Un cuento asturiano para hablar del alzhéimer con los más pequeños: «Es importante que los niños comprendan esta enfermedad»

Esther Rodríguez
Esther Rodríguez REDACCIÓN

CULTURA

La maestra asturiana Susana Ramos es la autora de este cuento infantil sobre el alzheimer
La maestra asturiana Susana Ramos es la autora de este cuento infantil sobre el alzheimer

La maestra gijonesa Susana Ramos ha escrito este libro infantil para abordar con los menores una realidad que no siempre resulta fácil de explicar.

07 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Más allá de entretener, los cuentos cumplen una amplia función pedagógica que permite contribuir al desarrollo integral de los niños. Su lectura favorece la ampliación del vocabulario, la adquisición de nuevos conocimientos, el desarrollo de la imaginación y el pensamiento crítico, así como la expresión y el reconocimiento de las emociones. Además, las historias que contienen transmiten valores y abren la puerta a conversar con los más pequeños sobre temas que pueden resultar difíciles de abordar. Consciente de que puede ser un buen recurso educativo, la maestra asturiana Susana Ramos ha publicado un libro infantil sobre el alzhéimer con el objetivo de ayudar a los menores a comprender esta enfermedad, cada vez más presente en muchas familias.

Lleva por título Cuando los recuerdos juegan al escondite y, con él, la también pedagoga pretende contribuir a normalizar este trastorno cerebral, degenerativo e irreversible, que está detrás de entre el 60% y el 80% de los casos de demencia en el mundo. Un cuento con el que aborda de una manera práctica y lúdica el deterioro cognitivo a través de Susi, una niña que ve cómo su abuelo comienza a olvidar pequeñas cosas que antes retenía con claridad y trata de encontrar una explicación a esos cambios. Esa pérdida de memoria, sumada a las dificultades para realizar las tareas más sencillas de la vida cotidiana, es una de las principales consecuencias de esta enfermedad, que afecta ya a cerca de 30.000 asturianos. Una cifra que va en aumento y que, por tanto, pone de manifiesto la necesidad de acercar esta realidad a los más pequeños.

Pero, más allá de ofrecer a los niños recursos para afrontar los cambios que esta enfermedad puede provocar en sus seres queridos, Susana escribió este libro, en realidad, para superar su propio duelo por quien, sin saberlo, terminó convirtiéndose en su mejor maestro. «Este cuento lleva más de una década guardado en un cajón. Fue mi forma de soltar el dolor que viví cuando perdí a mi abuelo Manuel, después de un proceso de alzhéimer. Nunca me había atrevido a enseñárselo a nadie, pero, con el paso de los años y al retomar mi vida como maestra, me di cuenta de que esta historia podía convertirse en una herramienta pedagógica muy buena para explicar a los niños algo que resulta difícil de entender», relata.

Escrito desde la mirada de la infancia, «llena de ternura, cariño y misterio», el cuento parte de su propia experiencia: de comprender el alzhéimer y de ver cómo, poco a poco, una persona puede llegar a olvidarse incluso de quién es a causa de la patología mental. «Tuve la suerte de acompañar a mi abuelo durante todo el proceso. Al principio estaba en un centro de día y, después, tuvimos que ingresarlo en una residencia porque la enfermedad había avanzado. Había pasado tanto tiempo con él que nos resultó muy difícil asumir cómo una persona como mi abuelo, que había sido siempre muy trabajador, activo y luchador, y que había tenido una infancia muy difícil, se iba convirtiendo en alguien cada vez más dependiente. Eso fue muy complicado», confiesa visiblemente emocionada.

Poner en palabras todo lo vivido junto a su abuelo fue, para Susana, un proceso sanador. «A la semana de perderlo, me puse con el ordenador para soltar ese dolor que sentía por no tenerlo ya conmigo. Lo hice también como una manera de rendirle homenaje, porque a veces esa enfermedad nos tiñe de oscuro los recuerdos bonitos que hemos tenido con esa persona», reconoce. De ahí que, a través de la metáfora del escondite, la maestra y pedagoga recree los cambios que experimentó su figura de referencia a medida que avanzaba la enfermedad y el papel que ella misma fue asumiendo a su lado. De ser la nieta cuidada durante su infancia y juventud pasó a convertirse «de manera natural» en cuidadora. Una experiencia que acerca a los más pequeños a través la protagonista del cuento.

