Gijón

Desde el primer instante de su último suspiro, el Festival Internacional de Cine de Gijón quiso levantar una barrera contra los bárbaros. La primera, contra la violencia machista, aprovechando la coincidencia del palmarés y la clausura de la 55 edición del certamen con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres; la segunda, contra los mismos bárbaros a los que alude el titulo de la película granadora, la francesa En attendant les barbares, de Eugène Green. Incluso sin estar presente, su director consiguió infundir emoción a una convencional gala de clausura con una sentida defensa del cine -y del arte, por extensión, que «está amenazado»- como última línea de defensa contra el barbarismo de «el racionalismo materialista y la deshumanización del hombre por las máquinas que él mismo ha creado».

Lo hizo a través de una nota leída con sentimiento por el actor Ugo Broussot -presente en el reparto de dos de las producciones francesas a concurso; la ganadora y Los siete desertores, de Paul Vecchiali- en los minutos más intensos de la velada, que remató con una inesperada versión del castizo Gijón del alma que, en efecto, por primera vez en toda la noche, pareció llegar al alma de los asistentes a la clausura.Green lamentó «no estar presente», pero agradeció «de todo corazón» la selección de su película por la organización de un festval al que -añadió- le unen «lazos antiguos y fuertes». El realizador franco-norteamericano resalto además el carácter de «islote de resistencia» que tiene el FICX y aseguró que «el presente en el que el pasado y el porvenir se encuetran» levantan mediante el arte «una muralla que los bárbaros nunca podrán franquear». «Continuemos resistiendo juntos contra todos ellos», exhortó a través del texto leído por Broussot.

El pase de Nadie nos mira, de Julia Solomonoff, puso fin, momentos después, al pase de las 119 películas proyectadas desde el pasado día 17, a falta de la repetición este domingo del pase de las películas ganadoras.

Junto a Broussot, fue Isabel Coixet -que subió al escenario del Jovellanos para recoger de su predecesora, Mercedes Sampietro, su premio Mujer de Cine a pesar de la lesión que se hizo evidente- la protagonista de la gala, que fue más que nunca un simple desfile de premiados, con la salvedad de un prólogo y unos interludios también breves dedicados a dar batalla con el asunto del día: la violencia de género. La actriz Ingrid García-Jonsson dio lectura en ellos a breves fragmentos de la poeta colombiana Jhoana Patiñocon un tono conmovido y doliente que contrastó con la vitalidad de Coixet. La realizadora catalana animó a los jóvenes aspirantes a cineasta a ejercer la «perseverancia  la cabezonería» y a utilizar «un adminículo: las anteojeras de caballo» para ignorar las opiniones que desaniman, las puyas de los críticos y cualquier cosa que no sea «conseguir hacer cine que conecte con el público».

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EL FICX se despide alzando una muralla contra «los bárbaros» de la violencia machista y la deshumanización