Cómo perderse en un paraíso y (de paso) aprender un oficio

Oriol López
Oriol López REDACCIÓN

COMARCAS

Balcón de Oscos

El Balcón de Oscos ofrece, además de naturaleza e instalaciones rústicas, el acceso a actividades de la comarca como la de formarse en trabajos artesanos

22 may 2017 . Actualizado a las 18:16 h.

«Un lugar agradable, para pasar una estancia tranquila y perderse en su entorno, paisaje y naturaleza». Una definición que seguro intriga a muchos, quienes se preguntarán ahora mismo a qué sitio se refiere. Pues bien, si se conjuga la ecuación compuesta por el extremo occidente asturiano, junto a una comarca premiada en la última edición de los Premios Princesa como Pueblo Ejemplar y un complejo de cinco apartamentos rurales se obtiene la respuesta: el hotel rural El Balcón de Oscos. Ubicada en la localidad de Quintela, a 5 kilómetros de Santa Eulalia de Oscos, esta antigua casa de labranza, reconocida con el sello de calidad Aldeas hace unos seis años por el Principado de Asturias, aúna las ventajas del Paraíso Natural con otras inéditas que ofrecen los alrededores. ¿Cuál destaca entre ellas? Aprender un oficio tradicional de un artesano como la forja en diferentes modalidades, la apicultura o la la elaboración de cerveza.

La colaboración del Balcón de Oscos con las empresas del turismo local es algo que les caracteriza. «Las empresas de la zona cooperamos, de manera que nos promocionamos mutuamente», explica Marín Piedralba, gerente del Balcón de Oscos.  Además de los talleres de oficios tradicionales, otra de las actividades estrella de la zona son los paseos a caballo a Galicia, la comunidad vecina, que los visitantes tendrán al alcance de sus retinas si se asoman a las ventanas del hotel. «Las vistas que tenemos desde aquí son gallegas, dan al municipio de Fonsagrada», añade la responsable del complejo desde el que también podrán vislumbrar el mágico río Agüeira.

Habitación del apartamento el Portelo
Habitación del apartamento el Portelo

Una casa de labranza de pura cepa

En cuanto al complejo hotelero, se trata de una construcción antigua, una casa de labranza de pura cepa, que ha sido rehabilitada y adaptada a los tiempos modernos, aún respetando toda su estructura de madera, piedra y pizarra. «Empezamos a rehabilitarla en 2003 y estuvimos trabajando en ello hasta el 2006, ya que estaba en bastante mal estado», comenta la dueña. Pero, ¡que nadie se alarme! Ningún visitante dormirá en el pajar, ni en el corral; al menos en sentido literal. Todos sus espacios se han transformado a día de hoy en apartamentos con abundantes comodidades. Algunos incluso gozan de terrazas privadas, por si el hall con parrilla y una enorme mesa para  la celebración de barbacoas y fiestas no fuese suficiente.