El peor accidente de autobús en 20 años tiñe de luto Asturias

El vehículo se empotró contra un pilar en la variante de Avilés, tras llevarse por delante varias señales. Cinco personas perdieron la vida y otras 15 resultaron heridas


Redacción

El cartero estaba repartiendo el correo en Llaranes Viejo poco después de la una y media de la tarde, cuando oyó el fuerte impacto. Cuando asomó la cabeza a la obra el espectáculo, era dantesco. Él fue junto con algunos conductores que circulaban la Ai-81 uno de los primeros en llamar al Servicio de Emergencias (Sepa). Un autobús de pasajeros de Alsa, que cubría la ruta entre Cudillero y Gijón, acababa de empotrarse contra uno de los viaductos que se están construyendo para facilitar el acceso al Parque Empresarial del Principado de Asturias (PEPA), en Avilés. El vehículo estaba prácticamente partido por la mitad en la parte delantera. El balance, a última hora de la noche, confirmaba los peores presagios. Cuatro pasajeros fallecieron en el acto. Un quinto llegó en parada al hospital San Agustín, pero los esfuerzos del personal sanitario por reanimarlo no surtieron efecto. Además hubo 15 heridos, entre ellos el conductos del autobús, que todavía se encontraba dentro de un quirófano del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) horas después, con un equipo de traumatólogos y cirujanos vasculares intentando salvarle la vida y, fundamentalmente, unas maltrechas piernas. Del resto, varios estaban críticos. Cuatro recibieron el alta a lo largo de la jornada. El resto, entre los que había cuatro críticos, estaban repartidos entre el HUCA, San Agustín y Cabueñes (Gijón). También tuvieron que asistir un ataque de ansiedad. Se trataba de un conductor que se paró a ayudar y que después se vio superado por la situación.

Los fallecidos son M.B.M.H. de 55 años, vecina de Soto del Barco; A.P.T.S de 52 años, vecina de Gijón; S.A.G. de 77 años, vecino de Gijón; A.S.G. de 75 años, vecino de Castrillón; y J.E.M.D. de 58 años, vecino de Gijón. Entre los heridos no hay ningún menor y sus edades oscilan entre los 25 años y los 62 años. Tanto el Ayuntamiento de Avilés como el Gobierno del Principado han decretado una jornada de luto por el siniestro. Ambas administraciones han traslado sus condolencias a las familias. Tanto el presidente del Principado, Javier Fernández, como la alcaldesa, Mariví Monteserín acudieron al hospital y fueron informados de primera mano. Monteserín convocó después una junta de portavoces en la que se decidió decretar el día de luto. Este ha sido el peor accidente de autobús en 20 años en Asturias, tras el fallecimiento en Buelna (Llanes) de ocho niños, en noviembre de 1998. 

Las causas y los vecinos

Sobre las causas del accidente todas «las hipótesis siguen abiertas». Son palabras del comandante de la Guardia Civil de Tráfico, Jorge Correas, que estuvo presente sobre el terreno. No obstante, la hipótesis que gana enteros, según las propias palabras de Correas, es que al conductor pudo darle un desvanecimiento o pudo encontrarse mal, ya que se trata de un tramo recto, después de subir una pendiente, en un tramo limitado a 70 kilómetros por hora, en el que un carril de aceleración entronca con la variante de Avilés. También apuntala esta idea el hecho de que el autobús ya se hubiera llevado por delante varias señalizaciones de la obra antes de impactar directamente contra el pilar del viaducto que se está construyendo. La colisión fue tan brutal que se ve a simple vista un pequeño desplazamiento en la parte superior de la columna. Aunque el entorno laboral del propio conductor apunta que había sufrido algunos desvanecimientos, la empresa Alsa asegura que no había sufrido ninguna baja en todo el año 2018 y que había pasado sin problemas un reconocimiento médico sin mayores problemas en el mes de abril. El vehículo, insiste la compañía, también tenía todas las inspecciones técnicas en regla.

