«Cada nuevo migrante es una oportunidad, no un problema»

Entrevista con Aleksandra Dulkiewicz, alcaldesa de Gdansk, premio Princesa de Asturias de la Concordia 2019

Aleksandra Dulkiewicz, alcaldesa de Gdansk
Aleksandra Dulkiewicz, alcaldesa de Gdansk

Aleksandra Dulkiewicz es la alcaldesa dela ciudad polaca de Gdansk, premio Princesa de Asturias de la Concordia 2019. Fue elegida este año con el 82% de los votos después de que el anterior alcalde, de cuyo equipo ella formaba parte, fuera asesinado en enero de este año durante un concierto. Dulkiewicz está orgullosa de que su ciudad haya sido elegida como símbolo de la concordia tanto por su papel histórico durante la Segunda Guerra Mundial y el regreso de la democracia a su país -Solidaridad nació en Gdansk- como por ser, actualmente, un puntal de la lucha por los derechos sociales.

-El jurado consideró que Gdansk es un símbolo de la lucha por las libertades, dada su intensa historia durante el siglo XX. ¿Sigue conservando la ciudad el mismo espíritu de lucha contra la intolerancia y la opresión?

-Como queda claro al observar nuestra historia, el espíritu de lucha está en el ADN de Gdansk. Lech Walesa, líder de la revolución de Solidarno?? (Solidaridad), premio Nobel de la Paz y la más grande personalidad contemporánea de Gdansk, ha vuelto a las barricadas. Quizá lo hayan visto llevando una camiseta con grandes letras en el pecho que dice “Constitución”, para protestar contra la ruptura del Gobierno polaco de nuestro texto legal más importante. Cuando se violan las constituciones, se abusa de la democracia y se extiende el odio, la respuesta debe ser inmediata y sobre todo con espíritu de lucha. Pero, para ser honesta, “lucha” no es una palabra que use a la ligera. La lucha implica enemigos, sangre, sufrimiento y dolor. Como pacifista, elijo una resolución pacífica y el diálogo por encima de la lucha. Prefiero decir que nosotros amamos la libertad que perseguimos desde la solidaridad.

Déjeme ponerle un ejemplo. Gdansk sigue una política inclusiva que supone el respeto al otro y la protección de todos los miembros de la comunidad para garantizar que nadie es excluido. Contamos con el pionero Modelo para el Tratamiento Igualitario y de Integración de Migrantes. Lo que empezó como una amplia consulta pública es ahora un escenario en el que se está implementando la idea. El secreto está en trasladar la lucha al edificio comunitario. Éste es el frente de batalla hoy en día.

Mientras que la pérdida que sufrimos cuando el alcalde Pawel Adamowicz murió trágicamente en enero fue una tragedia indescriptible, Gdansk ha visto surgir algo bueno de ello, como es una comunidad más unida. Celebramos el trigésimo aniversario de las primeras elecciones parcialmente libres, un evento que prendió la chispa de un debate nacional entre autoridades locales sobre el estado de los gobiernos municipales, las formas de de mejorar la situación y de consolidar relaciones estables con el gobierno central. Esa muerte generó un acercamiento entre los responsables de los gobiernos locales. Algunos dicen que es el genius loci [espíritu protector] de Gdansk, otros aseguran que es el viento marino…

-Polonia pasó en poco tiempo del régimen comunista a la democracia. ¿Qué papel jugó su ciudad en este periodo?

-«La luz que emana Gdansk hacia el mundo», estas son palabras del papa Juan Pablo II cuando se entrevistó con Lech Walesa y otros opositores polacos en Roma, durante la primavera de 1989. Polonia había mantenido entonces los llamados encuentros de mesa redonda y estaba muy atareada preparando las elecciones, los primeros comicios parcialmente libres en todo el bloque del este después de la segunda guerra mundial. Fuimos los pioneros, dese cuenta de que el muro de Berlín no cayó hasta noviembre de 1989.

