Los últimos secretos de «La Zona» y su Asturias posnuclear

El ambicioso «thriller» de los hermanos Sánchez-Cabezudo para Movistar+ concluye este jueves con la emisión de su octavo episodio

Un momento de la serie «La Zona»
Un momento de la serie «La Zona»

Gijón

Lo que La Zona oculta es aún mucho, y solo queda un capítulo para que quede plenamente desvelado. Al menos, hasta donde puedan dejarlo ver las sombras de esta ambiciosa serie de los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo que, a lo largo de los ocho episodios que este jueves a las 22.00 horas finalizan, ha construido con minuciosidad una Asturias asolada por un accidente nuclear. El último lobo es el título de la entrega final de un proyecto producido por Movistar+ para su plataforma de pago VOD y #0 en el que los autores de series de referencia en la historia reciente del género en España como Crematorio, han echado el resto. Su apuesta por un argumento complejo y oscuro, unos personajes atormentados, una ambientación claustrofóbica y un tempo narrativo que ha prestado más atención a los climas que a las prisas han tenido una recepción desigual; pero hay también acuerdo en que la experiencia marca, a su modo, un hito en la ficción televisiva española mirando más hacia modelos europeos que norteamericanos y, sobre todo, dejando atrás cualquier tic costumbrista y toda concesión a las fórmulas de mayor tirón para el gran público patrio.

La historia de los personajes que intentan sobrevivir, malviven, mueren, matan o son muertos en La Zona demarcada por un devastador accidente nuclear ha sido seguida con especial curiosidad en Asturias. Los asturianos siguieron con interés toda la gestación del proyecto, desde las grandes colas de extras en la Universidad Laboral hasta la también multitudinaria premiere ofrecida en el teatro del mismo edificio. La curiosidad era grande por comprobar qué Asturias mostraba La Zona. Y no es, desde luego, la que por las mismas fechas aparecía en la recién estrenada El Secreto de Marrowbone.  Sus paisajes más duros -los de la ruina industrial de las cuencas mineras, la parte menos bucólica de los bosques asturianos o las zonas más grises de sus ciudades- son reconocibles por completo a pesar de los toques digitales capaces de convertir la central térmica de Soto de Ribera en Nogales, la nuclear accidentada.

En ese escenario, el guión escrito al alimón por Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo y dirigido por el primero ha ido desplegando con calma un thriller coral con varias tramas, juegos con el tiempo narrativo y un fuerte componente social y político, en un mundo que podría ser perfectamente el descrito por Crematorio (aunque un poco más hacia el noroeste) o de su largometraje La noche de los girasoles.

El proyecto también ha sido inusual en otro aspecto. Su narrativa ha desbordado el canal televisivo para irradiar también por internet y las redes sociales. Desde la web de La Zona se ha ido accediendo no solo a toda la información sobre la emisión, la trama, los personajes o la realización de la serie, sino también falsos documentales, extras y actualizaciones como el podcast El contador Geiger, con intervenciones de los dos autores, o La Otra Zona, un inquietante y atractivo relato paralelo basado en el mismo universo, con elementos interactivos y un cuidado aspecto gráfico.

El punto final a todo este esfuerzo por urdir una serie diferente quedará puesto este jueves al final de los 50 minutos de El último lobo. Queda por ver si la irradiación de La Zona en la historia de las series hechas en España es tan persistente como la de un reactor nuclear averiado. Riesgos, al menos, se han corrido.

El año de Alba Galocha

M.V.

La gallega, que acaba de ser nominada a los IX Premios Mujer, amplía horizontes: su trabajo en «La Zona» confirma que su expedición cinematográfica es algo más que un simple coqueteo con las cámaras

Si algo nos queda claro de este 2017 con respecto a Alba Galocha es que la compostelana no es una modelo más metida a actriz. Que su idilio con el séptimo arte no era un simple tonteo producto del aburrimiento, que la chica tiene madera y que, con cuatro películas ya en su currículum y una serie en marcha, atraviesa hoy uno de sus mejores momentos profesionales. Con 27 años y más de diez ya de tablas en el mundo de la moda, Galocha ha decidido aparcar por un rato largo las sesiones de fotos y las pasarelas, y centrarse en dar vida a otras mujeres.

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