A partir de su propia historia, recreada para hacerla más cercana al mundo infantil, la maestra asturiana ofrece un recurso para abordar con los más pequeños una realidad que no siempre resulta fácil de explicar. «Hablar de lo que ocurre siempre ayuda a los niños y a las niñas a comprender y acompañar procesos. Muchas veces consideramos que hay conversaciones que son tabúes o, por ánimo de proteger a la infancia, no somos conscientes de que ellos se empapan de mucho más de lo que parece. Entonces quizás lo importante sea bajar un poco el nivel o buscar de qué manera contarles cómo el alzhéimer puede cambiar la vida de un ser querido y hacerles partícipes, pero a su manera», asegura.

Otro de los propósitos que persigue con la publicación de este cuento es demostrar a los niños que, pese a que los pacientes pierdan la memoria y cambie su forma de actuar, eso no significa que hayan dejado de ser quienes son ni que desaparezcan los vínculos que han construido a lo largo de los años. Por eso, es importante seguir ofreciéndoles el mismo cariño que recibieron de ellos. «Aunque los recuerdos jueguen al escondite, siempre podemos ayudar a encontrarlos. Los recuerdos pueden aparecer detrás del olor a leña, de una canción o de una anécdota que recuerdas. Lo importante es estar siempre ahí, acompañando desde el amor, porque creo que es algo fundamental que tenemos que tener presente», señala. En realidad, el alzhéimer nunca borrará una vida compartida.

Con este libro infantil, ilustrado por Aroa Álvarez, la maestra asturiana buscar dar visibilidad a una enfermedad que afecta a más de un millón de españoles e indirectamente a cinco millones de familias. «Quiero también acompañar desde este cuento a todas esas personas que viven de cerca esta situación»,dice. Trata de ofrecer, a través de esta obra, un abrazo a quienes acompañan en el olvido, mientras invita a reflexionar sobre las enfermedades neurodegenerativas. Unas patologías que, además de a quienes reciben el diagnóstico, afecta de forma directa a su entorno más cercano. Es por este motivo que resulta «fundamental» fomentar una mirada más sensible y comprensiva hacia quienes conviven con ella.

Ahora que el cuento ha visto la luz, centra sus esfuerzos en dar a conocer este recurso educativo, pensado tanto para el ámbito doméstico como para las aulas. Ya ha programado varias presentaciones y sesiones de cuentacuentos, entre ellas una a mediados de octubre en La habitación propia y en Kawaii Café, ambos espacios situados en Gijón. El objetivo es que la historia llegue cada vez a más lectores y pueda servir como punto de partida para hablar sobre la enfermedad y la importancia de acompañar. «Lo que busco es que abra la puerta a una conversación sobre la vida y sobre los recuerdos bonitos que tenemos. Quiero también sacar una sonrisa en la última página, después de haber leído todo lo que cuenta», confiesa. Cuando los recuerdos juegan al escondite ya está disponible en grandes superficies comerciales y pequeñas librerías.

Dedica además parte de su tiempo a terminar el libro infantil que llevará por titulo El baúl del corazón, y que será también otra herramienta educativa. «Una de las dificultades que encuentro a diario en el aula es que a muchos peques les cuesta identificar y expresar sus emociones y sentimientos. De ahí nace la historia de una niña que va guardando todo lo que siente en el baúl de su corazón hasta que, en un momento determinado, ya no puede contenerlo y acaba desbordándose. Su madre decide entonces llevarla al «médico del corazón», un psicólogo que la ayudará a entender lo que le ocurre y a colocar cada emoción en su lugar. El objetivo es que, después de ese proceso, pueda volver a llenar su corazón de cosas bonitas», explica la docente, que aún así no cejará su empeño en acercar la vejez a las escuelas. «Es una etapa de la vida que los menores necesitan también conocer», manifiesta.