Regreso al pasado en La Isla

La ilusión del Coria, el resurgir de Mujica reflejado en una celebración y la vuelta de Christian a su escenario preferido. La contracrónica copera desde el estadio cacereño

Los jugadores del Oviedo se abrazan tras el 1-2 de Mujica ante el Coria
Los jugadores del Oviedo se abrazan tras el 1-2 de Mujica ante el Coria

Oviedo

Eran las 12:30 horas cuando en La Isla todavía se estaban realizando los últimos retoques. Apuntalar las gradas supletorias, pintar las líneas del campo o pasar la mopa a asientos y banquillos. Junto a la mano de obra profesional, la plana mayor del CD Coria también se arremangaba: un directivo colocaba la red y el delegado del equipo pasaba la manguera a la salida de vestuarios. Hasta el director deportivo de los celestes estaba pendiente de la publicidad que engalanaba el muro del estadio. La escena reflejaba a la perfección lo que es, y lo que significa, la Copa del Rey.

Quedaban menos de dos horas para el pitido inicial y en los alrededores del estadio ya había empezado el partido. Los tenderetes, donde se vendían camisetas del Coria y bufandas conmemorativas del duelo ante el Real Oviedo, ya estaban colocados y los primeros aficionados caurienses comenzaban a llegar. Unas cuantas decenas, por cierto, recibieron al equipo local en la entrada principal del estadio. El ambiente ya estaba creado. 

El estadio se iba llenando de vida y los focos se vaciaban de energía: apagón, escenario a oscuras y alerta en La Isla. Finalmente, minutos después, la luz fue volviendo y el calentamiento de ambos equipos se realizó sin problemas. A menos de diez minutos del comienzo el encuentro, de la megafonía del estadio salían frases como «día histórico, inolvidable y grande para nuestro club». Coria estaba preparada para que la Copa, por primera vez, hiciese acto de presencia en su casa.

Poco más de nueve meses. Ni un año. Ese es el tiempo que llevaba el Real Oviedo sin jugar un partido oficial con aficionados en las gradas. Pero claro, la sociedad ha vivido tanto desde aquel mes de marzo que la espera se hizo interminable. Todo parecía novedoso en La Isla para cualquiera que llegase desde la capital del Principado, desde los gritos al juez de línea hasta los aplausos cada vez que un jugador del Coria despejaba un balón. De pronto, todo era como antes. 

El Oviedo, guiado por Jimmy, Viti y Riki, comenzaba el partido con la intención de dominar el acto desde el primer minuto. Rafa Mujica, muy activo desde que Milla Alvendiz señaló el inicio de la contienda, perdonó dos goles antes del tanto del Coria. El estacazo de Iván Fernández llevó al cielo a La Isla y, durante casi diez minutos, no había equipo en el mundo más feliz que el cauriense.

Fueron los canteranos, otra vez, los que se echaron el equipo a la espalda cuando peor estaba el partido para el Oviedo. Jimmy en zona de creación, Riki entre líneas y Viti como agitador. Así los azules, de naranja en Coria, inclinaron el campo hacia la portería de Álex. Tras el gol del de Laviana, llegó el de Mujica. A la tercera, el canario se estrenaba como goleador carbayón. Su celebración, que finalizó en la esquina del campo y con varios «vamos hostia» a los cuatro vientos, daba muestra de lo mucho que el ariete necesitaba el tanto. Un cabezazo para volver a sentirse futbolista.

El factor campo, ese que lograba imponer La Isla cuando el Coria pisaba los alrededores del área de Brazão, era lo único que rompía la monotonía del encuentro tras el vestuario. No se habían cumplido ni los 20 minutos de juego y el partido volvia a estar empatado tras un córner. «Sí se puede», cantaba la afición local. Y Viti y, sobre todo, Mujica volvieron a aparecer. El posible último, y casi que primer, servicio del canario al Real Oviedo valió una eliminatoria.

Los ánimos se encendieron mientras la recta final del partido asomaba. Fue ahí cuando Christian Fernández volvió a vivir en sus carnes esa sensación que tanto le gusta. El central puso el candado y, poco a poco, fue desesperando a los atacantes rivales con buenas acciones defensivas y mordiscos al reloj en forma de faltas forzadas. La afición del Coria, como no podía ser de otra forma, se desesperó junto a su equipo y el '18' carbayón fue el blanco de todos los insultos. 'Qué gusto volver a estar en casa', pensaría Christian.

Aparicio, en la última jugada del partido, a punto estuvo de echar por tierra todas esas crónicas ya escritas, pero su cabezazo se fue desviado por unos cuantos centímetros. Pitido final y aplausos en La Isla, ovación tanto para los locales como para los visitantes. Saludos afectuosos e intercambios de camisetas entre los jugadores. El conjunto de Tercera, tras competir y difrutar, cayendo con honores ante un Segunda. Larga vida a la Copa.

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