Verano Azul

Artículo de opinión de @fubolistic

Saul Aaron Horizontal.Saul y Aaron se abrazan tras un gol del Real Oviedo
Saul y Aaron se abrazan tras un gol del Real Oviedo

Oviedo

Una vez le comentaron a Jorge Valdano que, pese a ser ‘Menottista’, había salido campeón del Mundo con Bilardo. «Vamos a poner las cosas en el lugar que corresponde -respondió-. Yo diría que salí campeón del Mundo con Maradona».

Quizá el trabajo del entrenador sea facilitar un contexto adecuado para que los jugadores determinantes, -sin necesidad de que sean Maradona-, puedan marcar la diferencia. Ese es el mérito que tuvo Bilardo, que no es poco.

Uno se imagina a Anquela en julio tratando de crear una estructura que favoreciese la aparición en ventaja de ‘los buenos’. Contaba con Diego Fabbrini, un especialista en jugar por detrás del punta. El ‘trequartista’ italiano iba a ser al Oviedo lo que Samu Saiz al Huesca. En las bandas estaban Saúl, al que ya conocía de su etapa en Alcorcón, y Aarón, que venía de hacer un buen año en Tenerife. Todos ellos por detrás de Toché, que llevaba tantos goles en dos temporadas como años tenía: 34. Ni tan mal.

Pero el fútbol se parece tanto a la vida que nada sale nunca como te imaginas. Ya sabemos lo que pasó y durante los primeros 12 partidos, el equipo tenía mejores sensaciones que resultados. Y también había un problema: eran muy vulnerables atrás. «Con la primera ventana abierta cogemos un resfriado», dijo el míster tras palmar 2-0 en Alcorcón. Así que Anquela trató de mejorar el contexto de Saúl y Aarón, ‘los buenos’. Los liberó de ir tan hacia atrás colocando un carrilero con recorrido. Mossa y Diegui volaban.

Algo hizo clic y, en la segunda parte contra el Lugo en el Tartiere, nacía el Oviedo de los 3 centrales.  El primer «update» había solucionado muchos de los fallos del primer tramo. Se mejoró en todos los aspectos. La estructura parecía ideal para la presión en campo contrario y a partir de ahí, unas veces Saúl y otras la estrategia, te hacían llevarte el gordo. Se salió de Huesca y Vallecas con dos empates que sabían a poco. Se mereció ganar ante dos de los gallitos de la categoría. Se le remontó al Sporting en el Tartiere y se llegó a Cádiz a pelear por puestos de ascenso directo.

Pero, a veces, sucesos inesperados alteran el curso de los acontecimientos. La dolorosa derrota en Cádiz inoculó las dudas en el equipo. Los rivales ya conocían las virtudes del Oviedo y las contrarrestaban. Evitaban el juego en campo propio, aprovechaban la espalda de los carrileros, vigilaban la zona izquierda carbayona, concedían poco en la estrategia. Un ejemplo fue el empate a cero contra el Albacete. El equipo perdió ritmo y coordinación en la presión y lo anímico contagió a lo físico: 3 victorias en 13 partidos en 2018. 

Cambiar para ser mejor

A finales de los años 40, enfermo de tuberculosis, el escritor Albert Camus salió de París en busca del sol y la calidez de su tierra natal, Argelia. Era el mes de diciembre y lo que encontró no era precisamente lo que recordaba de su infancia. Aun así, se dio cuenta de que en su memoria seguía vivo el amable recuerdo de sus años de juventud. Entonces escribió: «En lo más profundo del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí se encuentra un verano invencible».

Parece que la estructura que tanto ayudó al equipo en invierno, ya no sirve en primavera. Pero en este equipo late siempre el recuerdo de un verano invencible. Es necesario que el entrenador azul se replantee las carencias actuales, porque como dice Neil Gaiman, «ser mejor equivale a haber cambiado muchas veces». Volver a la idea que un cruzado rompió en julio, puede ser la última oportunidad para que este equipo consiga sus objetivos. Anquela debe poner las cosas en el lugar que les corresponde. Mejorar la propuesta juntando a los buenos nunca es un mal plan. A estas alturas, lo más arriesgado es no arriesgar.

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