La tormenta Luis Enrique se acerca

El nuevo seleccionador llega avalado por su hoja de servicios en los banquillos al tiempo que suscita dudas por su facilidad para generar polémicas


De Luis Enrique se pueden decir muchas cosas, pero nunca que pasa inadvertido. Ese carácter, que le hace parecer permanentemente enfadado con el mundo y que le impide ser gracioso incluso cuando lo pretende, afortunadamente pocas veces, no le ayuda. Por contra, su hoja de servicios en los banquillos habla de un entrenador atrevido, que apuesta por un fútbol reconocible. Así llega a la selección española, aunque todavía no ha sido presentado. Pocos le discuten su capacidad, muchos temen que ese carácter difícil de modular mezcle mal con un cargo que requiere cintura.

El desafío

Un reto a su gusto. Hay una cosa que no se le puede cuestionar a Luis Enrique. Cuando se pronuncia sobre algo, lo hace sin ambages, con contundencia, sin medias tintas. Tres años atrás, cuando dirigía al Barcelona, le preguntaron en una rueda de prensa si le tentaba sentarse algún día en el banquillo de la selección. Respondió con un «sí me gustaría, mucho además». No hablaba por hablar. Cuando se le ha presentado la oportunidad, la ha cogido. Si fuese por dinero, podría haber optado por propuestas más ventajosas para su bolsillo.

El modelo

Valiente, no dogmático. Los equipos que ha dirigido Luis Enrique se han significado por desplegar un fútbol valiente, pero no dogmático, porque no ha dudado en introducir matices para exprimir el potencial de sus plantillas. En el Celta le costó encontrar la tecla, pero dio con ella. Supo frenar la sangría defensiva de las primeras jornadas a la par que el equipo fue ganando solidez en ataque. En el Barça, tras la incorporación de Neymar y Luis Suárez, buscó un fútbol de posesiones no tan largas, más vertical, de transiciones más rápidas. En la selección tiene dónde elegir. Puede manejar más de un formato. Pero seguro que apostará por una presión adelantada, por un juego en el que no tenga cabida la especulación. También es de los que no tienen inconveniente en adaptar detalles en función de las características del rival.

Carácter

No se arruga ante las figuras. Luis Enrique tiene fama de que no se achica, tampoco ante las figuras. Ha echado más de un pulso y son más los jugadores que hablan bien de él que los que lo cuestionan. Incluso Totti, con quien las tuvo tiesas en la Roma. Los dos supieron reconducirse. Orellana, en el Celta, pasó de contar muy poco a convertirse en pieza maestra en el ataque. Nolito lo idolatra. Coincidieron en la cantera del Barça y reconoce que fue el técnico que le hizo ver lo importante que era para un futbolista cuidar la dieta. También se atrevió con Messi, y parece que esa batalla la perdió. Con el argentino nunca se sabe, está siempre rodeado de un halo de misterio. Lo que es seguro es que chocaron más de una vez.

Trabajo

Un apasionado del fútbol. Quienes han trabajado con el técnico asturiano, más allá de que les fuese mejor o peor, coinciden en significar que es un apasionado del fútbol, un entrenador incansable que cuida todos los aspectos. Concede una gran importancia a la preparación física. También a la psicología.

Ajeno a la diplomacia, poco cuidadoso en sus relaciones con el Real Madrid

El día que explicaron las nociones de diplomacia, Luis Enrique o bien no fue a clase o no prestó atención. Y, si interiorizó las explicaciones, rara vez les hace caso. Ha tenido encontronazos con periodistas en todos los clubes por los que ha pasado, se ha prodigado en contestaciones agrias rayanas con la mala educación. Da la impresión de que si pudiese prescindir de las ruedas de prensa lo haría, sin dudarlo. Pero ese es un frente que no puede soslayar. Si los resultados acompañan, todo le será más fácil. De lo contrario, habrá incendios sobre incendios.

Su falta de aprecio por el Real Madrid, nunca disimulado por él, tampoco le ayudará en su nueva etapa. «No me pronuncio sobre los valores del Madrid, soy más radical que Piqué», dijo en una ocasión. Reflexiones como esa propiciarán que los seguidores blancos estén muy pendientes de cada una de las convocatorias. Y los debates sobre por qué no lleva a tal o cual jugador estarán servidos.

Quienes mezclan política y deporte ya le han recordado algunas manifestaciones suyas, recientes: «En Cataluña están muy adelantados a lo que es España, en general. Son muy educados, muy respetuosos, muy trabajadores. Estoy muy contento, allí seguiré». Es otro frente abierto antes de empezar.

A mediados de la semana próxima, en día y hora todavía por confirmar, Luis Enrique se verá en el trance de volver a una rueda de prensa, la de su presentación. No será una cita más. Será una puesta de largo que probablemente dará unas cuantas pistas acerca del talante con el que llega el nuevo seleccionador, si el de siempre o con una versión suavizada, al menos para el punto de partida.

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