«Pensé que se había caído el viaducto»

Los vecinos de Llaranes creyeron que el ruido era de la obra que llevan sufriendo desde hace meses y no un trágico accidente


Redacción

«Oí un golpe. Más bien dos. Primero como de chapa y luego ya un ruido fuerte. Pensé que era de las obras. Creí que se les había caído el puente. Cuando me asomé ya vi el autobús empotrado». La casa de Juan Montero, en Llaranes, en una zona llamada Llaranes Viejo, está en primer línea en la variante de Avilés. Sus ventanas dan a la carretera. Para acceder a su casa desde Avilés hay que pasar por debajo de la variante y subir por una pequeña carretera local repleta de baches. Dos casas más abajo, por debajo del nivel de la calzada, Luis Vega trabajaba en la huerta. Oyó también dos ruidos diferentes y también pensó que era la obra. Al acercarse ya se encontró al cartero, que justo estaba repartiendo el correo, llamando al Servicio de Emergencias. «Había gente colgando de las ventanillas hacia afuera», lamenta. Una valla separa el pueblo de las obras, así que ninguno de los dos saltó al otro lado.

Sergio López salía a correr poco después de la una y media. Había quedado con un amigo para entrenar. Estaba solo en casa, una vivienda un poco retirada de la carretera, en segunda fila. Escuchó el impacto y en lugar de subirse al coche, que era lo que iba a hacer, salió de su jardín en dirección a la Variante de Avilés. Todavía temblaba contándolo, seis horas después. Sergio López también recuerda al cartero llamando. Ya habían parado varios conductores. Se puso tan nervioso y sintió tanta impotencia de no poder hacer nada que terminó yéndose con su amigo. No pudo entrenar. Se dedicaron a seguir por redes y en los medios digitales lo que estaba sucediendo, cómo iba subiendo el trágico recuento de víctimas. Trata de espantar las imágenes pero resulta difícil.

Es más sencillo para María Jesús Arias. Cuando llegó a casa ya había pasado todo. Estaba en el trabajo y se enteró porque la llamó su cuñada. «¿Viste lo que ha pasado delante de tu casa?, me dijo. Entonces, entré en los periódicos, miré las fotos y ya vi hasta mi casa. Era justo delante», recuerda. Está impresionada pero, al menos, no ha tenido que vivirlo en primera persona.

Los cuatro son vecinos de Llaranes, el pueblo más cercano al lugar exacto en el que un autobús de Alsa que cubría la línea entre Cudillero y Gijón se empotró contra un pilar del viaducto que se está construyendo para facilitar el acceso al Parque Empresarial del Principado (PEPA). En el siniestro, cinco pasajeros perdieron la vida, cuatro en el acto y otro en el traslado al hospital de San Agustín. Entre los 15 heridos iniciales, cuatro recibieron el alta por la tarde pero, al menos, otros cuatro se encuentran en estado crítico. Uno de ellos es el conductor del autobús.

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Susana D. Machargo
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El vehículo se empotró contra un pilar en la variante de Avilés, tras llevarse por delante varias señales. Cinco personas perdieron la vida y otras 15 resultaron heridas

El cartero estaba repartiendo el correo en Llaranes Viejo poco después de la una y media de la tarde, cuando oyó el fuerte impacto. Cuando asomó la cabeza a la obra el espectáculo, era dantesco. Él fue junto con algunos conductores que circulaban la Ai-81 uno de los primeros en llamar al Servicio de Emergencias (Sepa). Un autobús de pasajeros de Alsa, que cubría la ruta entre Cudillero y Gijón, acababa de empotrarse contra uno de los viaductos que se están construyendo para facilitar el acceso al Parque Empresarial del Principado de Asturias (PEPA), en Avilés. El vehículo estaba prácticamente partido por la mitad en la parte delantera. El balance, a última hora de la noche, confirmaba los peores presagios. Cuatro pasajeros fallecieron en el acto. Un quinto llegó en parada al hospital San Agustín, pero los esfuerzos del personal sanitario por reanimarlo no surtieron efecto. Además hubo 15 heridos, entre ellos el conductos del autobús, que todavía se encontraba dentro de un quirófano del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) horas después, con un equipo de traumatólogos y cirujanos vasculares intentando salvarle la vida y, fundamentalmente, unas maltrechas piernas. Del resto, varios estaban críticos. Cuatro recibieron el alta a lo largo de la jornada. El resto, entre los que había cuatro críticos, estaban repartidos entre el HUCA, San Agustín y Cabueñes (Gijón). También tuvieron que asistir un ataque de ansiedad. Se trataba de un conductor que se paró a ayudar y que después se vio superado por la situación.

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