Tiger Woods gana el Masters de Augusta y aumenta su leyenda

Remontó 3 golpes de desventaja a Molinari y volvió a ganar un grande 11 años después del último


Tiger Woods es leyenda. Y no solo del golf. Cuando parecía ya un exjugador, destrozado por las lesiones que incluso le ponían en peligro para poder hacer una vida normal, sin dolor, el genio norteamericano ha resucitado para apuntarse su quinta chaqueta verde en el Masters de Augusta. Woods firmó otra memorable tarjeta en la jornada final (70 golpes), en la que se distinguió del resto manejando la presión, como solo hacen los grandes. A un golpe de la gloria se quedaron Dustin Johnson, Xander Schauffele y Brooks Koepka; y a dos Jason Day, Webb Simpson, Francesco Molinari y Tony Finau.

Tiger tuvo que remontar 3 hoyos de distancia con el italiano Francesco Molinari, y lo hizo a partir de hoyo 12, momento en el que el que parecía su mayor rival comenzó a derrumbarse. Woods firmó birdies en los hoyos 13, 15 y 16 y rompió la igualdad que hasta entonces parecía reinar en Augusta. Se creció en el momento justo, para dar el hachazo final.

Una victoria que quedará para los anales de la historia. Porque es su decimoquinto grande, el primero tras 11 años de sequía. Y lo hizo ante su público, sabedor de que todos le miraban. Pero la presión es el caviar de los grandes. Y quizás Woods sea uno de las mayores leyendas del deporte mundial. Nadie jugó mejor que él bajo presión y por ello fue justo ganador.

La presión de Tiger

Tiger Woods apeló a un viejo amuleto para volar sobre Augusta. Al igual que hiciera en el 2005, se enfundó un traje con cuello de tortuga, también como otros célebres campeones (Jimmy Demaret en 1947, Gary Player, Gay Brewer, Bob Goalby o Billy Casper).

Molinari comenzó mejor que sus rivales, sin hacer grandes alardes, simplemente asegurando el par del campo, y tras el hoyo 4 ya aventajaba en 3 golpes a sus más inmediatos adversarios. Una notable ventaja, más aún teniendo en cuenta que el 5 Woods lo fallaría por cuarto día consecutiva. Parecía el final de Tiger, pero el norteamericano se sacó de la chistera dos birdies (7 y 8), acompañado de un inesperado doble bogey del italiano, que mandó la bola al área de penalización en el hoyo 12.

En ese instante, con 6 por jugar, Woods y Molinari estaban empatados a golpes, al igual que Schauffele, y solo uno mejor que un gran número de competidores liderados por Day, Koepka, el español Rahm, Cantlay o Watson. Más abierto imposible.

Cantlay, un jugador sin apenas palmarés, estuvo cerca de protagonizar una gran sorpresa tras firmar un eagle en el 15, que le llegó situar en solitario en cabeza. Toda una proeza teniendo en cuenta que pasó el corte por los pelos, con +2 tras las dos primeras jornadas. Pero ahí es en donde se distingue los campeones de los jugadores del montón, el momento de gestionar la presión, y Cantlay acabó cediendo dos bogeys consecutivos que acabaron por sepultar sus opciones.

Los últimos hoyos fueron emocionantísimos. Llegó a haber un quíntuple empate en cabeza (Johnson, Schaffele, Koepka, Molinari y Woods) y dos más rezagados a un golpe (Day y Fowler). El italiano mandó la bola al agua en el 15 y se despidió de todas sus opciones. Solo había cometido un error en la 3 primeras jornadas y en la última cedió un inexplicable +2, quizás por la presión de jugar al lado de su ídolo. Woods, oliendo sangre, respondió con un birdie que le situó solo en cabeza, a falta de 3 hoyos.

Otro éxito en el 16 le dejó el Masters en el bolsillo, ya que pocos dudaban ya de que fuera a desperdiciar 2 golpes de ventaja. Fueron dos hoyos finales para el disfrute. Con Augusta entregado a su leyenda. Porque pasarán los años y todo el mundo recordará que fue en este Masters en donde Tiger recuperó sus garras.

Woods: «Este torneo ha sido tan importante para mí y mi familia que volver a ganar aquí es increíble»

«Esto es completamente irreal. Este torneo ha sido tan importante para mí y mi familia durante estos años que volver a ganar aquí es increíble. Además, ha habido tantos escenarios posibles al final, tantos jugadores jugando bien y con opciones de ganar. Ahora entendéis porque me estoy quedando calvo». Tiger Woods se mostró eufórico tras la consecución del título, en compañía de los suyos: «Tener aquí a mi madre y a mis hijos ha sido muy especial. El amor que me han dado mis hijos durante estos últimos años tan difíciles para mí ha supuesto un mundo. Ellos volaron a Escocia el verano pasado para ver la última jornada del British Open y no pude ganar. No quería que me vieran perder dos veces». «Los niños están empezando a entender lo que este deporte significa para mí y lo que he conseguido en este deporte. Durante algunos años veían que no era capaz de hacer un swing», manifestó el vencedor.

Woods se refirió también a los problemas físicos sufridos y cómo los superó. «Tuve dudas serias hace dos años, no podía sentarme, tumbarme, prácticamente nada. Me operé para poder tener una vida normal y fue después cuando me di cuenta de que de alguna manera podía coger un palo otra vez», relató. «Me he sentido tan preparado, sentía que estaba pegando a la bola como sé que puedo hacerlo, haciendo todas las cosas pequeñas bien. Esta semana ha encajado todo a la perfección», se felicitó tras su gran torneo.

Tiger Woods, la increíble caza del Oso Dorado

Paulo Alonso

Tiger sigue la titánica lucha por alcanzar los 18 «grand slams» de Nicklaus, que cerró su cuenta a los 46 años en Augusta

En el dormitorio del niño Eldrick Tont Woods (Cypress, California, 1975) un póster le recordaba cada día algunas de las barreras que había derribado Jack Nicklaus antes que ningún otro golfista. La lista de hazañas del gran dominador del golf durante los años 60 y 70 suponía una motivación. «Si puedo batir cada edad a la que él lo hizo, entonces tengo una oportunidad de ser el mejor», explicó hace cuatro años que pensaba de chaval. Entonces, cuando se refirió a la anécdota del póster, el Tigre había interrumpido la mítica caza del Oso Dorado, uno de los grandes pulsos intergeneracionales de la historia no ya del golf, sino del deporte. Uno había detenido la cuenta de grand slams en los 14 que alcanzó cuando ganó el US Open del 2008 a los 32 años; el otro había establecido su hito de 18 majors a los 46, con un epílogo maravilloso en Augusta con el que nadie contaba ya. Esa consecución de un imposible une ambos éxitos. El número 15 de Woods llegó después de una homérica pelea de amor propio para recuperarse después de un infierno de lesiones y operaciones de espalda y rodilla; el que cerró la cuenta de Nicklaus rompió una barrera no ya mental, sino biológica, la de los grandes éxitos pasados los 45 años. Después de la exhibición de los cuatro últimos días en el Masters, ¿alguien se atreve a dar por descartado que Tiger alcance a Nicklaus?

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