La belleza y la dureza del Camino reciben a los aventureros en Roncesvalles

Señalización clara y precisa en la primera etapa, difícil para los ciclistas

La belleza y la dureza del Camino reciben a los aventureros en Roncesvalles Señalización clara y precisa en la primera etapa, difícil para los ciclistas

Mucho antes de aquel jacobeo del año 1993, que con la simpática mascota Pelegrín dio un salto en cuanto a difusión nacional e internacional, el Gobierno de Navarra ya sabía que la ruta jacobea merecía cuidado. En diciembre de 1988 abogaba por delimitar el Camino de Santiago a su paso por la comunidad y dejaba no solo establecido su trazado, sino también un riguroso régimen de protección urbanística.

La Voz en los próximos días comprobará en bicicleta el estado del Camino Francés, y en este primer recorrido, los 47 kilómetros que separan Roncesvalles de Pamplona, la nota es de sobresaliente.

La señalización es clara y precisa y está allí donde se la necesita sin excesos. Es la oficial, de fondo azul y con la concha amarilla superpuesta. Se refuerza en ocasiones con la cada vez más recurrente flecha amarilla pintada. Aquí (ya veremos en Castilla y León y en Galicia) brilla por su ausencia el intentar dirigir al peregrino a negocios particulares con ingenios de dudosa estética y que perjudican la imagen de un fenómeno global. Rizando el rizo, y con Pamplona viviendo la semana grande de San Fermín, hemos llegado a mediodía con las bicicletas hasta la calle Estafeta, abarrotada de gente. No hemos tenido ningún problema para salir después hasta nuestro hostal, a seis kilómetros de Iruña, en Cizur. Hay varios kilómetros de carril bici, así como señalización horizontal (llamativas conchas plateadas separadas escasos metros) y vertical en la capital navarra.  

El paisaje de Hemingway

La belleza de las laderas que al salir de Roncesvalles son regadas por el río Irati cautivaron a Ernest Hemingway, reportero norteamericano que días antes de cubrir para su revista los encierros de los sanfermines pescaba truchas en estos verdes paisajes. La estética que él reflejaría en la novela The Sun Also Rises (título inexplicablemente traducido como Fiesta, por mucho que el autor hable de los populares festejos pamplonicas) permanece hoy inalterada. Los aquí denominados pueblos calle muestran con orgullo viviendas tradicionales de a lo sumo tres alturas, coronadas por una galería de madera con protagonismo para frondosas jardineras de flores rojas. Ocurre en Espinal o Zubiri, que embelesan a cualquiera que transite por la N-135.  

Motivos mil

La rutina peregrina implica cambios. El que más se nota es el de madrugar. Cuanto antes sales, mejor llegas a tu destino evitando las horas centrales del día. Eso en verano es fundamental. Y los que antes salen suelen ser los peregrinos extranjeros, quizás mejor habituados. Por lo que hemos podido constatar, son mayoría. «Ayer cené con un coreano, una brasileña, dos japoneses y una alemana», apunta al respecto Rafael Torrejón. Este segoviano, que ya tiene una compostela en su haber, repite solo durante una semana, que quizás le deje, yendo a pie, en Logroño. «Esto no es solo caminar y cumplir etapas; es mucho más, es espiritual y religioso», dice la polaca Joanna Szymusiuk sujetando enérgica un bastón. Hizo el del Norte hace un año, completó el Francés en bici hace dos y hoy sale al alba. «Pamplona is so hot for me» (demasiado calurosa para mí), dice, acostumbrada como está a veranos fríos. Pero también hay novatos, como la italiana Cristina Savioli: «Es cada vez más popular en mi país», aduce. «Y lo necesitaba: hay una motivación muy personal, para sentirme mejor, quería simplemente algo diferente a lo cotidiano».

Hacer esta etapa en bicicleta requiere cierto fondo físico y, si nos atrevemos a circular por los mismos tramos que los peregrinos que van a pie, exige pericia. La llegada al alto del Erro parece que supone dejar atrás la dificultad. Pero la bajada hasta Zubiri, escarpada, es peligrosa. Por carretera nacional es más cómodo, pero pierde encanto.

Mañana, segunda etapa Pamplona - Estella   

«Lo primero al llegar será abrazar por enésima vez a las dos Marías»

.Andaluces en ruta
Andaluces en ruta

Llegando al albergue de una Pamplona vestida de blanco y rojo, destaca el perfil colorista de las mochilas y camisetas de un grupo de andaluces. En total son 60, que en su mayor parte repiten experiencia y reconocen un dominio absoluto de la tierra que tienen como objetivo: «Para mí es un orgullo ir todas las tardes a ver a las Marías, a la plaza del Obradoiro..., la muralla de Lugo, el río Miño... A mí es que Galicia me encanta», comenta jocoso José María Núñez, con un indudable acento sevillano. Ha viajado con frecuencia a nuestra comunidad, pero sin embargo será este 2018 cuando selle su primera compostela. Nunca es tarde, si el Camino es bueno.

«Tiene algo especial, se queda para siempre en el corazón»

.Ronald Struys, hospitalero
Ronald Struys, hospitalero

A las diez de la noche se cierran las puertas y antes de las seis se encienden las luces. Los voluntarios que se encargan del albergue de Roncesvalles son escrupulosos con las normas. Son, en su mayoría, voluntarios holandeses, de la organización Van Sint Jacob. «Yo lo hice ya cuatro veces y ahora es la segunda vez como hospitalero aquí», dice Ronald Struys. Estar jubilado le permite difundir su pasión por la ruta jacobea. Lo que quizás sorprende más es que su conocimiento de idiomas, especialmente de inglés, es alto. Sin embargo, si no se domina, con muchos de ellos puede ser difícil comunicarse. Aunque, eso sí, son todo predisposición.

CONSULTA AQUÍ LAS OTRAS ETAPAS DEL CAMINO DE SANTIAGO: 

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