Los vecinos de Llaranes Viejo, la pequeña localidad acostumbrada a convivir con los ruidos del tráfico de la trágica variante de Avilés -conocida durante años por el gran número de accidentes mortales que acumuló- y ahora con los de la obras, se dividen entre los sorprendidos que cogieron el móvil para sacar fotos y grabar hasta un vídeo y los que, emocionados, hablan con un temblor en la voz de la impresión que sufrieron cuando vieron la imagen del bus partido. Todos hablan de dos ruidos diferentes. Uno primero, cuando se llevó las señales por delante y el segundo, el impacto definitivo. Salieron a ver qué pasaba, pero sin sospechar la realidad. Varios coinciden en pensar que era algo de la propia obra. Nunca un accidente de tráfico.

El accidente

El Servicio de Emergencias recibió la primera llamada a las 13:40. Un autobús de pasajeros se había empotrado, literalmente, contra el pilar de un viaducto en la variante de Avilés. El vehículo procedía de Cudillero y se dirigía a Gijón pero había parado en Avilés a recoger pasajeros. Pronto comenzaron a circular imágenes que daban cuenta de la magnitud del siniestro. La sala del 112 del SEPA movilizó el operativo previsto para este tipo de siniestro. Informó del suceso a la Policía Local, a la Policía Nacional y al SAMU, que activó dos UVI-Móvil de Avilés y Gijón, dos ambulancias de soporte vital básico de Avilés y un equipo de atención primaria, dos ambulancias convencionales de Avilés, cuatro ambulancias de Transinsa y un Hospital de Campaña del SAMU. También se han activado dos equipos de ayuda Psicosocial de Cruz Roja, uno está en el Hospital San Agustín y otro en el Instituto de Medicina Legal. Allí estuvieron Guardia Civil de Tráfico y los agentes de atestados.

Sobre el terreno se montó con rapidez un hospital de campaña para atender a los heridos. Dentro del autobús había 20 personas, incluido el conductor. Algunos pudieron salir por su propio pie, desorientados. Otros, en cambio, necesitaron de ayuda. Además del personal de Emergencias, un nutrido grupo de conductores se detuvo apartó sus coches y se puso a echar una mano. En el hospital de campaña, los heridos recibían una primera valoración y eran derivados a un hospital o a otro. Así el propio conductor fue remitido directamente al HUCA, donde entró en quirófano con rapidez, dada la gravedad de sus heridas. Otro paciente más fue conducido al mismo centro, con una rotura importante de los huesos maxilofaciales. Un tercero se trasladó a Cabueñes. Cuatro fallecieron en el acto. Sus cuerpos trataron de apartarse discretamente de la escena principal donde gran cantidad de profesionales trabajaron durante las primeras horas con ahínco.

Lo mismo sucedió en el San Agustín. El hospital a donde fueron derivados los restantes. La coordinador de Urgencias, Mercedes Albuernes, y el gerente del área sanitaria II, Enrique González, explicaron que el personal de Urgencias dobló turnos, muchos profesionales llamaron para ofrecer si eran necesarios y otros se presentaron directamente en el centro para colaborar en lo que fuese necesario. En los primeros minutos no se sabía qué cuántos pasajeros podían viajar y mucho menos el número de heridos. Los cuatro que fueron dados de alta en unas pocas horas sufrían todo tipo de cortes, habían perdido piezas dentales y tenían quemaduras en la piel. Una de ellas, Alba Caride, de 25 años, se dirigía a Gijón a comer con su amiga Mónica. «Salí por mi propio pie y pedí el teléfono a alguien que había allí para llamar. Avisé a mi madre y le pedí que le dijera a Moni que no iba a llegar a comer», cuenta tras abrazarse con Moni y el grupo de amigos que la esperaba a la puerta del centro sanitario. No se enteró de nada hasta el momento del impacto, porque iba con el móvil en la mano. Después sí es consciente de los gritos y los lloros entre el resto del pasaje.

Otros cuatro pacientes han quedado en observación aunque su estado no reviste gravedad. Una de ellas es la gijonesa Susana García, que está noqueada por lo sucedido pero que solo tiene ocho puntos en una pierna y diversos golpes y magulladuras. Su marido, José Luis Cabreriza, cuenta que iba sentada dos asientos por detrás de la puerta trasera del autobús, también con el móvil en la mano. Sin embargo, esta pasajera sí que notó que algo raro pasaba. Como mínimo escuchó el impacto contra las vallas de obra. Sin embargo, su familia prefiere hablar con prudencia. «Hay una investigación abierta y será la Guardia Civil la que tendrá que decir qué es lo que pasó», argumentan.

  

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