Krasznahorkai, el nobel de literatura detrás de los guiones más radicales del cine de autor

Adrián García Seoane REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Fotograma de «Sátántangó»,  adaptación de «Tango satánico». La obra de Béla Tarr ha ido de la mano de la de Krasznahorkai desde que ambos empezaron a colaborar en 1988.
Fotograma de «Sátántangó», adaptación de «Tango satánico». La obra de Béla Tarr ha ido de la mano de la de Krasznahorkai desde que ambos empezaron a colaborar en 1988.

El escritor húngaro ha colaborado con el realizador Béla Tarr en la adaptación a la gran pantalla de dos de sus novelas y ha dejado su sello en otras tres películas

11 oct 2025 . Actualizado a las 17:16 h.

En la atmósfera opresiva que inunda cada uno de los larguísimos e hipnóticos planos secuencia de las películas de Béla Tarr (Pécs, Hungría, 1955) resuena una voz que no proviene del celuloide, sino del verbo, de una palabra escrita que monologa consigo misma acerca de la desesperanza y lo absurdo. Esa voz es la del último premio nobel de literatura, el también húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 1954), quien con su prosa densa y vertiginosa, en la que una única frase puede extenderse durante páginas, ha contribuido a construir algunas de las propuestas más radicales del cine contemporáneo.

La colaboración entre Tarr y Krasznahorkai comenzó en 1988 con La condena, un drama existencialista ambientado en una sórdida población minera que puso al cine húngaro en el punto de mira mundial y con el que el literato se estrenó como guionista. Una prolífica alianza fílmico-literaria que se extendió durante casi 25 años y que dio lugar a otras cuatro películas, dos de las cuales fueron adaptaciones de sendas novelas del propio autor.

La primera de ellas fue la monumental y desoladora Sátántangó (1994), basada en Tango satánico (1985), el debut literario de Krasznahorkai. Un pueblo aislado en una remota región rural, una cooperativa agrícola arruinada tras la caída del comunismo y unos personajes que han abandonado toda esperanza son los ingredientes con los que Tarr construye un relato en el que la forma lo es todo. Rodada en blanco y negro y narrada a través de larguísimos planos secuencia que se extienden durante más de siete horas, Sátántangó, al igual que la obra de Krasznahorkai, exige mucho al espectador, pero, a cambio, le devuelve una experiencia audiovisual única: la sensación de estar ante una obra irrepetible en la que el público siente en carne propia la densidad y el peso del mundo representado.

Una imagen de «Armonías de Werckmeister», inspirada en «Melancolía de la resistencia».
Una imagen de «Armonías de Werckmeister», inspirada en «Melancolía de la resistencia».

Seis años después llegó Armonías de Werckmeister (2000), inspirada en Melancolía de la resistencia (1989), un filme que traduce en imágenes la complejidad narrativa de Krasznahorkai. Los largos párrafos de subordinadas imposibles se transforman de nuevo en planos secuencia — en ocasiones de hasta diez minutos— en los que la cámara baila entre unos personajes atribulados, sumidos en un mundo dominado por unas fuerzas totalitarias y desconocidas. Se logra así una ralentización del ritmo cinematográfico donde la cadencia de la imagen deviene en opresión: el tiempo pesa, fluye inevitablemente y arrastra al espectador consigo hacia el desarraigo.

El resultado de la siguiente colaboración entre ambos compatriotas fue El hombre de Londres (2007), un proyecto para el Krasznahorkai adaptó a la gran pantalla la novela homónima del escritor de novelas policíacas George Simenon. Nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, la película desafió las convenciones del cine de género al abordar con un trasfondo filosófico temas como la alienación o la decadencia moral del ser humano.

La última aportación de Krasznahorkai al séptimo arte fue El caballo de Turín (2011), testamento fílmico de Tarr inspirado en un episodio de la vida de Nietzsche en el que el escritor colaboró de nuevo en el guion. La cinta obtuvo el aplauso de la crítica y el Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín, tras lo cual Tarr anunció su retirada del cine.