos de 13 países, se encuentra en el undécimo puesto. Pero por supuesto que esto es mejorable. Esta clasificación, explica Meritxell Barroso, que desde su consultoría trabajan tanto desde la rama de la ingeniería como de asesoramiento a las administraciones públicas en políticas de medio ambiente y economía circular, se hace en base a unos indicadores que penaliza aspectos tales como que España ha basado su economía en la construcción, actividad altamente generadora de residuos.

Pero también llama la atención la posición de países nórdicos de los que siempre se ponen como ejemplo. En el caso de Finlandia sale peor parada que España ya que la inversión privada respecto del PIB en economía circular no es destacable, aunque sí hay mucha inversión pública.

El camino a la circularidad basado en los agentes fundamentales para Meritxell Barroso
El camino a la circularidad basado en los agentes fundamentales para Meritxell Barroso

De modo que, en palabras de Barroso, España está «en un poliedro: sabemos cuáles son las aristas y eso nos permite saber hacia dónde trabajar». En su opinión hay dos puntos muy importantes desde los que trabajarlo: la consciencia y la colaboración. La consciencia es «la capacidad del humano para percibir la realidad y actuar sobre ella», mientras que la colaboración nos permite «ser capaces para transmitir conocimiento. La economía circular es pura y necesariamente colaborativa ya que los agentes necesitan retroalimentarse».

Agentes del cambio

Al hablar de agentes Barroso se refiere a la educación, la ciudadanía, el sector privado y la administración pública, y donde el orden no altera el producto, ya que lo que destaca es la transversalidad y donde el desarrollo sostenible, que «ha desaparecido como palabra de moda, es aquel punto de desarrollo donde los aspectos sociales, económicos y ambientales tienen el mismo peso. Y en ese punto de máxima equidad se encuentra la sostenibilidad. De ahí que la economía circular es una herramienta que nos permite llegar a esa sostenibilidad».

Señala la gerente de Econia que la educación es el agente principal, desde la consciencia y no sólo a las generaciones futuras, sino también a las anteriores y matiza que «la educación se da en casa, es la transmisión de unos valores». Otra cosa es la formación, que debería estar atenta a «formar profesionales en aspectos alineados en economía circular, donde también se contemple la reparación, la remanufacturación y el reaprovechamiento». La investigación es otra de las patas dentro de la educación, fomentando nuevos materiales y modelos de negocio que contemplen el ecodiseño y la ecoinnovación, pensando en el producto desde el inicio.

Barroso concibe, y afirma que así es, a la ciudadanía como la que marca las tendencias de consumo. A través de la conciencia tiene la capacidad de educar, pero también de crear nuevos negocios alienados con la economía circular «y los que no lo sean no tendrán cabida». Esta conciencia ha conseguido que un gran hipermercado permita ir a comprar con recipientes de casa ante la bajada de ventas por el gran uso de plásticos que hacía, señaló como ejemplo.

El sector privado puede considerarse también como un ciudadano en opinión de Barroso, ya que «consume y tiene proveedores. ¿A quién utilizamos como proveedores, a alguien alineado con la economía circular o alguien que no?». Señala que todos los proyectos tienen que ser más innovadores, teniendo en cuenta que todas las políticas de la UE están relacionadas con la economía circular, también muy atenta a las tendencias de mercado. Señaló también la importancia de la trazabilidad, algo que pasa por la digitalización.

Meritxell Barroso durante su charla con la representación de economía lineal y circular en la image
Meritxell Barroso durante su charla con la representación de economía lineal y circular en la image

Por último, «y no menos importante, las administraciones públicas, que tienen una responsabilidad como ejemplo y tractor de todo lo que supone el nuevo modelo de circularidad. La administración pública legitima para crear tendencias y grabar productos que no se pueden reciclar o puede incentivar con una rebaja del IVA en aquellos que sí se pueden», poniendo como ejemplo las toallitas húmedas, «un peligro para el medio ambiente. Se está pensando en grabarlas como producto: si es más cara, se comprarán menos, pero también ese impuesto se puede destinar a su gestión», apunta.

También es competencia de la administración «generar conocimiento apoyando distintos foros y ofreciendo alternativas, criterios y guías para compartir ese conocimiento, no sólo desde los punitivo. Es importante apoyar la investigación, la emprendeduría…» y apostar por las nuevas tecnologías, la transparencia y la comunicación, muy ligadas también al tema circular.

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