Pilar Eyre nunca decepciona. Su nuevo libro «De amor y de guerra» es la excusa para hablar de lo que su familia sufrió en la Guerra Civil, de sus grandes pasiones y de Galicia: «En las reuniones familiares siempre acabamos cantando la 'Rianxeira'»
24 oct 2023 . Actualizado a las 18:12 h.Pilar Eyre atiende la llamada el pasado 12 de octubre. Y a pesar de que es festivo y el día de su santo, ella está a pleno rendimiento desde las 10 de la mañana o incluso antes. Incombustible, directa y sincera, no tiene tapujos en afrontar todo lo que se le plantea. La excusa para hablar con ella es la presentación de su última obra De amor y de guerra, una novela apasionada sobre el exilio de la Guerra Civil. Un tema que siempre le ha tocado muy de cerca: «Mi padre estuvo preso los tres años que duró la guerra, condenado a muerte. Todos los días no sabía si lo iban a ejecutar», dice. De él le vienen sus raíces gallegas, de las que siempre se ha sentido muy orgullosa, y un pazo en Belesar, que heredó junto a sus otros 34 primos. «Me toca un ladrillo», bromea. Incluso presenta este miércoles su nuevo libro en Monforte.
—¿Cómo surgió la historia de «De amor y de guerra»?
—Un amigo mío me contó que su abuelo había huido de España en la Guerra Civil. Era un estudiante de Ingeniería muy joven y se fue al exilio. Él ya estaba casado y tenía hijos. Desapareció, lo dieron por muerto, medio falsificaron un certificado de defunción, su abuela se volvió a casar y al cabo de unos años lo encontraron viviendo tan solo a 50 kilómetros de la frontera entre España y Francia. No se había movido de allí desde que se había ido. Y, entonces, le preguntaban: «Pero abuelo, ¿por qué no te has puesto en contacto con nosotros?». Y en lugar de contestar, solo meneaba la cabeza y se encogía de hombros. Cuando me lo contó, me dije: «Ostras, aquí hay una historia». Y a partir de ahí se reavivaron todas mis historias familiares, porque vengo de una familia muy marcada por la Guerra Civil, he escrito varios libros también y he atesorado mucha documentación sobre esa época. Y bueno, fueron un conjunto de cosas que me llevaron a pensar que era el libro que tenía que escribir.
—¿El amor y la guerra es lo que mueve el mundo?
—Yo creo que en tiempos de guerra aflora el amor. Parece un contrasentido, pero lo estamos viendo incluso estos días. Que en estas situaciones de crueldad extrema es cuando aflora el heroísmo, las buenas cualidades de la gente, esas personas individuales que se juegan la vida, y que no sabes muy bien por qué o para salvar a otros seres humanos a los que, a lo mejor, ni siquiera conocen. Pero también nos demuestran lo más terrible del ser humano. Ahora, como dice uno de los personajes de mi libro: «El hombre no es cruel, lo que es cruel es el sistema». En todos los bandos hay luces y sombras, buenos y malos, y yo tengo muy claro que las sombras están en las cúpulas, en esas personas que deciden que generaciones enteras de jóvenes formen parte de una lucha que, a lo mejor, ni siquiera saben de qué va. Y, los otros, son todo víctimas.
—En la obra hay un personaje que dice: «Entre tanta medicina inútil, a ver si descubren una pastilla contra el fanatismo»...
—La ideología llevada al extremo quita el rostro al enemigo, se convierte en algo a batir. No son seres humanos los que tienes delante. Son objetivos. Pero esa es la gran labor destructora de las ideologías. Y es lo que intentan siempre inyectar en las venas de sus soldados: el fanatismo, la ceguera. Los que se atreven a disentir también se convierten en víctimas. En el libro hablo de una guerra de hace 70 años, pero lo seguimos viendo en Europa. En nuestras propias fronteras se están viendo estos hechos terribles. Y la verdad es que no aprendemos. Seguimos siendo tan hijos de puta como lo éramos entonces.
—¿Por qué dices que tu familia ha estado muy marcada por la Guerra Civil?
—Para empezar mi padre no hablaba jamás de la guerra. Él estuvo los tres años que duró la Guerra Civil preso en la prisión Modelo, condenado a muerte. Todos los días no sabía si lo iban a ejecutar. Por la mañana leían el papel de los que iban a ser fusilados ese día y él descansaba cuando llegaban a la letra E, no aparecía y pasaban de letra, porque sabía que tenía 24 horas más de vida. Mis tíos también sufrieron todos distintas represalias, incluso mi abuelo, porque mi familia es gallega, pero a él lo habían destinado como juez a Barcelona, y también se pasó unas semanas en prisión. Y por parte materna, el único hermano de mi madre murió en el frente de Stalingrado, era voluntario de la División Azul, y murió con 19 años. O sea, que por los dos lados de mi familia, sufrieron, vivieron, padecieron e intervinieron activamente en la Guerra Civil. Y todas las conversaciones de mi infancia empezaban igual: «Esto antes de la guerra... esto después de la guerra... esto durante la guerra...». La palabra «guerra» se repetía continuamente.Yo tengo muchos recuerdos familiares, no porque me los contara mi padre, sino mis tías. Y luego, cuando murieron mis padres heredamos las cartas que se habían intercambiado, documentos... tengo la fotografía de mi tío Miguel donde teóricamente está enterrado en Rusia, aunque probablemente no esté allí...
—Tu padre era gallego, de Monforte, ¿no?
