La Pizarra: Irreconocibles

Analizamos en cinco claves la derrota del Real Oviedo ante la UD Las Palmas

Javi Rozada durante el UD Las Palmas-Real Oviedo
Javi Rozada durante el UD Las Palmas-Real Oviedo

Oviedo

Cuesta reconocer en el Real Oviedo que cayó el domingo ante la UD Las Palmas a aquel equipo que en octubre dejó varias actuaciones esperanzadoras. O el mismo que, aun perdiendo claramente en Huesca, ofreció un primer tramo muy meritorio en el campo de uno de los máximos aspirantes al ascenso. El retroceso que se comenzó a apreciar en aquella segunda parte y que siguió su curso en el derbi, alcanzó su cénit en el Estadio de Gran Canaria. Finales de noviembre ya no son fechas para mostrarse irreconocibles. 

El 1-0 de siempre y el cambio de planteamiento

Más de tres meses de competición y el Real Oviedo sigue encajando el mismo gol. En cuestión de tres minutos, el guion del encuentro cambió drásticamente merced a un tanto inexplicable pero que se viene repitiendo una y otra vez. Esa falta de contundencia y saber en hacer en situaciones defensivas básicas está matando al conjunto azul. Mal despeje de Sangalli primero y de Javi Fernández después, y regalo de Lolo a Narváez. El partido no había empezado y el Oviedo ya lo estaba perdiendo.

A partir de ahí, el plan de Rozada siguió en marcha. Los azules no fueron ese equipo agresivo, que no tiene miedo a presionar junto y muy arriba y que basa su fortaleza en campo rival en una presión tras pérdida contundente. Nada de eso. Esperaron más atrás de tres cuartos, con un 4-4-2 en el que Ortuño y Borja fueron precavidos. Si apuestas por esto, la distancia entre líneas debe ser mínima y los pases filtrados por dentro una misión imposible para el rival. Pero no. Los canarios, que colectivamente tampoco demostraron ser nada del otro mundo, encontraban muy fácil a un Viera que hizo lo que quiso en todo momento.

El intento del Real Oviedo

Como decíamos antes, Las Palmas tampoco es un equipo que esté para mucho y tras el 1-0 no consiguió dominar a un Oviedo que, poco a poco, intentaba hacer daño a su rival. Como casi siempre en el último mes, Borja Sánchez era el responsable de cualquier amago de los azules cerca del área rival. El ovetense, recibiendo en situaciones de desventaja (los inicios de juego azules desde la primera línea siguen siendo deficientes), salía del apuro y generaba espacios para el resto de sus compañeros.

Así, con Bárcenas cayendo a la espalda del lateral diestro local, y Sangalli y Omar Ramos combinando en banda derecha, los de Rozada se acercaron tímidamente, pero Ortuño, acompañado en casi todos los centros laterales por un Lolo muy descolgado, no cazó ningún balón. La presión visitante, al ver que los canarios no conseguían salir de manera limpia, adelantó sus líneas y los de Mel sufrieron, pero el guardameta Vallés no fue exigido.

Las imprecisiones y la espalda del doble pivote azul

El doble pivote formado por Sergio Tejera y Lolo González jugó, seguramente, su peor partido del curso ante el jugador de la categoría con más capacidad para castigar ese tipo de actuaciones. Jonathan Viera se puso las botas a la espalda de la pareja carbayona, imprecisa y mal colocada, superando dicha línea de presión con amagos, controles orientados o recortes. Un repertorio infinito que, unido a la inoperancia azul, valió para ir volcando el juego al área de Champagne.

Las imprecisiones en campo propio, otra de las grandes condenas de este Real Oviedo, hicieron el resto. Minutos antes de encajar el 2-0, una pérdida entre Christian y Tejera tras un saque de banda en el flanco izquierdo acabó en ocasión para los locales. Y así llegó el gol de Viera. El Oviedo aprieta mal en un saque de banda en el centro del campo (sí, más allá de la medular), Tejera deja vendido a toda la línea defensiva y la estrella canaria, a pase de su fiel escudero Pedri, puso el 2-0. 

El cambio de esquema

Tras el descanso, Rozada sacó del campo a Tejera y a Omar Ramos, desaparecido salvo en contadas excepciones, y con la entrada de Mossa y Jimmy cambió el esquema. Por primera vez desde su llegada al primer equipo, formó con tres centrales y dejó los carriles a Sangalli y Mossa. Solo hicieron falta un par de minutos para confirmar del todo que el retrasar al '8' azul al lateral no fue una buena idea.

El donostiarra, parte fundamental del ataque carbayón por su dinamismo y capacidad de aparecer en cualquier sitio, dio al Oviedo más presencia en campo rival. Los azules mordían en la derecha y finalizaban en izquierda, pero los no pocos centros que puso Mossa en ese tramo del encuentro no encontraron rematador.

Otro final para olvidar

Como en Málaga, Huesca o ante el Sporting, el último tramo del encuentro del Real Oviedo fue un despropósito. Las Palmas se asentó en campo rival y el festival de Pedri y Viera siguió su curso: conducciones, pases al espacio, continuas situaciones de igualdad numérica... Mientras, Ibra entró por Ortuño, pero el senegalés no gozó ni tan siquiera de un amago de ocasión.

Viera clavó la falta a la escuadra y sentenció un partido que maquilló Bárcenas tras un gran pase de, cómo no, Sangalli. Con noviembre ya finalizado (el encuentro en el Tartiere ante el Rayo será el 1 de diciembre), el Real Oviedo no se puede permitir otro encuentro como el del domingo en Las Palmas. Ya no. Además de la vuelta de Saúl, ya no es que Javi Rozada tenga que pulir el equipo que estaba creando, que también, ahora se trata de impedir que todo lo construido se venga abajo. 

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