Marc Colell, escritor: «No existe la ficción "pura" porque no podemos escribir alejados de lo que vivimos»
CULTURA
El catalán ofrecerá este fin de semana dos encuentros con el público asturiano para presentar «Las crines», su nueva novela
05 feb 2026 . Actualizado a las 08:56 h.«Las crines», la nueva novela del escritor catalán Marc Colell, llega ahora a las librerías de la mano de la editorial Siruela. La obra narra el doble viaje de su protagonista hacia el corazón de la pampa argentina y, al mismo tiempo, hacia el interior de sí mismo, y le valió a este profesor de secundaria el Premio de Novela Café Gijón 2025. Actualmente, el autor se encuentra inmerso en una gira de presentación por toda España. Hará parada en Asturias, donde mantendrá dos encuentros con el público. El primero se celebrará este sábado, 7 de febrero, a las 19:00 horas en el Patio del Centro de Cultura Antiguo, en Gijón, y el segundo, el domingo a las 12.00 horas en la librería Matadero Uno, en Oviedo.
—¿Qué te llevó a escribir Las crines?
—Desconozco qué me lleva exactamente a escribir cada libro, cada historia, esta, la de Las crines, o cualquier otra. Es una pulsión que se presenta como una necesidad, como si algo que permanecía oculto reclamara su lugar, la forma de un texto, de unas palabras. No intento saberlo, además. Acepto, de algún modo, esa necesidad.
—¿Por qué elegiste la pampa argentina para ambientar la historia?
—Se trata de un territorio que tengo la suerte de conocer y de amar. Creo que en la novela rindo un homenaje a su belleza, a su fauna, a sus atardeceres, a su vida. Pero también y, sobre todo, lo tomo como un territorio sentimental, plagado de emociones, de lazos personales, de familia, de amigos. Un territorio puede servir como marco en una narración y siempre determina las relaciones entre las personas y su modo de vida.
—¿Cuánto de lo que narras en esta novela está inspirado en experiencias reales o personales?
—Todo lo que escribimos parte de uno, por supuesto. No podemos escribir alejados de lo que vivimos, de nuestra experiencia como sujetos. No existe, en ese sentido, la ficción «pura». Otra cosa es ese debate, a menudo estéril, sobre lo que suelen llamar «autoficción». Saer hablaba en la introducción a El río sin orillas de «ficción voluntaria». Si me mantengo en esos términos saerianos, podría afirmar que sí, que lo que yo quise fue inventar.
—¿Te reconoces en alguno de los personajes?
—En todos. Los lectores suelen relacionarte con los personajes que más se parecen a ti por atributos exteriores, de apariencia, y fácilmente reconocibles como la edad o el género. Pero en realidad estoy en todos, en Carlota, la protagonista de 13 años de Reino vegetal, en Calesita, el protagonista de Las crines, y en cada uno de los personajes secundarios que van apareciendo y lo acompañan durante esas semanas.
—¿Qué fue lo más difícil de escribir en Las crines?
—Lo más difícil fue callar, no decir, ajustarme a la necesidad del relato, de la mirada del protagonista, de sus descubrimientos. No sé si lo conseguí, pero quise escribir un libro en el que podían faltar cosas, palabras, pero no debía sobrar nada. Me gusta que el lector reconozca esos espacios no dichos, no nombrados, y los pueda reconstruir, a partir de la lectura, con la imaginación. Quise ocultar las herramientas técnicas, narrativas, y ofrecer una prosa desnuda y con apariencia delicada.
—¿Por qué esa necesidad de abordar la soledad?
—Me interesa mucho la mirada de personajes periféricos, que contemplan las distintas realidades (familia, sociedad) desde una perspectiva lateral, que mantienen de algún modo la duda, la incomprensión, y la sorpresa ante el mundo y su funcionamiento. Personajes que acarrean dificultades de vinculación, pero que la persiguen del modo que sea.
—¿Qué parte de la novela es tu favorita y por qué?
—Tal vez el gran asado que organiza uno de los personajes, el estanciero Urrutia. Me divertí escribiendo ese capítulo, narrando una situación más o menos disparatada, dando voz a personajes nuevos, frescos, y tratando de transmitir el color local, las familias comiendo un asado, el folklore, las brasas, la música, el mate, el vino, la reunión. Creo que el propio protagonista siente un gran bienestar en ese momento, un respiro, y se abre una brecha, precisamente, en esa soledad.
—Con esta obra ganaste el Premio Café Gijón 2025, ¿qué supuso para ti este reconocimiento, tanto a nivel personal como profesional?
—Supuso o está suponiendo, en primer lugar, una mayor visibilidad. El ejercicio de la escritura es, en sí mismo, silencioso y solitario, pero al mismo tiempo reclama su culminación en la lectura, en el encuentro final con los lectores. Por otro lado, formar parte de los premiados en este certamen supone para mí un enorme privilegio, un orgullo que valida tantos años de trabajo. El jurado del premio estaba compuesto, además, por escritores a los que llevo años leyendo y admirando. Por otro lado, el premio me ha permitido pasar a formar parte de Siruela, una editorial maravillosa.
—¿Qué papel crees que siguen teniendo hoy en día los premios literarios?
—Precisamente ese: facilitar la visibilidad, recibir una atención que de otro modo sería todavía más difícil alcanzar… Este premio, además, viene cargado con una dosis especial de prestigio. Un prestigio que va más allá de cada escritor y que se ha ido forjando con los años. Sólo espero corresponder con mi escritura, con mi esfuerzo, con mis libros futuros, con mis ganas de mejorar.
—En la presentación de tu novela en Oviedo y Gijón te vas a reencontrar con tu público asturiano, ¿qué significan para ti estos encuentros con los lectores?
—Es un placer completar tu obra con la mirada de los lectores, con su interpretación. Aparecen las personas, el cruce entre sus miradas con la tuya. Suelo recibir mucho cariño y respeto. Las interpretaciones de los textos me suelen sorprender y a veces van más allá, mucho más allá, de lo que yo mismo había pensado sobre ellos. Los libros reviven en cada lectura.
—¿Qué esperas que se lleven los lectores después de leer esta obra?
—Espero que sepan valorar o apreciar mi amor por esa tierra, por Argentina, por la pampa, por sus gentes. También mi amor por la literatura, por tratar de conseguir la verdad en las palabras, en el poder de la evocación.
—¿Qué viene después de Las crines? ¿Estás escribiendo algo nuevo?
—No sé qué vendrá, pero siempre estoy escribiendo. De una u otra forma, se trata de una actividad diaria, como un hábito o una necesidad. Pero no sé en qué forma definitiva, en qué libro, se va a plasmar mi trabajo. Estoy escribiendo una novela, pero a veces me detengo a escribir relatos. Son dos géneros a los que me enfrento con distinta actitud, dedicación o compromiso. Pero no puedo despegarme de esta actividad, oficio, o como quiera llamarse. Escribo lo mejor que puedo, me mantengo fiel a ese propósito, y los resultados ya llegarán.