—Sí, la verdad es que siempre voy allí a presentar mis libros. Además, los lectores me dicen: «Oye, yo no sé cómo te las ingenias, pero por A o por B siempre sale algún gallego, aunque casi todos los libros transcurren en Barcelona». Yo no me había dado cuenta. Y es cierto, en este libro también salen un par de gallegos. Estoy muy vinculada a Galicia. Tengo una casa allí. Los primos hemos heredado en Belesar el pazo de Fraguas, un pazo muy bonito. Bueno, somos 34 primos hermanos, o sea que, entenderás también que me toca un ladrillo [se ríe]. Pero sí, seguimos teniendo mucha vinculación. Mis primos van todos los veranos y yo siempre intento ir también, porque mi padre murió en Galicia y sus cenizas están allí. Siempre digo que soy medio gallega. He nacido en Barcelona, mi madre era catalana, pero yo me siento también gallega. En las reuniones familiares siempre acabamos cantando la Rianxeira.
—Una de tus grandes obras es «Mi color favorito es verte» en la que escribes sobre un amor autobiográfico. ¿Eres una mujer de grandes pasiones?
—Sí, la verdad es que sí. Soy muy enamoradiza desde que era muy pequeña. Me acuerdo de primer amor, debía de tener 7 años. Recuerdo su nombre, el apellido, cómo era... Él era muy mayor. Debía de tener 11 años o así. Y luego, he tenido un matrimonio largo y feliz, eso también es verdad. Soy viuda desde hace años.
—¿Es verdad que te separaste de tu marido y que te volviste a casar con él?
—Sí, sí. Llevábamos muchos años casados, nos separamos por nada, pensábamos que había llegado el momento de separar nuestras vidas, pero luego cuando enfermó nos volvimos a casar y cuando se murió estábamos casados.
—En esa obra también hablas del derecho de las mujeres a vivir un amor apasionado a los 60 años...
—La verdad es que yo era bastante ligona en esa época también. Quiero decir que no estaba en esa etapa de decir: «Bueno, yo ya no intereso a nadie y me voy a poner a hacer pasteles para mis nietos». Y me siento absolutamente viva, tengo las mismas ilusiones y la misma curiosidad que tenía cuando era joven. Estoy segura de que el día que pierda la curiosidad, me moriré. Estoy haciendo exactamente lo mismo que cuando tenía 20 o incluso más. Porque yo a los 20 años estuve muy enferma. A mí me falta el pulmón izquierdo. Hasta saber la enfermedad que tenía, estuve muchos años encontrándome muy mal, muy cansada. Y cuando me detectaron la enfermedad, estuve dos años recuperándome y luego me operaron. En mi juventud, que la gente la recuerda como muy vital, pues yo siempre estaba cansada y me encontraba mal. Y ahora estoy tan satisfecha, porque puedo apreciar lo que es encontrarse bien. Me encuentro mucho mejor que cuando era joven.
—¿Y cuántos años tienes?
—Nací en 1951. ¿Sabes que eres la primera periodista que me pregunta cuántos años tengo? [Se ríe]
—¿Alguna vez te has sentido relegada en la profesión por tener una cierta edad?
—No, la verdad es que no. Yo no he dejado de trabajar nunca. Hace casi 50 años que soy periodista en activo, he escrito 23 libros... es decir, no he conocido ningún bache profesional. He trabajado en programas y en las revistas más relevantes, otras menos, pero nunca he dejado de trabajar.
—Comentaste en YouTube el hecho de que Julio Iglesias siga sin aparecer después de que se le homenajeara por su 80 cumpleaños... ¿Tienes alguna información?
—No, la verdad es que no y por eso, precisamente, me extraña. No manejo información privilegiada ni nadie me ha dicho nada sotto voce. Al contrario, hace un par de meses me llamó un amigo suyo, que también es mío, y me dijo: «Oye, que sepas que Julio está muy bien y que está preparando sus memorias...». Bueno, el mantra de siempre. Pero a mí me extrañó que, habiéndole preparado varios homenajes en distintos puntos de España, que él no quisiera participar en ninguno. Hace cuatro años que no canta, siete que no saca ningún disco y nueve que no viene a España... No hay ninguna imagen de él de estos últimos cuatro años, no ha dado entrevistas... Entonces, yo me planteo estas cosas. No es que tenga información ni ponga la sospecha. Me extraña que a una persona a la que le gusta mucho la comunicación, como le gusta a él, que le encanta hablar con periodistas, es una persona muy sociable, que esté tan aislado, sin dar señales de vida. No sé. Los que le admiramos desde hace tantos años sentimos un poco que somos de su familia también. Nos gustaría saber. Aunque claro, él tiene derecho a su intimidad y a no explicar lo que le pasa, si es que le pasa algo. Que, a lo mejor, no le pasa nada y está fenomenal. Y, ¡qué bien! Porque le tengo una gran admiración y un gran cariño.
—¿Lo has conocido personalmente?
—Sí, lo he conocido y es una persona estupenda. Es inteligente, considerado, amable, cariñoso, tiene una conversación interesante... Puedo dar fe que es un tío estupendo, muy inteligente, que está al tanto de todo y un gran artista.
—En estos 50 años de trayectoria, habrás vivido momentos muy duros...
—He tenido de todo. He trabajado en sitios que no me han gustado, he tenido jefes detestables... Pero si ahora echo la vista atrás, lo que veo es positivo porque todo me ha servido para ser la persona que soy ahora. He tenido y tengo una vida muy interesante y he conocido a gente muy interesante también, he hecho muchas cosas, y pienso seguir haciéndolas porque seguiré trabajando y dando guerra mucho tiempo. La verdad es que el balance es positivo.