Horas de angustia sin final feliz

Una familia buscó durante horas por todos los hospitales a una mujer que, finalmente, fue identificada entre los cinco fallecidos

Psicólogos de Cruz Roja llegan al hospital de San Agustín para prestar apoyo a familiares y víctimas
Psicólogos de Cruz Roja llegan al hospital de San Agustín para prestar apoyo a familiares y víctimas

Había salido de Soto del Barco y se dirigía a Gijón a cuidar a sus nietos. Pero el autobús nunca llegó a su destino. Cuentan sus familiares que le gustaba ponerse en las primeras filas, cerca del conductor, incluso detrás de él, siempre que fuese posible. Así que cuando supieron que era una de las pasajeras del autobús siniestrado y vieron las imágenes del vehículo empotrado contra el pilar del viaducto del futuro acceso al Parque Empresarial del Principado (PEPA) se les encogió el corazón. Se fueron rápidamente al hospital San Agustín. Allí se concentraron los más cercanos y otros allegados que compartín con ellos la desazón de no tener noticias. Preguntaron en el centro hospitalario, a los medios de comunicación, llamaron a los teléfonos habilitados. Nada. No se sabía nada.

Había varios no identificados, dos entre los fallecidos y otro, al menos, en los heridos. Ese fue el hilo de esperanza al que se ataron durante horas. Decidieron, incluso, dividirse. Unos fueron al Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y otros se quedaron en Avilés. Querían que hubiera alguien si les llamaban.

Ya era más de media tarde cuando todos se concentraron en la zona de Urgencias del hospital San Agustín. Los heridos más leves habían recibido el alta. Familiares de los que pasarían la noche en observación ya habían podido verlos. A ellos les llamaron varios agentes de la Guardia Civil de Tráfico. Les pidieron una foto de la desaparecida. La vieron en la pantalla de un móvil y pasaron al interior. Salieron poco después con una confirmación positiva. El grito desgarrador con el que recibieron la noticia confirmó a todos los presentes que compartían con ellos la esperanza de un final feliz que la búsqueda había concluido.

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Susana D. Machargo

El vehículo se empotró contra un pilar en la variante de Avilés, tras llevarse por delante varias señales. Cinco personas perdieron la vida y otras 15 resultaron heridas

El cartero estaba repartiendo el correo en Llaranes Viejo poco después de la una y media de la tarde, cuando oyó el fuerte impacto. Cuando asomó la cabeza a la obra el espectáculo, era dantesco. Él fue junto con algunos conductores que circulaban la Ai-81 uno de los primeros en llamar al Servicio de Emergencias (Sepa). Un autobús de pasajeros de Alsa, que cubría la ruta entre Cudillero y Gijón, acababa de empotrarse contra uno de los viaductos que se están construyendo para facilitar el acceso al Parque Empresarial del Principado de Asturias (PEPA), en Avilés. El vehículo estaba prácticamente partido por la mitad en la parte delantera. El balance, a última hora de la noche, confirmaba los peores presagios. Cuatro pasajeros fallecieron en el acto. Un quinto llegó en parada al hospital San Agustín, pero los esfuerzos del personal sanitario por reanimarlo no surtieron efecto. Además hubo 15 heridos, entre ellos el conductos del autobús, que todavía se encontraba dentro de un quirófano del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) horas después, con un equipo de traumatólogos y cirujanos vasculares intentando salvarle la vida y, fundamentalmente, unas maltrechas piernas. Del resto, varios estaban críticos. Cuatro recibieron el alta a lo largo de la jornada. El resto, entre los que había cuatro críticos, estaban repartidos entre el HUCA, San Agustín y Cabueñes (Gijón). También tuvieron que asistir un ataque de ansiedad. Se trataba de un conductor que se paró a ayudar y que después se vio superado por la situación.

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