Ardines, el amante del mar que renunció tres veces a entrar en política

La trágica muerte del concejal de IU en Llanes conmociona al concejo

Javier Ardines, concejal de IU en Llanes
Javier Ardines, concejal de IU en Llanes

Redacción

Javier Ardines no era un político al uso. Tal vez por ello su muerte ha causado un doble impacto en el concejo. Por un lado, el que rodea al fallecimiento de cualquier persona joven -tenía 52 años-; por otro, la incertidumbre que gira en torno a un suceso ocurrido en extrañas circunstancias. Padre de dos hijos y abuelo, tenía claro que su paso por la política sería efímero, ya que no era un terreno en el que se mostrara especialmente cómodo. Pese a ello, y debido a la insistencia de sus vecinos y amigos, se decidió a dar el paso. La muerte le privó anticipadamente de concluir una etapa de su vida con la que aseguraba sentirse «ilusionado».

Será la investigación de la Guardia Civil la que determine las causas de una muerte que deja un hondo vacío en el ayuntamiento. Las primeras hipótesis apuntan a una muerte «violenta», pero no será hasta que se conozcan los resultados de la autopsia cuando se sepan los detalles que rodean al suceso. Compañeros de trabajo y de partido han mostrado públicamente su cariño a un hombre que nada tenía que ver con los políticos convencionales. 

Nació en Halle, Bélgica, en 1966. Hijo de emigrantes, con nueve años volvió a España para instalarse, junto a su familia, en la Moría, en el pueblo de la Pesa de Pría (Llanes). Se casó con 23 años y cursó estudios de Técnico Agrícola y Técnico de Invernaderos en la Escuela de Capataces de Villaviciosa, aunque tenía claro que su futuro no iba por ahí. 

Su pasión siempre fue el mar, según reconoce en la biografía escrita en primera persona que recoge la página web del Ayuntamiento de Llanes. Lo que realmente le gustaba era «salir a la angula, al ocle», motivo que le impulsó a crear su propia empresa de pesca de bajura junto a un socio. 

Siempre tuvo inquietudes sociales, pero le costó dar el paso a la política. De hecho, lo rechazó en tres ocasiones. «No creo en las estructuras piramidales y rígidas de los partidos. Mis siglas siempre fueron los vecinos y no el partido. Evidentemente tus decisiones se deben a una organización y no puedes ir por libre, pero yo soy un hombre de partido al uso». Las palabras escritas por Ardines explican a la perfección su punto de vista.

Esa particular forma de entender la política es la que le llevó a posponer hasta en tres ocasiones su decisión de dar el salto. «Me fueron a buscar a casa, renuncié tres veces como Judas y dije que no quería militar en política. Entré de número cuatro en las listas, en el año 1999 con la idea de aportar ideas pero no de asumir cargos de responsabilidad. Poco más tarde me pidieron que fuera coordinador local, cargo del que renuncié la primera vez, aunque repetí. Encabecé la lista hace dos legislaturas y volví a encabezarla esta. Sin querer, ya que no tenía interés por tener actividad política, llegamos a donde estamos». La contradicción entre sus palabras y sus actos resulta evidente, aunque su forma de actuar demuestra que anteponía su vocación de servicio a su voluntad.

Después de ocho años sin representación municipal, los vecinos volvieron a confiar en IU. Ardines asumió el encargo y junto a otras formaciones entró a formar parte del equipo de gobierno. Tenía clara cuál debía ser su misión: «Intentar cambiar la política municipal, dentro del margen de maniobra que tenemos». Pero era consciente de la dificultad, «de los diecisiete concejales que tiene la corporacion municipal tenemos uno».

El concejal de mostraba «ilusionado por trabajar, por cambiar la forma de gobernar de un sistema que duró 28 años y que estuvo muy lejos, especialmente en los últimos años, de la realidad de la calle y más bien dedicado a los intereses particulares. Una política de barrigas agradecidas que daba su fruto en épocas de bonanza económica». Su único propósito era «salir de este paso puntual por la política con la conciencia tranquila, tratando a todos por igual indistintamente de su ideología». La muerte le llegó demasiado pronto, antes incluso de poder debatir con sus vecinos si había cumplido su encargo. 

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