La enésima oportunidad perdida

Tenerife, como antes Zaragoza, Córdoba o León, fue testigo de la capitulación del Real Oviedo

Nano Mesa remata por encima de Carlos Hernández y Folch
Nano Mesa remata por encima de Carlos Hernández y Folch

Oviedo

Está claro que en las ligas de 42 partidos, los objetivos no se dejan de alcanzar en la última o la penúltima jornada. Los campeonatos de la regularidad se llaman así por algo y hay que retroceder hasta la primera jornada para ir conociendo las causas de la consecución o no de un resultado positivo. Pero sí existe un partido que actúa de punto de no retorno. Ese encuentro en el que todos los sueños acaban derrumbándose definitivamente. Tenerife, que se une a Zaragoza, Córdoba y León, fue ayer testigo de la enésima oportunidad perdida por el Real Oviedo, la cuarta desde que regresó al fútbol profesional en 2015.

Estos cuatro encuentros tienen algo en común: en ellos se reflejó a la perfección las carencias de juego que durante toda la temporada había arrastrado al Real Oviedo. Ni esa fuerza intrínseca del último aliento ni la precaria situación de su rival (el Zaragoza de la 15/16 fue el único de estos rivales que no se jugaba el descenso) sirvieron para sacar un resultado positivo. 

En dicho encuentro de Zaragoza, el conjunto carbayón entrenado por David Generelo dependía de sí mismo para optar al playoff en la última jornada. Si ganaba en La Romareda en aquella jornada 41, una victoria ante Osasuna en la última fecha del campeonato hubiera dado muchas opciones al equipo azul. No fue así y los rojillos visitaron el Carlos Tartiere para jugar ante un Oviedo ya derrotado, algo que les vino bien para golear y meterse ellos en la promoción.

Un año después, con Fernando Hierro al mando, la irregular temporada azul se asomó al precipicio de manera definitiva en Córdoba. Era la jornada 40 y, si los azules vencían a aquel equipo que entonces estaba a tres puntos del descenso, se colocaban a tiro de playoff. La victoria conseguida ante el Sevilla Atlético la semana siguiente hubiese hecho el resto. Pero se volvió a fallar.

Ya con Juan Antonio Anquela, León fue testigo del partido clave. La Cultural se jugaba el descenso y los tres puntos le daban al Real Oviedo el quinto puesto. Los locales fueron mucho mejores y los azules se mostraron incapaces de arañar un buen resultado, algo que les llevó a depender de una carambola imposible, y que estuvo a punto de producirse, en la última jornada.

Ayer, en Santa Cruz de Tenerife, el Real Oviedo jugó un encuentro que el oviedismo ya había visto. Un encuentro en el que los jugadores quieren pero no pueden, en el que se confirman las malas sensaciones que el césped ya había sacado a relucir en meses anteriores. Si se hubieran sumado los tres puntos, el empate del Cádiz en Granada habría dejado fuera del playoff al equipo azul, pero por lo menos seguirían vivos de cara a la penúltima jornada y con esa sensación de haber ganado una final. No fue así y el cuento se repitió. Toca reflexionar.

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