Gdansk ha jugado un papel excepcional en las transformaciones democráticas que hay acaecido en Polonia y toda Europa del este y central. Fue en Gdansk en un astillero llamado acertadamente Astillero Lenin donde ocurrió el inicio del diálogo entre los trabajadores en huelga y el gobierno en agosto de 1980. Nació el sindicato independiente Solidaridad. Ni siquiera la ley marcial no pudo hurtar al pueblo sus sueños de libertad. Visiten el Centro Europeo Solidaridad. Fue erigido en el lugar en el que estuvo el astillero, no muy lejos de donde fue firmado el Acuerdo de Gdansk en agosto de 1980 y donde Lech Walesa anunció desde lo alto de la puerta el fin de la huelga. Nuestra exposición permanente cuenta esta convincente historia. Eso otorga al pueblo de Gdansk y a los polacos en general un sentimiento de orgullo pero también supone un compromiso.

-En su caso ¿Cómo afronta la llegada creciente de extranjeros, su integración y los desafíos ?económicos, sociales…- que esto conlleva?

-Nosotros ya contábamos con una experiencia similar, dado que en la posguerra todo el mundo era un recién llegado en Gdansk. Después de la segunda guerra mundial, la población de la ciudad casi cambió por completo. Y dado que cada uno de nosotros proviene de otro lugar, recibir nuevos habitantes es mucho más fácil. El gobierno polaco, como estoy seguro que usted sabe, no desea que lleguen refugiados a nuestro país. Pero no podemos pretender que aquí no haya inmigrantes. Polonia es el hogar de 1.270.000 ucranianos y muchos de ellos viven en Gdansk.

Nosotros no distinguimos entre «viejos» y «nuevos» habitantes de Gdansk. No queremos ser diferenciados por edad, origen, educación, religión, color de piel o acento. Lo que nos une es que todos vivimos en Gdansk y éste es el lugar que hemos elegido para vivir, trabajar y criar a nuestros hijos. Cada nuevo migrante es una oportunidad, no un problema. Deseamos un patriotismo sano y un orgullo de ser de aquí como vínculo común.

Como dije antes, Gdansk es hogar de dos modelos únicos en Polonia. Son los modelos de Integración de Migrantes y de Tratamiento Igualitario. La alcaldía también trabaja con el Consejo de Migrantes. Tenemos una ONG llamada Centro para la Integración del Migrante que promueve y realiza un montón de proyectos inclusivos. El Centro Europeo de Solidaridad desarrolla un programa dirigido a todos los nuevos vecinos de Gdansk. Estos pueden aprender el idioma y entender nuestro peculiar sentido del humor mediante recorridos históricos  por la ciudad guiados con polacos o viendo películas. Tenemos las instituciones culturales de la ciudad y ONG implicadas en eventos diseñados para hacernos más cercanos a otras culturas.

-Cada vez hay más voces xenófobas en Europa. Respecto al fenómeno migratorio, ¿Cómo cree que debería actuar la UE?

-No soy yo quien para aconsejar a la UE. Nuestra política en Gdansk es desarrollar programas diseñados para domar los recelos mutuos a través de la educación y la cultura. Cuanto más conocemos sobre el otro, mejor podemos entendernos. Todavía queda mucho por aprender de los migrantes. También necesitamos ayudarlos a entendernos. El colegio es determinante a la hora de enseñar a los niños, que pronto serán adultos, a que sean amistosos y abiertos o por el contrario inculcarles el miedo a lo desconocido. La era de las sociedades cerradas y homogéneas ciertamente se ha terminado y es mejor que lo aceptemos cuanto antes.

-¿Pueden sus ideas en este área ser exportadas al resto de países, o es más bien un asunto de reparto de cuotas, como dicen algunos miembros de la UE?

