Javier Gutiérrez vuelve a triunfar en los Goya de «La Librería»

El resto de asturianos, Santigo Alverú y Sergio G. Sánchez, regresan de vacío. El filme vasco «Handia», que acaparó diez galardones

L. G. del Valle La Voz

Era el lema de la noche, «Más mujeres», y se convirtió en el hilo conductor de una gala en la que ellas fueron las protagonistas, con muchos momentos de emoción y muchas mujeres ganadoras, entre ellas dos directoras, Isabel Coixet y Carla Simón. Pero también fue la noche en la que se palpó la diversidad idiomática, gracias al origen de las distintas producciones nominadas. En la 32.ª gala de los Goya se oyó euskera, catalán, castellano e inglés. Y el toque asturiano lo puso Javier Gutiérrez cuando, pasada la medianoche, se subió al escenario para recibir el Goya a la mejor intepretación protagonista masculina. El segundo que tiene ya el en esta categoría.

Fue el único asturiano con suerte. Santiago Alverú se quedó sin el galardón al mejor actor revelación y Sergio G. Sánchez sin el de mejor director novel por El secreto de Marrobow. Tampoco Cantábrico,es documental el protagoniza el oso pardo, tuvo su recompensa. 

La velada empezó con la reivindicación de «una gala más corta», «que los actores jóvenes hablasen claro, gafas en 3D para los cíclopes», y enseguida el público entendió que los Goya iban a tener otro humor: el que le pusieron los presentadores, Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes.

La primera emoción llegó con el actor Eneko Sagardoy que recibió el premio al Actor Revelación por Handia, el filme más nominado de la noche, que terminó consiguiendo en total diez cabezones. Sagardoy se dirigió al público en euskera y castellano para reivindicar a «la gente distinta, los cuerpos extraños», como el protagonista de su película, un gigante de más de dos metros. Fue una reclamación más en una ceremonia en la que se habló sobre todo de mujeres. «Ojalá haya más películas dirigidas y protagonizadas por mujeres», pidió Joaquín Reyes, pero a los pocos segundos la actriz gallega Cristina Castaño le lanzaba una pulla porque este año la gala no la presentaba «un hombre, sino dos».

«Somos la mitad del mundo, la mitad de la imaginación», expresó la directora Leticia Dolera, justo antes de dar uno de los premios más aplaudidos de la noche, el de la directora Carla Simón por su filme Verano 1993, que dedicó a sus padres biológicos, fallecidos a causa del VIH, tema central de la película. Su protagonista, Bruna Cusí, se llevó también el premio a la actriz revelación.

Cuando Marisa Paredes recogió el Goya de Honor el auditorio se puso en pie para aclamarla. «He sido presidenta y he dado discursos, alguno bien conflictivo como aquel del ‘no a la guerra’, que hoy -dijo- volvería a repetir».

Otra mujer, Isabel Coixet, se hizo con el galardón al mejor guion adaptado por La librería, un homenaje personal a los libros. En inglés, además de castellano, celebró Coixet su premio, que le dedicó a su madre. «Ella le decía a mi padre: ‘Deja a la niña que lea’», se emocionó la catalana, que tuvo que volver a subir al escenario para recoger otros galardones de los más importantes: mejor dirección y mejor película. Coixet no se lo creía y confesó que desde ayer sería «mucho más humilde». El asturiano Javier Gutiérrez volvió a triunfar al llevarse el premio como protagonista masculino por El autor, ya que hace solo cuatro años lo consiguió también por La isla mínima. Cambió la tónica general de los discursos y se acordó de aquellos «que tienen talento, pero no pueden demostrarlo porque no les llaman».

La 32.ª edición de los Goya será recordada por el año en que ganaron las mujeres. Y ganó el cine.

«Desde la Academia lucharemos por la paridad»

«Qué emoción ver tantos abanicos». Con esta frase entrecortada por la emoción, la vicepresidenta de la Academia, Nora Navas, consiguió una de las ovaciones de la noche, gracias a un discurso cargado de intención. Junto a ella, el otro vicepresidente, Mariano Barroso, hizo referencia a que desde ayer esta institución será una «referencia en términos de igualdad».

Barroso y Navas, vicepresidente primero y segunda, respectivamente, hablaron, según advirtieron, en nombre de la presidenta, Yvonne Blake, convaleciente tras sufrir un ictus.

«En estos meses en que tanto se debate sobre el acoso, la desigualdad salarial y el papel de la mujer en la sociedad, desde la Academia reivindicamos a nuestras cineastas y damos un paso hacia adelante por la paridad. Para siempre la Academia de Cine va a ser una referencia en términos de igualdad, respeto y solidaridad», dijo Navas en su intervención.

La actriz y vicepresidenta se dirigió a «a esos y esas adolescentes que hoy van al cine y sueñan con dedicarse a este oficio» para asegurarles que «no hay límites» y «todo es posible». «Y que no basta -añadió- con ponerse delante de una cámara. Que también necesitamos directoras, montadoras, guionistas, sonidistas, directoras de fotografía, scripts, compositoras... en igualdad de número que los hombres» y recordó el óscar que se llevó Yvonne Blake «por vestir a los personajes que tanto nos emocionaron».

Entre grandes aplausos, Nora Navas añadió: «Derrotando la superioridad de género se derrotará el monstruo de la violencia contra las mujeres».

El cine español se pasa al feminismo

Laura García del Valle

El movimiento #MeToo llegó este sábado al Marriot Auditorium. Todos se mojaron, pero pocos usaron el negro para reivindicarse

No hizo falta esperar a que llegaran las grandes estrellas del cine español para que en el Madrid Marriott Auditorium quedara patente la tónica que iba a seguir la 32.ª edición de los Premios Goya. A las cinco de la tarde ya daban muestra de ello los periodistas y fotógrafos, que en lugar de llevar trajes de batalla para esperar horas y horas al frío, portaban los trajes con siluetas femeninas firmados por Ernesto Artillo que revolucionan la esfera pública. Comenzaron a pasar las horas y con la llegada de los primeros guionistas, directores, actores o maquilladores que hacen realidad películas como Handia, El autor o La llamada y dos palabras se hacían con la alfombra roja: «Brecha salarial». Se mojaron más ellas que ellos, aunque la mayoría quiso dejar clara su indignación ante el hecho de que en el cine, como en el resto de sectores, las mujeres cobren menos en sus trabajos. No obstante, la resaca del movimiento #metoo, que coleó durante el desfile de las estrellas del cine patrio, todos cantaron al unísono que no será una cuestión de modas o de la tradicional reivindicación que, anualmente, se cuela en esta ceremonia, sino que la herida que abrió Harvey Wenstein no cicatrizará hasta dentro de mucho, mucho tiempo.

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