La Pizarra: Rumbo difuminado

Analizamos en cinco claves el empate del Real Oviedo ante el Huesca

Javi Rozada durante el Real Oviedo-Huesca
Javi Rozada durante el Real Oviedo-Huesca

Oviedo

Cosas de este deporte, el Real Oviedo que cayó en El Alcoraz hace poco más de dos meses jugó e interpretó mejor aquel encuentro que el Real Oviedo que, también ante el Huesca, sacó un punto el pasado domingo en el Carlos Tartiere. Los carbayones, que se están acostumbrando a no faltar a su cita con la apatía en el municipal ovetense, volvieron a demostrar que, últimamente, no hay partido en su feudo en el que no muestren sus vergüenzas futbolísticas. 

Un inicio imponente del Huesca

Desde el primer minuto del encuentro, el Huesca quiso dejar claro que, actualmente, juega en una liga diferente a la del Real Oviedo. La puesta en escena fue perfecta, saliendo fácil desde atrás, combinando por dentro y encontrando soluciones en posiciones exteriores. Solo fallaba el último pase.

Míchel planteó un inicio de juego en el que los dos centrales y uno de los laterales, unidos a un Mosquera que ejercía de vértice, eran demasiado para la presión de Ortuño y Borja Sánchez. El Huesca superaba línea y ahí, el Oviedo llegaba tarde siempre. Ferreiro, Luisinho o Miguelón daban amplitud y Mikel Rico y Eugeni, con Sergio Gómez de comodín, hacían lo que querían en el carril central. Rafa Mir, superior a los centrales azules en ese primer tramo del encuentro, no gozó de ninguna clara.

Luismi, solo ante el peligro

Al Real Oviedo le costaba un mundo robar y, por tanto, era imposible que hiciese daño en las transiciones porque, sencillamente, no existían. La ocasión de Ortuño en el cinco, la más clara del encuentro para los de Rozada, fue solo un espejismo. En los ataques posicionales, la falta de ideas y las imprecisiones hacían imposible poner en aprietos al Huesca.

Arribas no era capaz de dar un pase largo efectivo, Borja y Yoel no aparecían y solo Luismi, en su segundo encuentro en el club carbayón, se mostraba preciso en el pase y aportando soluciones. El carril derecho y Nieto volvieron a ser el recurso más utilizado por los azules, pero el castellonense fue perdiendo lucidez con el paso de los minutos. 

Un sostén llamado Carlos Hernández

A pesar de no gozar de ocasiones demasiado claras, a excepción de un gol de Rafa Mir anulado por fuera de juego, el Huesca creaba situaciones muy favorables cerca del área del Oviedo. Los centros laterales fueron una constante y ahí pareció Carlos Hernández.

El jienese, acostumbrado en el presente curso a dar una de cal y otra de arena, sujetó al conjunto carbayón en general y a Arribas en particular, que se fue asentando según avanzaba el primer tiempo tras un inicio desafortunado. El poderío aéreo del '6', unido a un eficaz Lunin, evitó sustos mayores para los intereses azules.

Un ajuste, los mejores minutos del Oviedo y el mazazo

Al Oviedo le sentó bien el paso por los vestuarios. Ajustó la presión, fue más valiente adelantando a Sangalli, Bárcenas y Tejera y consiguió que el Huesca ya no saliese tan fácil. En cinco minutos, los azules generaron más acercamientos que en toda la primera parte.

Pero el fútbol no entiende de merecimientos. Una mala presión de Sangalli originó una transición oscense que acabó en saque de esquina. Josué saltó más que Arribas, Lunin se lució pero, en el rechace, Eugeni aprovechó un inexplicable marcaje de Nieto para poner el 0-1. 

La nada, Saúl e Ibra

Las buenas sensaciones mostradas al comienzo del segundo tiempo desaparecieron de golpe con el tanto del Huesca. Con el marcador en contra, el partido se convirtió en un cementerio en el que no pasaba nada. Un escenario terrible para un equipo como el Oviedo, que ya desde hace tiempo afronta cada encuentro con la necesidad vital de sumar puntos.

Entró al campo Saúl Berjón, sin duda la mejor noticia de la tarde en el Tartiere, e Ibrahima Baldé. Mientras que Borja y Nieto seguían sin fluir en la derecha, el '10' se acomodaba en la izquierda y daba algo de aire al Oviedo. Tras unos tímidos acercamientos insuficientes, la pasión sacó a las ideas del campo a empujones y ahí fue donde el senegalés agitó el avispero. Ya en la última jugada, Ibra conectó un 'zurdazo' tras una serie de rechaces. Locura en la grada, algo que no vio venir nadie en el estadio.

Enero llega a su fin y al Real Oviedo se le acaban las balas. Cuando acabe el mercado y la plantilla se asiente, el conjunto azul tendrá poco más de un mes para tener claro qué equipo será en los meses decisivos de la temporada. Cuando estos lleguen, todo serán finales y no habrá mucho tiempo para cambios de rumbo. Una de datos, por cierto: los de Rozada llevan encajando gol desde el derbi ante el Sporting. Urge la reacción. 

Comentarios

La Pizarra: Rumbo difuminado