De vuelta a las profundidades

Sobre la derrota del Real Oviedo en Las Palmas y el rumbo, institucional y deportivo, del club carbayón

Christian, Champagne y Bárcenas, después del 1-0 de la UD Las Palmas
Christian, Champagne y Bárcenas, después del 1-0 de la UD Las Palmas

Oviedo

En el fondo esto es lo normal, ¿no? Los motivos para pensar en un posible descenso al infierno son tan numerosos y evidentes que no debería sorprender lo que sucedió ayer en el Estadio de Gran Canaria. Una estructura deportiva inexistente, un vacío de poder "resuelto" por figuras hasta ahora invisibles y un máximo accionista que da por hecho objetivos que comienzan a ser inalcanzables.

Que, tras todos los hechos citados, el primer equipo del Real Oviedo sume en Las Palmas su octava derrota del curso, encadene cinco encuentros sin ganar y muestre una imagen difícilmente compatible con la Segunda División es lo más cercano a la coherencia que se ha visto últimamente en el mundo del fútbol. 

Centrándonos solamente en el balón, el Real Oviedo mejoró con la llegada de Javi Rozada allá por mediados de septiembre. Y eso es innegable. Tras dos meses perdidos, uno de competición y otro, seguramente el más importante, de trabajo diario, el equipo carbayón volvió a ser eso, un equipo. 

De mostrar la peor imagen desde el regreso al fútbol profesional en 2015 a ser un equipo capaz de competir ante cualquiera. Independientemente del número de victorias, ese fue el gran mérito de Rozada. Por eso la vuelta a las profundidades puede ser una puñalada mortal. Porque, aunque todo lo externo te empuja hacia una situación similar a la que vive el Deportivo de La Coruña, lo del césped estaba salvando la papeleta. O por lo menos estaba intentándolo. 

Levantarse en septiembre es lo normal. Hacerlo en diciembre, tras 17 partidos jugados y a solo 25 del final, ya es más complicado. La baja de Saúl Berjón terminó de confirmar unos problemas que, incluso en la mejor versión de este equipo, se podían percibir. Ni falta de intensidad ni nada por el estilo. El Real Oviedo está jugando mal y no pasa nada por reconocerlo. Solucionarlo es el deber del cuerpo técnico y, seguramente, sea el menor de los problemas que tiene el club ahora mismo, pero la reacción debe ser inmediata. 

Desde la entidad no recibe, ni seguramente recibirá, asistencia médica. Todo lo contrario. La estructura, cuya función vital es aguantar el chiringuito cuando lo del césped no va bien, no existe. Están solos y no hay visos de que eso vaya a cambiar. Salvar la categoría sería llevar la contraria al rumbo establecido por la entidad, pero no queda otra que asumir ese reto. 

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