-Cuando Gdansk construyó primero su modelo de Integración del Migrante, aprendimos de países que habían estado abordando los desafíos de la migración durante un largo periodo de tiempo y lo hacían de un modo mucho más formal que Polonia. Vinieron a Gdansk personas y organizaciones que trabajaban con migrantes. Muchas de las ideas pueden ser exportadas, para mí eso está muy claro.

-¿Qué otras características de Gdansk trasladaría como ejemplo a otras ciudades europeas?

-Con el advenimiento del siglo XXI, Gdansk se aficionó a los debates y claramente no fue una fascinación fugaz porque todavía continúa.  Mantenemos debates de muchas formas, ampliamos horizontes aprendiendo los puntos de vista de otras personas, hablamos sobre futuro, consultamos a los demás sobre política urbana o proyectos de vecindad… para conmemorar el trigésimo aniversario de las primeras elecciones parcialmente libres y de la mesa redonda previa, en junio de este año el Centro Europeo de Solidaridad produjo una gran mesa de debate móvil. Desde entonces ha generado un montón de interacciones y debates. Junto a mis concejales y equipo viajé en septiembre y octubre a los distritos de Gdansk. Nos sentamos en zonas peatonales e invitamos a los paseantes a hablar. Fue una oportunidad para abordar muchos asuntos difíciles y discutir sobre la ciudad. Tan pronto como termine el invierno, la mesa volverá a salir. ¡Soy una ferviente creyente en el poder del diálogo y lo recomiendo a otras ciudades con todo mi corazón!

-Gdansk fue punto neurálgico en las guerras mundiales. ¿Teme hoy en día ?por su proximidad- una mayor injerencia de la política exterior rusa?

-¿Dice usted si yo como alcalde de Gdansk temo una guerra con Rusia? No, no temo una guerra con ningún vecino. Hay mucho más peligro en las pequeñas batallas que libramos en casa. Pero no quiero aburrir a los lectores con esto. En nuestro ámbito municipal, sólo deseamos crear vínculos con otras ciudades amigas, compartir experiencia, ofrecer ayuda, crear programas de intercambio de estudiantes y aprender de otras culturas.

-Usted arrolló en las elecciones con un espectacular 82% de los votos. ¿A qué atribuye semejante resultado?

-Mire, yo soy realista. Las elecciones que me hicieron alcaldesa no fueron unas elecciones corrientes. Los hombres y mujeres de Gdansk estaban de luto y las principales formaciones políticas decidieron no participar. Mientras yo fui concejala durante dos años y cabeza del equipo electoral de Pawel Adamowicz, no podía ser considerada una persona conocida. Las mujeres y hombres de Gdansk votaron por mí en su mayoría porque Adamowicz me eligió como teniente de alcalde. Así que, naturalmente, la gente me vio como la ayudante más fiable y una continuadora de su política. Ahora, el verdadero reto es no decepcionarlos. Las próximas elecciones locales son en 2022. Siento sobre mis hombros el peso de esa confianza.

-¿De qué está usted más satisfecha respecto a su mandato?

-Crecí en una familia que practicaba activamente el patriotismo, tanto el grande como el local. A finales de los años 70, mis padres establecieron en Gdansk el Movimiento de Jóvenes Polacos, una organización opositora. La casa estaba llena de tíos y tías del movimiento clandestino, había cursos de entrenamiento en la puerta de al lado y constantes charlas sobre libertad, democracia y solidaridad. Una vez que Polonia fue libre mi padre fue cofundador de los cimientos del gobierno local descentralizado de Polonia. Se puede decir que el servicio público corre por las venas de mi familia. Durante mi etapa de educación secundaria, yo ya era activista implicada en política.  Siempre tuve la fuerte convicción de que como individuo hay mucho que puedes conseguir si persigues una buena causa, si eres leal a tus ideales y coherente. De hecho, como alcaldesa, todo lo que hago es seguir mis sueños de juventud. Es sólo la escala lo que es diferente. Ahora quiero un mundo mejor sobre todo para mi hija.

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